La magia de Quirino y su tercer desafío | El análisis de Alejandro Luna

La magia de Quirino y su tercer desafío | El análisis de Alejandro Luna

Para la mayoría de los sinaloenses Quirino Ordaz Coppel surgió de la nada. Antes de ser candidato a gobernador casi nadie sabía de él. No tenía una carrera política sobresaliente y salvo algunos puestos burocráticos en la administración de Jesús Aguilar, no aparecía en la percepción social de los sinaloenses. Sus estudios y la mayoría de sus empleos habían sido en la ciudad de México, por lo que muy pocos se explican cómo llegó a ser gobernador de Sinaloa.

Licenciado en derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México, con maestría en administración en administración pública por el INAP y diplomados en el ITAM y en la UNAM, trabajó al lado de Oscar Espinoza Villarreal en promoción social y como director general del DIF en el distrito federal y como director general de promoción de la secretaría de turismo. Después fue delegado de BANOBRAS en Sinaloa y luego le dedicaría más tiempo al negocio familiar como hotelero en Mazatlán.

Posteriormente se reincorporó a la administración pública como tesorero del ayuntamiento de Mazatlán y después en la administración de estatal de Jesús Aguilar Padilla, primero como su secretario particular, después como subsecretario de administración y finalmente como Secretario de Administración y Finanzas. Luego sería diputado federal por el octavo distrito por el Partido Verde Ecologista de México.

¿Pero cómo, con un desempeño meramente burocrático y una incipiente carrera política de solo una diputación –que no concluyó–, dejó en el camino a experimentados políticos de gran trayectoria como el senador Aarón Irízar, la senadora Diva Hadamira Gastélum o el senador Daniel Amador, del PRI, o a sus adversarios Martín Heredia –su antecesor en la diputación federal–, del PAN y Héctor Melesio Cuén Ojeda, del PAS?

¿La herencia de la vena política de su padre, don Quirino Ordaz Luna, ex alcalde Mazatleco, durante la administración estatal de Antonio Toledo Corro? ¿su desempeño eficaz y pragmático en la administración pública? ¿Su habilidad para las relaciones cultivadas en el Estado de México y el ITAM, que gobernaron el país en el sexenio anterior? ¿La influencia y la mediación de su ex jefe, Jesús Aguilar entre Mario López Valdez y Jesús Vizcarra Calderón para hacerlo candidato en la convergencia de intereses, entre un gobierno saliente desastroso y otro que podría llegar a buscar venganzas?

Ya sea por su habilidad y eficacia en el trabajo, sus relaciones políticas o las circunstancias coyunturales, hay quienes consideran que llegó a la candidatura prácticamente como un “acto de magia”, porque apareció de la nada, y más aún, porque casi duplicó la votación de su más cercano adversario, Héctor Melesio Cuén Ojeda, quien gozaba de una amplia popularidad.

Pero la magia de Quirino no se quedó ahí. A pesar de ser un gobernador de extracción priísta –llegó en una coalición del PRI con el PVEM–; de ser señalado como cercano al ex presidente Enrique Peña Nieto y su equipo itamita –y de que por ahí vendría su designación como candidato—, logró conectarse plenamente con el presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando todos apostaban a que tendrían una relación ríspida, al grado que el presidente lo convirtió en su hombre de mayor confianza en Sinaloa, por encima de sus propios compañeros morenistas, como el senador Rubén Rocha y el super delegado Jaime Montes. Otro acto de magia, por lo inesperado o inexplicable.

¿Qué hizo para ganarse al presidente? ¿Un compromiso político incondicional muy por encima de su filiación priísta aderezado con callos de hacha? ¿Una oferta de servirle con más eficiencia e incondiconalidad que ningún gobernador morenista? ¿Encabezar todas las iniciativas de su proyecto de la 4t? Lo que sea que le haya ofrecido funcionó y pronto Quirino sería el hombre de más confianza de AMLO en Sinaloa, a tal grado que hasta lo defendió de las críticas de sus propios compañeros morenistas en eventos públicos.

No cabe duda que Quirino es un hombre de retos y no cree en el destino. O más bien, cree que el destino hay que construirlo. En este proceso, se ha impuesto tres grandes desafíos. El primero, fue ser gobernador, cuando unos meses atrás la mayoría de los sinaloenses ni siquiera sabían de su existencia. Su segundo gran desafío fue ganarse la simpatía del presidente hasta convertirse en su hombre de confianza, aun cuando estaba señalado como “peñanietista” en Sinaloa, y su tercer gran desafío es poder nombrar a su sucesor en medio de la gran ola nacional de empoderamiento morenista.

El gobernador Quirino es un hombre de mucha intuición, eficaz en la administración, pragmático en la toma de decisiones y habilidoso para establecer relaciones, y aunque su carrera política propiamente apenas comienza, se ha revelado como todo un “animal político” que va por lo que quiere y confía en su habilidad para hacer que les cosas se le acomoden.

EN CONTRA

Su tercer gran reto definirá de qué está hecho. Tiene en contra que su partido, el PRI, está en la lona electoralmente. Su desprestigio es tal, tanto a nivel nacional como a nivel local, que hasta los propios priístas consideran poco menos que imposible volver a ganar la gubernatura. Sus estructuras están muy disminuidas y ya no tienen el control de los programas federales con que se apoyaban para aumentar su votación.

Tiene en contra la marcada tendencia de votación en favor de Morena que formó la ola que llevó a la presidencia de la república a López obrador y que hoy se apresta para ir por todas las gubernaturas, incluyendo la del estado de Sinaloa.

A FAVOR

Tiene a favor la imagen de ser el mejor gobernador de Mexico –según las encuestas publicadas recientemente—; el poder y los recursos del gobierno del estado y la más importante fuerza electoral organizada en “puro Sinaloa”, que no en igualada ningún partido político ni aspirante a la gubernatura. Y tiene, además, una excelente relación personal y de confianza con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

LA CIRCUNSTANCIA

Y, de manera circunstancial, podría intervenir a su favor la crisis política que enfrenta Morena a nivel nacional, con la existencia de dos presidentes y la agria disputa entre grupos por el control del partido, que se agrega, en Sinaloa, a las luchas intestinas locales entre sus tribus locales.

LA ESTRATEGIA

Las pugnas internas –locales y nacionales—de Morena permiten avizorar que, aunque todos los grupos se pusieran de acuerdo para apoyar a un candidato a gobernador ganador en Sinaloa, no sería un buen gobierno que contribuyera con el proyecto de la 4T, si sus pugnas internas de grupos empoderados del partido son llevadas al gobierno.

En cambio, si Quirino presenta buenas cuentas en su gobierno y mantiene su buena imagen comparativa nacional, se puede erigir en opción para opinar o proponer a un siguiente gobernante que garantice su misma línea y su compromiso con el proyecto presidencial, lo que le puede valer la opinión favorable del presidente o, al menos, que le permita entrar al juego democrático libremente con la posibilidad de ganar. En este sentido, buscaría presentarle al presidente una mejor opción que Morena, más eficiente, disciplinada y con mayor compromiso con su proyecto.

El gobernador sabe que no está en posibilidades de enfrentarse al presidente, pero sí de enfrentarse a Morena que, en Sinaloa, tiene una organización muy incipiente y altamente conflictiva y conflictuada, de tal suerte que, si el presidente no se mete en la elección para favorecer al candidato de Morena, los cartones podrían emparejarse entre la tendencia nacional morenista –pero ya sin López Obrador como candidato– y los resultados concretos de la obra del gobierno estatal. La magia de Quirino podría funcionar de nuevo y volver a sorprender.

HONESTIDAD Y EFICACIA

Tanto el presidente AMLO como el gobernador Quirino saben que un buen gobierno, de contenido social, para lograr la transformación que el presidente se propone, no es cuestión de ideología, sino de gobernar con honestidad y eficacia en un marco normativo que garantice la equidad y la justicia social.

Es decir, ya no es un asunto de partidos, sino de fuerzas dispuestas a colaborar con el proyecto de transformación social con eficiencia y compromiso, pues no le serviría de mucho al presidente un gobernador de izquierda, ideológicamente compatible él, pero con un equipo ingobernable, ineficiente y/o corrupto y altamente conflictivo. En suma, ya no le importa porqué partido lleguen los gobernadores, siempre y cuando estén dispuestos a hacer equipo y compromiso con él para el gran proyecto de transformación del país que se ha propuesto.

EL PARTIDO DE QUIRINO

Sin duda, definir bajo qué siglas pone a su candidato será un asunto importante que Quirino tendrá que resolver. Tratar de poner a su candidato en Morena, resulta muy complicado y hasta un contrasentido porque atraería y heredaría la ingobernabilidad a su pupilo, lo que sería complicarle la existencia y el gobierno, además de que Morena tiene sus propios aspirantes y difícilmente permitirían un candidato externo, por lo que una eventual alianza PRI-Morena no sería una buena opción para él, aunque lo fuera para el PRI en su afán de permanecer en el gobierno.

Por otra parte, tratar de ponerlo directamente bajo las siglas del PRI sería lo más viable, pero no necesariamente lo más conveniente. Aunque seguramente el PRI cedería a la propuesta el gobernador –sabe que no tiene fuerza para oponérsele–, el nivel de deterioro de la imagen del PRI sería una pesada carga que podría neutralizar la buena imagen de su gobierno y restarle votos a su candidato. Es la opción más segura pero no necesariamente la mejor.

En esa disyuntiva, bien podría optar por elegir otro partido, un partido emergente, como Redes Sociales Progresistas, de Elba Esther Gordillo, aliada de López Obrador en las elecciones del 2018, que estará ávido de candidatos a gobernador con posibilidades de ganar en el 2021 –al fin que los votos para ganar los pondría Quirino– para abonarle al proyecto de Marcelo Ebrard para el 2024.

Quirino sabe que Morena está en una ola triunfadora nacional y que irá por todo en el 2021, pero sabe también que, si el presidente no se le atraviesa en la elección, con “puro Sinaloa” y el partido que elija para registrar a su candidato, le puede ganar a Morena. La magia de Quirino para poner a su sucesor, a pesar de la ola triunfadora de Morena, estará en convencer al presidente de que su candidato es mejor para su proyecto de la 4T, o de que, al menos, le dé “piso parejo” y no se meta a favorecer al candidato morenista. Si el presidente no favorece al candidato de Morena, Quirino estará en vías de volver a hacer magia y cumplir su tercer gran desafío para la consolidación de una exitosa carrera política al trascender su sexenio.

¿Podrá Morena resolver sus conflictos internos, superar sus filias y fobias y postular a los candidatos mejor preparados, para convencer al presidente de que son la mejor opción para gobernar Sinaloa y para empujar su proyecto de la 4T?


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