Historias de Histeria | Trabajo pesado

Historias de Histeria | Trabajo pesado

‘Elena se acercó a su clienta para cobrarle el resto, cuando la mujer puso una cara desconcertada, pero muy falsa’.

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Elena trabaja como decoradora de eventos en la ciudad de Culiacán, aunque solía laborar para una compañía que se dedicaba a preparar eventos de gala para muchos invitados. Decidió abrirse camino por su cuenta con eventos más sencillos a través de los clientes que la fueron reconociendo en su anterior empleo y ahora es algo famosa por decorar bodas y quinceañeras en la ciudad y algunas sindicaturas vecinas.

Aunque le gusta trabajar solo con conocidos y recomendados de sus más allegados, de vez en cuanto se arriesga con algún cliente nuevo para ir ampliando su negocio porque también reconoce que todo está más caro y se encuentra ahorrando para comprar un auto más grande con el cual pueda transportar sus materiales y ya no pedirle la camioneta a su marido.

Un mes antes la había contactado una mujer alta, de voz recia y apariencia exuberante. Quería una decoración idéntica a la que vio en una revista para la fiesta de XV años de su hija, que literalmente podría ser su hermana, ambas muy hermosas, pero algo altaneras. Después de varias citas previas para elegir colores, materiales, la fiesta estaba tan solo a 15 días de suceder y Elena parecía estar satisfecha con el resultado, una fiesta que parecía salida de un cuento de hadas.

El objetivo parecía cumplido, además, este era su primer evento en la sindicatura de Eldorado y probablemente le abriría más puertas para trabajar con más personas de los alrededores. Elena siempre cobra la mitad del monto total para gastarlo en materiales e invertirlo en la renta de otras cosas que necesita para complacer a sus clientes y la otra mitad le queda como ganancia, aunque de ese monto le tiene que pagar a sus ayudantes porque es mucho trabajo para ella sola.

Todo parecía perfecto. El evento encantó a todos los asistentes a la fiesta. Elena se fue esa noche a casa con muy buen sabor de boca, muy cansada, pero feliz del resultado. Al día siguiente se levantó muy temprano para sacar sus labores y luego dirigirse a Eldorado a recoger sus cosas y a cobrar el resto del trabajo. Acompañada por dos de sus sobrinos, quienes cargarían algunas de sus estructuras más pesadas.

Después de una hora de conducción, la decoradora llegó al lugar del evento, que no se encuentra específicamente en el pueblo de Eldorado, sino en un ranchito cercano al lugar. Cuando se bajó se encontró con la mujer que la había contratado, quien la saludó y la felicitó por la fiesta. Los sobrinos comenzaron a subir las cosas a la camioneta a toda prisa y al finalizar de recoger, el drama comenzó.

Elena se acercó a su clienta para cobrarle el resto, cuando la mujer puso una cara desconcertada, pero muy falsa.

–Ya está todo completo –le dijo muy indignada.

Elena se quedó helada y comenzó a explicarle el modo de pago, tal y como lo hizo cuando comenzaron, incluso le sacó algunas notas de venta, ya que su negocio no cuenta con algún registro ni emite facturas. La mujer comenzó la alegata y con ella la ronda de groserías para Elena, que se quedó inmóvil ante el popurrí de majaderías que la señora había detonado.

Elena muy seria le explicó el método en que trabaja de nuevo y le dijo “de broma” que la iba a demandar si no le pagaba. La mujer tomó el juego de Elena como una ofensa de muy mal gusto y le dijo: “Ahorita vengo, voy a hablar con mi marido”.

Después de un rato de espera se acercó el hombre a la mujer, un señor muy galante y aunque desvelado seguía luciendo muy imponente. La saludó amablemente y le sacó platica de la decoración, diciéndole que él entendía que se trata de un trabajo pesado. Luego le comentó:

–Yo también tengo un trabajo bien pesado oiga… mire, vea –le comentó mientras sacaba su celular y buscaba la galería.

Comenzó a deslizar las fotos mientras a Elena se le dilataban las pupilas al ver las fotos de personas torturadas de la manera más cruel. Luego el hombre se le quedó viendo fijamente a los sobrinos de Elena y le dijo mientras sonreía de manera burlona “yo también tengo clientes difíciles, pero para qué se busca problemas”.

Elena entendió el mensaje y se limitó a retirarse callada, los sobrinos ni siquiera se enteraron de la conversación de la mujer con el matrimonio, solo se fueron sin decir nada. Ya hace dos años de ese evento, el primero y el último que Elena decoró en Eldorado. Ahora Elena solo trabaja para conocidos muy cercanos y sus familiares. Cuenta la historia con sabor agridulce a sus ayudantes por si algún día quieren empezar por su cuenta.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?


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