Integración regional y lazos migratorios en el noroeste | El análisis económico de Rafael Figueroa Elenes

Integración regional y lazos migratorios en el noroeste | El análisis económico de Rafael Figueroa Elenes

Sinaloa en el noroeste de México y el diseño de una estrategia de desarrollo regional integrado.

Los modelos econométricos aplicados al análisis del comportamiento de los ámbitos regionales, hacen uso del concepto de dependencia espacial para referirse a la presencia de factores que en determinadas áreas geográficas o espacios económicos, pudieran estar afectando el comportamiento de las variables económicas en otras áreas o sectores vecinos. Se hablaría entonces de la existencia de una suerte de contagio entre regiones o componentes de una región y, si los impactos se dieran en el mismo sentido, se estaría concretamente en presencia de una dependencia espacial positiva.

Por eso tiene sentido pensar que los procesos de integración regional resultan posibles no sólo entre países, sino también entre entidades federativas de un mismo país. Es decir, que se puede bien obtener ventaja no sólo de su proximidad geográfica, sino además de la posibilidad de apoyarse y de aprovechar el capital social, las instituciones, la estructura industrial y la cultura social que comparten.

Se habla de la existencia de un espacio local para el desarrollo, que constituye el conjunto de interdependencias productivas, socioculturales locales y microrregiones.

Se considera que aunque los procesos de liberalización económica y el sorprendente desarrollo de las comunicaciones tienden a facilitar la internacionalización de las economías, parece justificado esperar que la mayor parte de las relaciones económicas se siga produciendo entre agentes operativos dentro de los territorios nacionales, por lo que se esperaría la existencia de un mayor grado de interdependencia entre las economías regionales de un mismo país, que entre las economías nacionales de países más o menos integrados.

Se ha encontrado, por ejemplo, que el comercio interregional entre los cuatro estados integrantes del Midwest (Indiana, Michigan, Ohio y Wisconsin) alcanzó en 1995 la increíble cifra de 73.1 billones de dólares frente a los apenas 13.18 billones de dólares alcanzados por todo el comercio internacional de dichos estados con el resto del mundo. Existen estudios que revelan una estimación en el sentido de que el comercio interprovincial dentro de Canadá llega a ser veinte veces mayor que el que dicha nación mantiene con las zonas de los Estados Unidos que se encuentran en un radio de proximidad geográfica equivalente. Otros, dan cuenta de la importancia de las relaciones comerciales establecidas entre la región norte de Portugal y la región sur de Galicia (España), mismas que se derivan de la complementariedad de sus estructuras productivas.

En China se puede encontrar también un ejemplo del interés por conformar regiones a partir de la cooperación entre entidades o municipios nacionales. En Chongqing, la más joven y más grande municipalidad autónoma de China, localizada en el sudoeste del país en la cuenca del río Yangtsé, se ha desarrollado una de las más importantes iniciativas chinas para acelerar el desarrollo económico de las regiones central y occidental del país. En esta región, conformada por seis provincias del Suroeste de China, incluyendo Chongqing, Sichuan, Yunnan, Guizhou, Guangxi y el Tíbet, se acordó establecer acuerdos de colaboración económica para promover a las seis provincias y sus municipios en el campo científico económico y social integral, coordinando el desarrollo sostenible, y promoviendo el proceso de integración económica regional para constituirse en una de las organizaciones regionales más importantes inter-provinciales de cooperación económica.

Son estas reflexiones y estas experiencias las que nos hacen considerar la conveniencia de diseñar una estrategia de desarrollo regional integrado para el noroeste de México (Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa) con el propósito de  conjuntar esfuerzos entre las entidades federativas de la región, para propiciar un mayor dinamismo económico derivado, entre otras razones; de la presencia de factores de complementariedad productiva y comercial; de la existencia de alianzas productivas, comerciales y tecnológicas que permitan abordar en mejores condiciones los mercados extra-regionales; de la planeación de una mayor promoción y concreción de inversiones; del aumento de las escalas de producción; de la ampliación y diversificación de las exportaciones; del aumento del comercio intrarregional; del diseño de políticas educativas estratégicas conjuntas; de la formación de cadenas productivas y; del aprovechamiento de otras potencialidades que ahora se estarían subutilizando de manera significativa. Se trata de crear las condiciones para el diseño y operación de un plan de desarrollo para la región que incluya los proyectos y los programas que resulten recomendables e identifiquen las estrategias alternativas de desarrollo regional que haya que impulsar, a fin de que resulten beneficiadas las distintas entidades que conforman la región.

En principio habría que reconocer que se trata de una región con un peso importante en el plano nacional, que está conformada por entidades con condiciones diferentes en los ámbitos económico y social y en la que Sinaloa aparece en desventaja en muchos de los indicadores, por lo que se esperaría que la concreción de una iniciativa como la aquí planteada, le generaría mayores beneficios que al resto de las entidades.

En el Noroeste de México viven 10 millones 309 mil 59 personas y representan poco más del 8 por ciento de la población nacional. Sinaloa, con sus 3 millones 156 mil 674 habitantes, representa el 30.6 por ciento de la población en la región y ocupa la segunda posición, detrás de Baja California, que aporta el 32.6 por ciento. El PIB regional representa el 9.6 por ciento del producto nacional y Sinaloa le aporta a la región el 23.2 por ciento, ocupando la tercera posición, solo por delante de Baja California Sur, que aporta el 10.2 por ciento. El PIB per cápita de Sinaloa (125,401 pesos) es el más bajo de la región, a tal grado que el PIB per cápita de BCS, el más alto del Noroeste, es prácticamente el doble. Para una mayor referencia, se observa que, con excepción de Sinaloa, el PIB per cápita del resto de las entidades de la región se ubica en el top 10 nacional, Baja California en la posición 10, Sonora en la 6 y Baja California Sur en la 4. Sinaloa ocupa el puesto 18.

En 2018, con respecto al 2017, la tasa de crecimiento del PIB regional fue de 3.4 por ciento, por encima del crecimiento del producto nacional que fue de 2.1. La economía sinaloense creció 2.7 por ciento, por encima de los crecimientos de las economías de Baja California y Sonora, pero muy lejos del crecimiento de Baja California Sur que fue de 17.2 por ciento. En los últimos 15 años, el crecimiento promedio anual de la región (2.9%) también superó al crecimiento promedio nacional (2.3%). En este periodo, Sinaloa con un crecimiento promedio anual de 2.6 por ciento, ocupó en la región la tercera posición, solo por delante de Baja California que creció 2.3. Otros indicadores económicos que revelan la debilidad de la economía sinaloense en comparación con las economías de la región, son la participación en las exportaciones de la región en donde Sinaloa ocupa la tercera posición, superando solo a Baja California Sur y, la participación en la Inversión Extranjera Directa del Noroeste, en la que Sinaloa tiene la participación más baja de todas las entidades de la región (10.2%).

También es importante saber que, en la región Noroeste, Sinaloa es la entidad con la mayor informalidad laboral, la menor productividad laboral y en la que se pagan los salarios más bajos, no solo de la región, sino del país. Además, en el ámbito social, es la entidad de la región con mayores niveles de pobreza y de pobreza extrema, con mayor rezago educativo y con los ingresos labores per cápita más bajos.

La posición poco favorable de nuestra entidad, de frente al resto de las entidades de la región, mucho tiene que ver con las características de su estructura productiva. Sinaloa es, en el Noroeste de México, la entidad en la que más peso tienen, en su PIB estatal (PIBE), las actividades primarias. Al mismo tiempo, es el estado en el que menos peso tienen las actividades secundarias y más peso tienen las actividades terciarias. En consecuencia, Sinaloa ocupa en la región, el primer lugar en empleo formal en la agricultura, el primer lugar de empleo formal en el sector comercio y el penúltimo lugar en empleo formal en el sector de la industria de la transformación. Penúltimo también es el lugar que tiene Sinaloa (delante de BCS) en cuanto al PIB en sectores de alto crecimiento (Baja California y Sonora que ocupan las posiciones 1 y 2 en la región, tienen las posiciones 5 y 14 en el país) y en la complejidad económica en sectores de innovación (Sonora y Baja California, las primeras posiciones en la región, ocupan las posiciones 4 y 6 en el plano nacional).

Un análisis de las principales ciudades de la región (Tijuana y las zonas metropolitanas de las capitales de las entidades federativas), tampoco favorece a nuestra entidad. Tijuana con cerca de 2 millones de habitantes y Mexicali con poco más de un millón, son las ciudades más grandes del Noroeste de México. Culiacán con sus 980 mil 918 habitantes ocupa la tercera posición, por delante de Hermosillo y la Paz. El PIB generado en la zona metropolitana de Culiacán es de 173 mmp y solo supera al de la Paz, que es de 76.8 mmp. El mayor PIB es el de Tijuana (427 mmp). En términos per cápita, Culiacán tiene el PIB más bajo de las ciudades de la región, mientras La Paz y Hermosillo muestran los PIB per cápita más altos.

En competitividad urbana, Culiacán ocupa en las ciudades de la región, la penúltima posición, solo por delante de la ciudad de Hermosillo.

Ciertamente el Noroeste como región se ha estudiado muchas veces y desde distintas perspectivas, pero nunca para plantearse la posibilidad de constituir una región con un plan de desarrollo propio, surgido de la voluntad política de las partes y diseñado para favorecer de manera conjunta los procesos de crecimiento y desarrollo de las entidades que la conforman. En refuerzo de esta iniciativa, es conveniente conocer acerca de la fortaleza de los fuertes lazos migratorios entre las entidades del Noroeste:

El CEDEL encontró hace algunos años, que en Baja California, poco más del 42 por ciento de su población total nació en otra entidad y que casi el 30 por ciento de esta población migrante es originaria de alguna entidad de la región. Más aún, el 64 por ciento son nacidos en Sinaloa. Pero la situación en Baja California Sur y Sonora es muy similar. En Baja California Sur, cerca del 40 por ciento de su población está formada por migrantes, en buena parte, el 30 por ciento, por personas nacidas en alguna entidad del Noroeste, principalmente de Sinaloa, cuya aportación es de casi 64 por ciento. En el caso de Sonora, el porcentaje que representa la población migrante (del total de su población) es menor al resto de las entidades, 16 por ciento, pero una mayor parte, el 45 por ciento, es originaria de la región Noroeste y un porcentaje también mayor, cerca del 78 por ciento, es de Sinaloa.

Como ha podido apreciarse, en el Noroeste de México, el mayor flujo de migrantes se da desde Sinaloa hacia el resto de las entidades de la región. Encontramos que en los últimos cinco años, la mayor parte de los sinaloenses han emigrado hacia Baja California (51 por ciento) y Sonora (32 por ciento). Encontramos también que la mayoría son mujeres, que cerca del 67 por ciento son jóvenes menores de 30 años y que más del 17 por ciento son personas con estudios técnicos o profesionales, destacando los que cuentan con licenciatura, ya que representan el 13 por ciento. Para ser más precisos, observamos que la mayor parte de nuestros jóvenes emigran a Baja California, que aquellos que poseen el grado de licenciatura emigran hacia Sonora (45 por ciento) y Baja california (30 por ciento), mientras que quienes cuentan con el grado de maestría lo hacen principalmente a Baja California (51 por ciento) y Baja California Sur (41 por ciento).

Finalmente lo que creemos es que la cooperación económica de un grupo de entidades federativas de un país, integradas en una región, puede generar condiciones para que las políticas públicas resulten de más fácil instrumentación, dada su proximidad geográfica y el hecho de compartir características socioeconómicas y culturales. En buena medida, las empresas de una región disponen de la misma fuerza laboral, compran y venden entre sí y acuden a los mismos intermediarios financieros. En tal sentido, el aumento en la calidad y cantidad de los recursos comunes utilizados por las empresas y el sector público, resultan benéficos para todos, siempre que exista conocimiento y conciencia de los niveles de interrelación de las partes (estados) y de la conveniencia de operar de manera integrada. Es decir, que el aprovechamiento de los recursos regionales y la coordinación de esfuerzos entre los agentes locales potencian las posibilidades reales para localizar alternativas que mejoren las condiciones de la región. Por eso, se trata de proponernos trabajar en una alternativa de desarrollo en la que Sinaloa puede y debe sacar provecho de la actividad manufacturera y de la condición de frontera con Estados Unidos de dos sus vecinos y de su vínculo con una de las entidades con mayor dinámica de crecimiento en los últimos años.

 

El Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes es economista, coordinador general del CEDEL, exdirector de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UAS y actualmente se desempeña como profesor e investigador de la UAdeO.


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