Año nuevo, ¿borrón y cuenta nueva? | Tema de la semana

Año nuevo, ¿borrón y cuenta nueva? | Tema de la semana

A pesar de que el grave estado de violencia se respira en el día a día de los sinaloenses, el recuento estadístico anual diluye el problema. Si bien, la cifra de homicidios durante el 2018 fue la menor de los últimos 10 años, no hay que olvidar que Sinaloa acumula 11,349 asesinatos del 2011 a la fecha.

Ya es gris tradición el que los sinaloenses recibamos el año conscientes del riesgo que implica celebrar la noche vieja al aire libre ante la posibilidad de que una bala perdida acabe con la celebración y transforme la fiesta en tragedia.

Durante la víspera del 2020 este fue el caso de 5 familias a las que una bala caída del cielo les borró la sonrisa para dar paso al llanto, el coraje y la desesperación.

La situación nos recuerda a todos los sinaloenses nuestra vulnerabilidad ante la nula garantía que nos asegure que podamos vivir un día más sin que nuestras familias sean, de una u otra forma, afectadas por la violencia. Y peor, que el sufrimiento y el dolor sean traducidos a un frío número más en las estadísticas.

En este sentido, el inicio de un nuevo año nos invita a reflexionar sobre lo sucedido en los últimos 12 meses en los que, en el tema de la seguridad pública, las autoridades hablan de resultados al indicar que con tan solo 935 casos, el 2019 registró el menor número de homicidios de los últimos 10 años en Sinaloa.

Por su parte, en el tema de la violencia de género, se destacó que Sinaloa muestra una tendencia a la baja en feminicidios desde el 2017, cuando se presentaron un total de 86 casos. Así, en la frialdad de la estadística, el 2019 fue un año excelente si se compara con el 2017, y mostró una leve mejoría en comparación con el 2018, cuando se asesinaron un total de 49 mujeres.

Pero si decidimos abrir la toma y no enfocar solo el detalle, podemos contar que en Sinaloa desde el 2011 han sido asesinadas 11,349 personas y que, durante los últimos 4 años han ocurrido un total de 257 feminicidios.

Esto sin olvidar que cada uno de estos casos deja un vació irreparable en sus familias, tal vez hijos huérfanos y padres desconsolados;  heridas que al no ser cicatrizadas con justicia, siguen abiertas abonando al dolor y la descomposición social que, a pesar de disminuir en cantidad, siguen afectando la calidad de las relaciones humanas en nuestras sociedades.

Es comprensible que, a nivel institucional, funcionarios de todas las áreas están instruidos en la entrega de resultados y para estos efectos el análisis estadístico ofrece un amplio margen de flexibilidad para hablar en uno u otro sentido. Si bien puede alegarse que las cifras son frías y objetivas, también hay que decir que con estas se puede abonar a diluir el problema, sentir que ‘las cosas van mejorando’ y seguir con nuestras vidas.

Es en este sentido que, como ciudadanos y parte de una sociedad lastimada por hechos como el fatídico jueves negro y las numerosas desapariciones de jóvenes durante los últimos meses, podríamos comenzar a pensar el fenómeno de la violencia desde una perspectiva diferente: más allá de la exigencia a las autoridades, con una visión histórica y amplia del problema que no haga borrón y cuenta nueva año con año y que tenga presentes los factores sociales, económicos y legales que no abonan a la construcción de una sociedad de paz.

Hace falta también educarnos en el autocuidado, la prevención y los protocolos de seguridad y tener en claro que una solución de raíz solo podrá llegar si es acompañada paso a paso por la exigencia y el trabajo organizado de la sociedad.

La realidad así lo exige.


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