Efecto ESPEJO | Detención de Emilio Lozoya, buena señal pero falta y faltan

Efecto ESPEJO | Detención de Emilio Lozoya, buena señal pero falta y faltan

A México la corrupción le cuesta entre el 5 y 10 del Producto Interno Bruto con las consecuencias que derivan como desconfianza de inversionistas y el impacto en los mercados del dinero.

La sociedad mexicana ha recibido con beneplácito la detención del ex director de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya Austin, al interpretarla como muestra irrefutable de que el presidente Andrés Manuel López Obrador va en serio en el combate a la corrupción, ese cáncer social que en décadas ha saqueado recursos públicos cuya inversión era apremiante en la atención de las más sentidas necesidades de la población.

Aquí y ahora la aplicación de la ley a ex servidores o funcionarios en activo debe convertirse en política de Estado que alcance a quienes evadieron la justicia y también a los que todavía creen que hay licencia para robar de las finanzas públicas. A aquellos que cometieron los desfalcos e igualmente a los que les dieron impunidad los debe alcanzar el marco legal, sin tráfico de influencias ni acuerdos que los exoneren de culpas.

De acuerdo a datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, a México la corrupción le cuesta entre el 5 y 10 del Producto Interno Bruto con las consecuencias que derivan como desconfianza de inversionistas y el impacto en los mercados del dinero, pero fundamentalmente se trata de la toma ilegal de recursos del gobierno que son etiquetados para programas de beneficio social.

Por estas y otras razones, el presidente López Obrador está obligado a extirpar ese carcinoma y sin demora tomar las decisiones pertinentes para bloquear toda metástasis en el actual Gobierno Federal. Es decir, perseguir y castigar a los corruptos de las anteriores administraciones públicas y al mismo tiempo ser riguroso con los integrantes de su equipo. Obras como el tren maya, el aeropuerto de Santa Lucía o el corredor comercial del Istmo son buen principio para sanear el sistema político y hacer que el dinero público alcance para más.

Es buena señal la detención de Emilio Lozoya, pero todavía no es tiempo de aplaudir. Como ciudadanos merecemos un plan integral, acciones estructuradas y la conducta del ejemplo en el combate a la corrupción. Falta que ver en qué acaba este caso en los tribunales, si se trata de la ley aplicada selectivamente y si AMLO logra extirpar de su gobierno ese cáncer que se multiplica cada vez que le quitan un tumor. Seguimos observando.

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