Foro Violencia Sexual Infantil | Testimonio contra un violador

Foro Violencia Sexual Infantil | Testimonio contra un violador

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En el foro de Violencia Sexual Infantil y Adolescente realizado en el Instituto MIA fue leída la experiencia de una sobreviviente de este tema. Espejo reproduce, con breves adecuaciones, los pormenores del caso relatado en voz de Priscila Salas, del colectivo “No se metan con nuestras hijas”.

Mi madre, hace unos 16 años, era una mujer que solía abrazar al alcohol más que a sus hijos.

No utilizo el término “era” porque esté muerta, sino porque, creo que todas las personas cambiamos para no ser las mismas. Me gusta utilizar ese término para creer que, al menos ahora, ya no es aquella sino otra.

Me gusta pensar que ya no es aquella mujer que olvidaba los cumpleaños de sus hijos, ni los amorataba hasta dejarlos sin caminar.

Me gusta pensar que ya no es aquella que, les rasga los uniformes de la escuela a sus hijos para que no asistan solo porque ella no tuvo la oportunidad de ir.

Me gusta pensarla como una mujer renovada que no les tira los dientes a sus hijos por verla “feo”, o que los patea en el suelo hasta verlos inconscientes, o que no los golpea con un cinturón hasta sangrar.

Me gusta verla en mi memoria, en mis falsos recuerdos, como la madre que ella siempre les contaba a los vecinos que era.

Me gusta pensarla también como aquella que no golpeaba a sus hijos con un sartén por haber “seducido a su esposo”, porque, cuando a mamá le conté que fue a los ocho años cuando empezó todo, que fue a esa edad, cuando su nuevo esposo tocó las entre piernas de sus hijas por primera vez, ella decidió negarlo.

Decidió fingir que no tenía orejas, ni boca, ni manos, ni piernas para ir a una Fiscalía.

Recogí kilos y kilos de valor, cosechados durante años, para contarle que cuando ella se iba, éramos las presas de un animal en celo.

Porque, cuando a los 13 años, ella lo defendió después de que le tiré media cara al hombre con una sartén por invadir por años nuestra casa construida con sábanas, para intentar violarnos, para convencernos de que no la quería a ella, sino a nosotros para ser sus esposas. A nosotras que simplemente queríamos usar un vestido rosa, comer mucho pastel, ir con la abuela y dejar de llorar.

ABANDONAR LA MANADA

Me gusta recordarla de esa manera falsa, porque a mí, que me partió el corazón abandonar a la manada, a la familia; porque los vecinos decían que no era posible que un hombre tan intachable hiciera algo tan indebido, que al contrario, debíamos agradecer que nos diera techo, casa o comida, porque ni siquiera era nuestro verdadero padre.

Así, si alguna chica que está oyendo mis palabras a través de Priscila, aquí sentada, representándome, y representando mi historia, les quiero decir lo siguiente:

Tener el valor para confrontar a quienes defienden a tu violador no es fácil. Yo lo sé. No es fácil sentirse como presa a diario. No es fácil tener que salir de casa antes de cumplir 15 años, por culpa de alguien que no respetó tu cuerpo.

No es un valor que se junta de la noche a la mañana, pero se puede.

Aún faltan muchas políticas que nos apoyen cuando denunciamos, cuando salimos siendo menores de edad de casa o cuando el propio agresor deja embarazada a su víctima.

ALZAR LA VOZ

Mientras tanto, nuestra voz en esta lucha, cuenta más de lo que ustedes creen. Denunciar a nuestro agresor, salir de la zona de violencia y pedir ayuda, son cosas que suenan fáciles, pero requieren mucha valentía, coraje y una gran determinación para dejar de ser presas.

En mi experiencia, si la denuncia contra su agresor no procede, como es común en cualquier rama de gobierno estatal, no importa, ya se ocuparán de eso en segundo término.

Lo primero es salir del lugar en el que están siendo violentadas, pedir una mano siempre para encontrar un refugio que puede ser o no temporal, para que su agresor no las encuentre y posteriormente, comprender que ustedes no son las culpables de su propia agresión.

Para finalizar, me gustaría resaltar la poca voluntad que existe en los institutos que deberían de ocuparse del bienestar de las mujeres violentadas, que están utilizando el dinero en eventos que no resuelven en nada la problemática de género aquí presentada.

Espero que este resumen de mi historia le haya servido a alguna hermana que está pasando por lo mismo, y se anime a alzar la voz.


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