Sinaloa requiere una estrategia para impulsar industria manufacturera | El análisis económico de Rafael Figueroa Elenes

Sinaloa requiere una estrategia para impulsar industria manufacturera | El análisis económico de Rafael Figueroa Elenes

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En México, en los últimos 20 años se ha dado un proceso de relocalización de la actividad manufacturera, concentrándose la mayor parte de ella en la Región del Bajío y el norte del país. Esta es producto de un proceso de planificación estratégica regional del que Sinaloa tiene mucho que aprender.

La mayor parte de las entidades federativas del país con una industria manufacturera relevante corresponden a la región del Bajío y al norte de México, con presencia todavía importante del sector en algunos estados del centro del país, que gradualmente han ido perdiendo peso a partir de un proceso de relocalización industrial a favor de las regiones en mención, inducido por el proceso de apertura comercial iniciado en la década de los ochentas del siglo anterior y consolidado en la década de los noventas.

Las cifras muestran que, mientras en 1980 el estado de México e Hidalgo figuraban en el grupo de las entidades en donde las manufacturas tenían más peso en los productos estatales, en los años recientes estas han cedido el paso a entidades como Aguascalientes, Guanajuato y San Luis Potosí, Baja California y Sonora, que en ese año no aparecían en las primeras posiciones.

Un análisis más reciente, para los últimos 15 años, revela que mientras en 2003 el grupo de entidades con mayor participación de las manufacturas en sus productos estatales lo encabezaban Coahuila (43.6%), Querétaro (29.3%) y Nuevo León (26.6%), en el 2017, las entidades líderes siguen siendo Coahuila (38.9%) y Querétaro (28.2%), pero ahora la tercera posición la ocupa Aguascalientes (27.7%).

Resulta conveniente señalar que en el grupo de las 12 primeras posiciones aparecen 5 entidades federativas ubicadas en el norte del país (Coahuila, Chihuahua, Baja California, Nuevo León y Sonora), 5 de la Región del Bajío (Querétaro, Aguascalientes, San Luis Potosí, Guanajuato y Jalisco) y 2 del centro del país (Puebla y Tlaxcala). Destacan los casos de Aguascalientes, que en el periodo mejoró 12 posiciones, Guanajuato que ganó 8, San Luis Potosí que ganó 5 y Chihuahua que mejoró 4 posiciones.

Para el mismo periodo, se observa que la aportación de las industrias manufactureras de las entidades federativas a la producción manufacturera nacional, tomada como la producción del sector por cada 100 mil habitantes, coloca en las primeras tres posiciones a Coahuila (10.8%), Nuevo León (7.8%) y Querétaro (7.5%). Resulta revelador que en las primeras 10 posiciones, la mitad corresponden a entidades del norte del país (Coahuila, Nuevo León, Sonora, Chihuahua y Baja California), mientras que el resto, son todas de la Región del Bajío (Querétaro, Aguascalientes, San Luis Potosí, Jalisco y Guanajuato).

Este comportamiento, en el caso de las entidades del norte del país, más específicamente las que comparten frontera con los Estados Unidos, principalmente obedece a que las actividades industriales de las entidades de esa región han aprovechado las ventajas que ofrece la situación geográfica de México al tener como vecino del norte al mercado más grande del mundo.

La ausencia de barreras comerciales y una inmejorable localización les ha permitido atraer inversiones extranjeras, las cuales se han traducido en posicionamientos industriales relevantes dentro de territorio mexicano. Las entidades del norte del país han basado su estrategia industrial en su favorable localización geográfica, por lo que la reducción en costos de transporte y la sencilla movilización hacia los Estados Unidos han constituido sus principales ventajas comparativas frente al resto de los estados mexicanos.

Pero en el caso de la región del Bajío hay mucho más de inducción en la promoción de los procesos de industrialización manufacturera, procesos de los cuales entidades como Sinaloa tienen mucho que aprender ya que esa región se ha enfocado en buena medida a seguir los nuevos paradigmas de la localización industrial y el cambio estructural.

En este territorio se ha creado una integración regional a través de sistemas de planeación estatal, los cuales se encuentran vinculados con el resto de las entidades federativas que conforman la región y asimismo, se ha dado una interacción constante entre los tres grandes actores del sistema económico, sector público, privado y académico. Todo de lo que nosotros adolecemos.

Son características de esa región, la gobernanza reflejada en los acuerdos entre actores y organizaciones clave de la región, lo que garantiza la continuidad de los proyectos.

Además, la existencia de un sistema institucional y una red territorial productiva que agrupa empresas, centros de investigación e Instituciones de Educación Superior, son también elementos que explican el éxito de esta región, la existencia de Sistemas de Planeación Estatal alineados con los propósitos comunes de la integración y la implementación de un modelo de desarrollo regional que está basado en un sistema de información compartido, en un fideicomiso para el desarrollo de la región y en un programa de desarrollo regional.

Con el propósito muy claro de construir una visión regional compartida por las entidades de la región, en el Bajío se dieron a la tarea de diseñar una estrategia integral para el desarrollo de la región en la que comparten cultura, conocimientos y tecnologías.

Se trataba de asegurar un crecimiento económico sostenido basándose en el dinamismo de sus ventajas locales, cambiando la jerarquía manufacturera de las entidades, ligándolas a la economía global a través de mecanismos como el comercio, la exportación, la inversión extranjera y las empresas transnacionales.

Sinaloa que tiene como vecinos a Sonora, Baja California y Chihuahua y, el vínculo con los estados industrializados del Corredor del Norte, ¿no debería plantearse la tarea de diseñar una estrategia integral de desarrollo regional que encamine a la entidad hacia un mejor posicionamiento en el ámbito manufacturero en términos de estructura y de mayor aportación a la producción manufacturera nacional, de manera que se refleje en una mayor complejidad de las actividades productivas y que a su vez se manifieste en una mayor competitividad y en mayores salarios para los trabajadores?

Pero además, el Centro de Estudios sobre el Desarrollo Económico Local (CEDEL) ha identificado que, en el periodo, los procesos de industrialización manufacturera en las entidades federativas del país han estado ligados al comportamiento de variables tales como la dotación de infraestructura, la inversión extranjera directa (IED), el nivel de innovación y el estado de derecho.

Es decir, las entidades federativas en donde existen mejores condiciones para el desarrollo de procesos de industrialización, son aquellas que cuentan con una mayor dotación de infraestructura, reciben mayor cantidad de IED, ocupan lugares relevantes en la generación de procesos de innovación y prevalece en ellas el estado de derecho.

En referencia a la situación de Sinaloa en el conjunto de variables señaladas, se observa que en cuanto a infraestructura productiva cuenta con una dotación aceptable (posición 9 en el ranking nacional), pero en captación de IED muestra un evidente rezago ya que representa apenas el 0.82 por ciento de la IED nacional (posición 26 en el ranking nacional). Por su parte, en la variable innovación, Sinaloa también acusa un retraso importante. Aunque de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) la variable está formada por nueve índices, tomamos de ellos las tres categorías más importantes para ubicar la posición de la entidad: empresas e instituciones científicas y tecnológicas, PIB industrial especializado y, crecimiento del PIB de servicios especializados. En la primera, empresas e instituciones científicas y tecnológicas dedicadas a la investigación y el desarrollo tecnológico, Sinaloa ocupa la posición 25 en el plano nacional. En la segunda, PIB industrial especializado (producción de manufacturas con alto contenido tecnológico) se ubica también en la posición 25 en el ámbito nacional y en la tercera, PIB de servicios especializados (PIB generado por los sectores servicios financieros y de seguros, servicios profesionales, científicos y técnicos y corporativos), Sinaloa se ubica en el puesto 12 en el ranking nacional. Finalmente, en la variable estado de derecho, que es una condición necesaria que debe prevalecer en el ambiente socioeconómico para incentivar el desarrollo industrial en las entidades, nuestra entidad muestra malas calificaciones, en tanto se aprecia un rezago en la mayoría de los indicadores que componen esta variable, como son homicidios, secuestros e incidencia delictiva.

Por todo esto y dado que la industria manufacturera de Sinaloa se encuentra estancada, sin cambios trascendentes en los últimos 50 años, se hace necesario trazar una ruta estratégica para orientar la economía sinaloense hacia una mayor complejidad y competitividad industrial manufacturera, que pase por aprovechar con sentido estratégico las ventajas que ofrece el pertenecer a las regiones del noroeste y del corredor del norte, por atender el rezago en las variables clave que impulsan los procesos de industrialización y, pase también, por contemplar en la estrategia; la formación de capital humano orientado a los procesos de industrialización; por generar condiciones para atraer y retener talento; por promover la creación de laboratorios para la investigación básica y aplicada; por  desvincular el desarrollo industrial en la entidad de los vaivenes de las coyunturas políticas, creando un organismo para la promoción y desarrollo de la industria manufacturera, el cual trace y planifique un programa de largo plazo para este fin, sustentado en análisis económicos, técnicos, y financieros.

La estrategia debe contemplar también, la elaboración y puesta en operación de una Ley de Promoción Industrial cuyos objetivos sean promover el desarrollo industrial, la formación de sistemas productivos regionales, el mejoramiento de la capacitación de la mano de obra, la constante modernización tecnológica de la industria manufacturera, la mejora de la competitividad de las empresas a través del progreso técnico y, garantizar un fondo financiero permanente para este fin.

Es sobre la base de la implementación de una estrategia de industrialización manufacturera con estas características, que podrá construirse para Sinaloa un proceso de crecimiento sostenido, con una economía más diversificada y con actividades productivas de mayor complejidad y dinamismo, que permita escalar a mayores niveles de ingreso per cápita y de mayor bienestar social para la población sinaloense. 


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