MiPyMes: incertidumbre económica y tecnología | El análisis de Alejandra Maytorena Güémez

MiPyMes: incertidumbre económica y tecnología | El análisis de Alejandra Maytorena Güémez

No se trata de hacer recortes del personal considerado no indispensable, o subir los precios. Se trata de involucrarse con la sociedad como miembros empáticos de la misma que ponen de su parte para ayudar a que México fluya y siga creciendo.

El motor económico de nuestro país se encuentra, no solo en las grandes empresas y las trasnacionales, sino en los negocios locales y regionales que generan empleos y capacitación en sus comunidades: la tortillería de la esquina, la cremería de la colonia, el restaurante local, el hotel de la ciudad; es decir, las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMes).

Estas empresas conforman la gran mayoría de los actores económicos de México: de acuerdo con datos de ENAPROCE 2018, tienen una participación superior al 97% de estos entes económicos. Se calcula que hay más de cuatro millones de empresas de este tipo en México, siendo las principales generadoras de empleo del país. Del total de los empleos a nivel nacional, el 78% surge en las MiPyMes. Sin embargo, por sus características, también conforman el sector más vulnerable de la economía nacional.

Algunas MiPyMes cuentan con un margen de ganancias limitado: un alto porcentaje de sus ingresos se reinvierte para continuar con su funcionamiento, dejando una baja disponibilidad para invertir en reinventarse y adaptarse a un entorno siempre cambiante y, en ocasiones, adverso.

Las MiPyMes que viven “al día” se encuentran poco equipadas para enfrentar crisis como la que estamos viviendo en estos días: dejar de vender o producir un solo día podría afectar negativamente su esperanza de vida.

La llegada del COVID-19 a México ha dejado en evidencia la falta de adaptabilidad de los propietarios de las micro, pequeños y medianos empresas: mientras los más privilegiados trabajan desde casa sin disminuir su productividad, muchos de los empresarios se enfrentan a una incertidumbre total: cerrar su negocio implica, aunque sea de manera temporal, dejar de vender y producir, un lujo inalcanzable para muchos.

El comportamiento tanto de los ciudadanos como las empresas ante la emergencia sanitaria ha generado un cambio de paradigmas: develó realmente quiénes son los más endebles ante los vaivenes económicos y los cambios experimentados por la sociedad.

Es difícil conocer cuánto tiempo durará esta situación: con menos gente en las calles, los niños fuera de la escuela y la sociedad en general limitando su contacto con los demás. Ante esto, las empresas ven una disminución en sus ingresos y un incremento en la volatilidad de su mercado: el comportamiento y las prioridades de los consumidores se transforman y se adaptan con mayor rapidez que muchos de los negocios mexicanos.    

Reinventarse se ha vuelto una imperativa para todos los negocios: los que no lo consigan, salvo que satisfagan una necesidad básica cuyo consumo sea inelástico, no lograrán volver a abrir sus puertas una vez que como sociedad superemos la pandemia. Estamos en un momento crítico que determinará el rumbo económico del futuro próximo de nuestro país.

De manera inesperada, la pandemia nos alcanzó, poniendo en jaque muchas de las creencias y preceptos del funcionamiento de la sociedad, forzándonos a cambiar nuestros estilos de vida. A pesar de que la situación suena un poco drástica, esconde una oportunidad dorada: es un gran momento para transitar a la era digital utilizando tecnologías de bajo costo o, incluso, gratuitas para mantener el contacto con los clientes.

La economía nacional no tiene que paralizarse, gracias a la innovación puede seguir adelante: con nuevas reglas y con la mayor parte de sus interacciones dentro del plano digital. Necesitamos nuevos modelos de negocio que se ajusten a esta realidad. Así como la educación de todo el mundo experimentó ajustes para poder seguir formando a los alumnos, las empresas pueden encontrar la manera de mantenerse vigentes y, sobre todo, rentables.

No se trata de hacer recortes del personal considerado no indispensable, o subir los precios. Se trata de involucrarse con la sociedad como miembros empáticos de la misma que ponen de su parte para ayudar a que México fluya y siga creciendo.

Como humanidad, no es la primera pandemia que experimentamos, pero esta vez contamos con una herramienta sin precedentes: las nuevas tecnologías, para mantenernos conectados y productivos. Para comenzar la transición de un negocio al entorno digital no se requiere una gran inversión, es más importante la convicción y el conocimiento para lograrlo.

Hoy, más que nunca, debemos desarrollar el mercado interno, impulsando el consumo local como una de las mejores alternativas para apoyar a nuestros emprendedores y empresarios. Asimismo, recurrir al intercambio de bienes y servicios, grupos de soporte, apoyar con trabajo a los miembros de nuestras comunidades son algunas de las opciones que tenemos los ciudadanos para que nuestros negocios favoritos puedan mantener sus puertas abiertas. A diferencia de las grandes empresas, muchas de las MiPyMes dependen de la venta diario para sobrevivir y, con ello, mantener los empleos de millones de mexicanos y, al mismo tiempo, complementar la economía familiar y la estabilidad económica.

No es momento de perder la esperanza, de tirar la toalla o considerarnos derrotados. Es hora de encontrar soluciones. Los mexicanos somos altamente ingeniosos, llenos de vida y un extraño sentido del humor: ¡aprovechémoslo para trascender, salir de este obstáculo con la frente en alto más grandes y unidos que nunca!


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