Historias de Histeria | ‘Lo voy a querer todo’

Historias de Histeria | ‘Lo voy a querer todo’

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Parecía un viernes cualquiera en la tienda de cosméticos que atienden Javier y Alicia. Ya pasaban de las tres de la tarde y el día no podía ser más largo y aburrido para ambos estilistas, que se habían cansado de acomodar y reacomodar la sección de labiales para hacerlo más atractivo y que sus clientas de siempre no terminaran dejando un desorden cuando llegaran a buscar los pintabocas más vendidos del lugar.

Entre bromas y juegos se dieron las cinco de la tarde y el momento de cerrar el local parecía cada vez más cercano, el mes de agosto no fue precisamente el mejor mes para las ventas, ya que “todo mundo” estaba muy gastado con las compras de regreso a clases, así que la mayor parte del día los dos encargados del comercio se la pasaban platicando y revisando cuentas de Instagram desde sus móviles.

Ya faltaba una hora para cerrar cuando justo al frente del local se detuvo una camioneta enorme, plateada y brillante, muy imponente. Alicia se quedó contemplando el auto que duró unos momentos parado sin que nadie bajase. Luego se abrió una puerta y se pudo ver saltando, casi como una pequeña gimnasta rusa, a una diminuta mujer de tez blanca y cabello castaño. Acto seguido la chica bajó un portabebés enorme de la parte de atrás y se dispuso a entrar a la tienda de maquillaje.

En cuanto entró a la tienda, subió con todas su fuerzas al bebé en el mostrador y se dispuso a recorrer toda la tienda. Inmediatamente Javier se fue atrás de ella, para acompañarla y asesorarla con algunas marcas que acababan de llegar al establecimiento y que están muy de moda en Estados Unidos.

Se trataba de una mujer de estatura pequeña pero muy bella, ojos color miel y labios rosados, muy delgada y de caderas pronunciadas. La chica se mostró muy atenta a las instrucciones que el joven le brindaba sobre una paleta de la línea Morphe. La chica parecía muy interesada y tomó del estante casi toda la línea de ese maquillaje, siguió recorriendo la tienda y entonces le preguntó a Javier:

—¿Cuáles son las más caras?

Javier la llevó a una sección apartada del resto, con muy pocas muestras y precios más elevados. La mujer comenzó a tomar productos sin ver y los iba poniendo en el mostrador principal donde se encontraba el bebé que venía con ella. Siguió viendo algunas brochas y otros productos de cuidado facial cuando de repente se estacionó al lado de la camioneta un auto pequeño, pero de apariencia aún más lujosa.

Del auto bajó con mucha prisa un hombre alto y muy apuesto, pero con un rostro muy enfadado. Entró con furia al establecimiento y sin preguntar tomó a la clienta del día por el cabello.

—¿Dónde te has metido? —le dijo entre dientes.

La mujer ya con intenciones de armar un escándalo comenzó a gritar, mientras el hombre la forcejeaba.

Entonces él le dijo ¡Vámonos!, pero ella se resistió.

Los jóvenes de la tienda se comenzaron a sentir muy incómodos, pero decidieron no entrometerse en la ya violenta discusión entre la pareja. El bebé comenzó a llorar de manera muy escandalosa y el momento no pudo ser más incómodo para todos.

Alicia decidió acercarse al joven para tranquilizarlo y decirle que ya estaban a punto de cerrar, puesto que ya eran casi las siete de la tarde. La empleada puso su mano en el hombro del enfurecido hombre, pero el joven reaccionó de manera agresiva, casi por instinto o por reflejo la empujó y ella terminó en el piso. Javier, el empleado que se encontraba del otro lado del pasillo, solo pudo ver la escena mientras entraba en pánico.

La clienta se puso aún más molesta y le dio una cachetada al hombre que fue a buscarla.

—Bueno, ya no puedo ni venir a comprar mis pinturas sin que me estén chingando… ¡Vámonos ya!

Apenada, la diminuta mujer ayudó a Alicia a levantarse del suelo, mientras se disculpaba.

—Guárdenme todo, mañana regreso, lo voy a querer todo —les dijo a los empleado mientras el hombre tomaba el portabebés y ambos salían de la tienda.

Los dos empleados se miraron a los ojos mientras la pareja se iba y Alicia comenzaba a llorar de la impotencia. Ella es algo sensible. Apenas y se fueron los jóvenes cerraron el establecimiento.

Al día siguiente era sábado y los chicos entraban más tarde a trabajar al local ubicado en Tierra Blanca. Como a eso de las doce comenzaban a acomodar todo el maquillaje que había quedado fuera de su lugar un día anterior, irónicamente, los chicos estaban bromeando del pleito de la pareja de un día antes, cuando otro lujoso automóvil se detuvo frente a los cristales de la tienda.

Del pequeño auto blanco se bajó la misma joven chaparrita, esta vez con gafas oscuras y un atuendo más casual. La joven entró al local y saludó a Javier de manera afectiva, casi como si lo conociera.

—Lo voy a querer todo —le dijo la joven a Alicia, mientras trataba de poner su mejor cara.

Mientras pagaba, la chica volvió a disculparse con Alicia y le decía con algo de enojo:

—Eso me pasa por escaparme del ‘gorila’ de mi marido, no te cases joven, estás muy bonita.

La chica pagó los más de 8 mil pesos en maquillaje. Ya no ha vuelto a pararse por la tienda.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?


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