Solo una madre que perdió a sus hijos, puede entender el dolor de otra

Solo una madre que perdió a sus hijos, puede entender el dolor de otra

Mirna sigue en búsqueda, porque ella no entregó a su hijo, se lo arrebataron en medio de la llamada “guerra contra las drogas”, que tomó como víctimas a miles de hombres y mujeres que han sido asesinadas o desaparecidas en Sinaloa.

Agustina Ramírez era de Mocorito. Tuvo 13 hijos, pero 12 murieron. Los entregó a Benito Juárez para que pelearán cuando la Intervención Francesa. Mirna Nereyda Medina Quiñónez tuvo dos hijos, uno de ellos fue desaparecido y asesinado por un grupo criminal en la llamada “guerra contra las drogas”.

La primera fue nombrada una heroína de la Patria y en su honor se creó la medalla con su nombre al Mérito Social en 1980. La segunda será la primera activista en desapariciones que recibirá el galardón.

La razón oficial es la aportación que ha hecho para la mejora social en Sinaloa, pero ese galardón implica reconocer una situación que mantiene una tendencia a la alza el Estado: las desapariciones.

Fotografía: Marcos Vizcarra

Mirna

“Yo veía que pasaba, que a otras personas les pasaba y me reía, porque pensaba que a mí nunca me iba a pasar, que me desaparecieran a un hijo. Apenas un mes antes de que desaparecieran a Roberto habían desaparecido a un muchacho de una conocida y pensé que qué difícil debía ser… y mira, me lo desaparecieron”

El 14 de julio de 2014 desaparecieron a Roberto Corrales Medina. Vendía accesorios para automóviles y música grabada en CD’s y memorias USB en una gasolinera que está en la entrada del pueblo El Fuerte, hoy declarado Pueblo Mágico.

La tarde de ese día un grupo de hombres estacionó una camioneta de color negro en esa gasolinera. Llamaron a Roberto para que se acercara, se escucharon carcajadas y le dijeron que se fuera con ellos, que la iba a pasar mejor. Ese día fue desaparecido.

Mirna llegó a la agencia del Ministerio Público en San Blas, El Fuerte, a interponer denuncia. Iba todos los días a preguntar, a escuchar qué decían, a hacerse cercana de los trabajadores de las funerarias. Para ella, no había quién tuviera mejor información de las personas que encontraban muertas.

“Como sea, pero lo quiero encontrar”, narró a este reportero en septiembre de 2014.

La realidad para Mirna era distinta a su discurso. Ni ella ni nadie quiere encontrar a su familiar desaparecido con una ficha de asesinato. Nadie.

El 20 de julio, apenas seis días después, conoció cómo funcionaban esos crímenes: un grupo armado desaparecía a una persona, se la llevan a un lugar oculto, la maltratan, la torturan, la asesinan y la entierran en una fosa clandestina.

Ese día se conoció por las noticias que un grupo de personas encontró tres fosas clandestinas en El Poblado, junto a Mochicahui, donde ella trabajaba haciendo lo mismo que Roberto, pero en la estación de gasolina en la entrada de ese pueblo.

Guardó sus cosas en la caseta que mandó a hacer y se fue a las fosas clandestinas. De ahí sacaron cinco cuerpos. Ninguno era el de Roberto. Ninguno era totalmente reconocible, pero podía saberse que tenían más de dos meses en esas tumbas clandestinas.

Fotografía: Marcos Vizcarra

Siguió asistiendo a San Blas, ya no iba a sola, se acompañaba de Yesenia Torres, que tenía un hermano desaparecido. Juntas conocieron a otras mujeres, como Rosa Elia Vázquez, Lucía Castro, Karla Gómez y Reyna Serna, familiares también de personas desaparecidas.

Ellas fundaron Las Rastreadoras de El Fuerte el 12 de septiembre del 2014.

Ese año fue complicado. En Culiacán el colectivo Voces Unidas por la Vida, dedicado a la búsqueda de personas desaparecidas, sufrió un atentado contra una de las figuras más aguerridas de la organización, Sandra Luz Hernández.

Sandra buscaba a su hijo Édgar García Hernández, desaparecido desde el 12 de febrero del 2012, pero fue asesinada el 12 de mayo del 2014. 

El grupo estaba disperso, débil, solo sostenido por Alma Rosa Rojo Medina y la compañía de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos de Sinaloa (CDDHS).

Había miedo, han expresado quienes integran a Voces Unidas por la Vida.

Las Rastreadoras de El Fuerte trabajó en asociación con el colectivo de Culiacán, se fortalecieron de forma mutua y, de la mano del periodista Javier Valdez Cárdenas, se unieron al colectivo Enlaces Nacionales, liderado por María Herrera, mujer a la que le desaparecieron cuatro hijos en Michoacán.

Aprendieron formas, técnicas y estrategias de búsqueda. Se convirtieron en Buscadoras en un estado que ha cambiado en su estrategia de crimen, en el que bajó el número de personas asesinadas, pero aumentaron las desapariciones de personas.

La Fiscalía General del Estado establece que solo desde 2007 a 2019 fueron desaparecidas hasta 8 mil 64 personas, de las cuales 4 mil 484 se mantienen el mismo estatus: desaparecidas.

Los colectivos se fortalecieron y continuaron de forma independiente, cada uno con una estrategia distinta para buscar a personas.

Las Rastreadoras de El Fuerte se convirtieron en especialistas en encontrar fosas clandestinas.

“Mira, donde ves que hay un bordo hundido en la tierra, ahí puede haber; donde se te vaya la varilla fácilmente, ahí puede ser; donde huela a podrido, ahí también. Hay muchas maneras”, ha descrito Mirna.

El Colectivo ha hecho el hallazgo de 194 fosas clandestinas en el norte de Sinaloa, desde 2014 a la fecha.

La presión llegó a niveles internacionales. La líder del Las Rastreadoras ha sido llamada por el Alto Comisionado de la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para dar a conocer su caso y el de otras mujeres en Sinaloa.

Esa presión es la misma que han generado los 14 colectivos en Sinaloa de distintas formas y que ha hecho que la Fiscalía General del Estado haya creado una agencia especializada del Ministerio Público que ahora se convirtió en Fiscalía Especial.

También dio origen a la construcción y creación del Laboratorio de Genética Forense en el Estado.

De forma particular, Mirna ha estado inmersa en la creación de leyes, como la Ley General de Desapariciones y actualmente es Consejera Ciudadana del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas.

“Fui maestra de inglés y ahora estoy buscando desaparecidos”, ha dicho Mirna.

Fotografía: Marcos Vizcarra

Roberto

Tres años después de que lo desaparecieron, Mirna encontró a Roberto.

Como ofrenda, salió a buscar a su hijo el mismo día en que recordaba el crimen.

“Tenía una corazonada”, ha señalado Mirna.

Tuvo sueños, en un lugar donde sonaba el tren y le gritaban “mamá, mamá”. Era Roberto, dice todavía.

“Nadie espera ver a su hijo muerto después de que te lo desaparecieron”, ha narrado Mirna.

El 14 de julio del 2017 acudió a un predio del poblado Ocolome, porque días antes recibió un mensaje anónimo en el que se le indicó el lugar donde posiblemente podía estar su hijo.

Solicitó a la Fiscalía General que se le acompañara a la búsqueda, pero sólo le asignaron elementos de la Policía Investigadora para escoltarla.

Encontró los restos de un brazo, pedazos de ropa y una caja para guardar CD’s de música en formatos .mp3.

Pensó que podía ser su hijo, porque él se dedicaba a vender CD’s en una gasolinera en la entrada de la cabecera municipal de El Fuerte y pidió que se resguardara el lugar, pero no pasó.

Los elementos alegaron que debían irse, que su turno había acabado.

“Me puse como una perra”, ha señalado Mirna, “me quedé ahí yo sola resguardando, tuve que recoger cada uno de los huesos, los puse en una bolsita y se los llevé para que los analizaran”.

Esos huesos sí eran de Roberto.

El 26 de agosto de ese año le dieron el dictamen forense y le explicaron que los restos sí pertenecían a su hijo. Mirna había encontrado a su hijo en una fosa clandestina.

Días después de la confirmación volvió al lugar y encontró más restos. Ahí, hasta asegurarse que ya no había más huesos en la fosa clandestina, enterró una cruz de fierro pintada de negro, en la que escribió el nombre de su hijo. Ahí está el rastro.

Mirna sigue en búsqueda, porque ella no entregó a su hijo, se lo arrebataron en medio de la llamada “guerra contra las drogas”, que tomó como víctimas a miles de hombres y mujeres que han sido asesinadas o desaparecidas en Sinaloa.

Fotografía: Marcos Vizcarra

“Solo una madre que perdió a sus hijos, puede entender el dolor de otra”.

Heidy Mares, activista feminista.


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