Educación

SURSUM KRISIS

Hace cinco años, a la Universidad Autónoma de Sinaloa le costaba cerca de 600 millones de pesos anuales pagarles a sus casi 3 mil jubilados. Hoy eroga alrededor de mil millones de pesos al año para cubrir dicha prestación a 5 mil y en 2020 podría destinar la mitad del subsidio para sueldos de trabajadores inactivos… que serán más que […]

Hace cinco años, a la Universidad Autónoma de Sinaloa le costaba cerca de 600 millones de pesos anuales pagarles a sus casi 3 mil jubilados. Hoy eroga alrededor de mil millones de pesos al año para cubrir dicha prestación a 5 mil y en 2020 podría destinar la mitad del subsidio para sueldos de trabajadores inactivos… que serán más que los activos.

En contraparte, desde que en 2008 se creó el Fideicomiso para la Jubilación Dinámica, hasta la fecha las aportaciones patronales y de los trabajadores alcanzan apenas mil 500 millones de pesos, sin que los gobiernos federal y estatal participen económicamente en dicho fondo.

No es la única causa que lleva a la UAS a la inminente quiebra financiera. La otra tiene que ver con la Secretaría de Educación Pública, dependencia que le origina a la casa de estudios un déficit financiero anual superior estimado en mil 200 millones de pesos.

Lo ilógico es que a pesar de que la SEP ubica a la UAS dentro de las 5 mejores universidades del país, en inversión por alumno la relega al antepenúltimo lugar, le reconoce 40 mil alumnos y 5 mil trabajadores menos de lo que la Universidad dice tener.

cuadro_1Pero hay más. En permanente situación de crisis, sobre la UAS pesan también dos exigencias: nivelar la calidad de sus egresados a los requerimientos planteados por el sector laboral y quitarse de encima la sospecha de que bajo el águila rosalina incuba un bastión político, el Partido Sinaloense, que fundó y dirige el exrector Héctor Melesio Cuen Ojeda.

Es un círculo vicioso que cada año saca a los universitarios a la calle para pedir más recursos públicos. La SEP le ha otorgado a la UAS el premio a la calidad, durante 6 años consecutivos, y en ese mismo plazo la ha dejado sola con los lastres financieros que la llevan a la bancarrota.

¿JUBILAR A LA UAS?

La jubilación dinámica es la principal amenaza de llevar a la UAS a la quiebra. Se implementó en los 70, cuando la Casa Rosalina era controlada por la izquierda comunista y consiste en que los jubilados de la UAS sigan percibiendo un nivel de ingreso igual al del salario íntegro de los trabajadores en activo.

Otorgar esta prestación, lo han dicho los rectores que ha tenido la institución desde que en 2000 cuadro_2Jorge Luis Guevara Reynaga encargó un estudio al despacho William Mercer para conocer la magnitud de este fenómeno, conlleva el riesgo de que la UAS se torne financieramente insostenible.

El informe reveló que el pasivo contingente derivado de los trabajadores en vías de retiro ascendía a 8 mil millones de pesos, equivalente a 6 veces el subsidio de la institución en aquel año. En ese momento la Universidad requería mil millones de pesos para un plan de pensiones propio.

Seis años después, siendo rector Héctor Melesio Cuen Ojeda, se contrató a otra empresa (Valuaciones Actuariales) para renovar el dato. El resultado pasmó a los directivos universitarios pues el pasivo se había triplicado alcanzando los 24 mil millones de pesos.

Ello significaba que si en 2006 la casa de estudios tuviera que jubilar a todos sus trabajadores, eso le hubiera costado.

En 2008, Cuen Ojeda, con el apoyo del sindicato universitario, aumenta de 25 a 30 años laborados la edad de jubilación para trabajadores de nuevo ingreso e instituye el Fideicomiso pro Jubilación Dinámica al que aportan 3% de su salario los sindicalizados y un porcentaje similar la UAS.

Académicos e intelectuales han encendido luces de alarma en el asunto de la jubilación dinámica y el fideicomiso. Carlos Calderón Viedas, estudioso del fenómeno UAS y autor del libro La utopía corrompida, considera que dicho fondo es insostenible porque si el Estado no toma parte en el problema, la UAS por sí sola no podrá resolverlo.

La sentencia de derrumbe del fideicomiso se sustenta, agrega, en que no se le tiene confianza en su estabilidad financiera y genera dudas sobre si servirá para lo que fue creado.

En la misma línea de preocupación, Ernesto Hernández Norzagaray, doctor en Ciencias Políticas y Sociología, atribuye esta crisis a la falta de previsión. “Cuando esto sucede pareciera que el destino jamás nos alcanzará. Por ello ahora, aturdidos y con una Universidad al borde de la quiebra, los universitarios no atinamos a encontrar ni la explicación ni queremos dar respuestas”.

En busca de salidas, propone reestructurar y transparentar el comité y manejo del fideicomiso de jubilación; que se retiren todas las demandas interpuestas hasta hoy contra este mecanismo; establecer una mesa plural de diálogo; que se involucre el Gobierno federal en la solución; lograr que la SEP reconozca la plantilla laboral actual de la UAS y dé mayor financiamiento por alumno y generar recursos propios a través de operar gasolineras y supermercados universitarios como lo hace la UNAM.

Pero el fideicomiso ya sufrió un golpe demoledor. El 21 febrero de 2014, el Primer Tribunal Colegiado de Circuito con sede en Mazatlán ordenó a las autoridades de la UAS suspender el descuento a jubilados inconformes y regresarles el dinero que les habían descontado.

CALIDAD CASTIGADA

El otro reto consiste en una reestructuración a fondo de la oferta educativa de la UAS y de los programas académicos para egresar profesionistas con el perfil que exige el mercado laboral. Con una eficiencia terminal que el rector acaba de ajustar al 75%, pero que la SEP estima en 60%, la sobrepoblación estudiantil (140 mil 254 alumnos en el ciclo escolar vigente) la pone en el dilema de masificación o calidad.

En mayo de 2012 el Consejo Para el Desarrollo Económico de Sinaloa realizó el estudio Evolución del egresado en Sinaloa, abarcando la muestra a 900 egresados del nivel superior en Sinaloa, de los cuales el 58% cursó la carrera en la UAS.

cuadro_3El resultado reveló que 15 de cada 100 egresados se hallaba desempleado. El 58% esperaba encontrar un trabajo acorde a la carrera en que se graduó, 30% no laboraba en el área de estudios cursada, el 20% eligió la carrera no por vocación sino por recomendación de familiares y el 78% prefirió una carrera que le diera estabilidad laboral.

Otro dato interesante es que al 82% de los entrevistados, la institución o universidad donde cursó su carrera no fue un factor que le ayudara a obtener su primer empleo. En el caso de los egresados de la UAS, solo el 39% dijo sentirse profesionalmente favorecido por ser egresado de esta casa de estudios.

Y aquí surge la otra paradoja. Si bien es cierto que la SEP le ha otorgado repetidamente, de 2008 a 2013, el Premio a la Calidad por el 96.45% de la matrícula del nivel superior atendida eficientemente, también lo es que en el sector empresarial considera deficiente la preparación de sus egresados.

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