Opinión

DONDE FUERES… HAZ LO QUE VIERES

Mucho se ha escrito sobre la libertad de expresión últimamente debido a los atentados terroristas en París contra una irreverente revista. Algunos articulistas, limitando esa libertad por la capacidad de ofender y otros defendiendo la libertad total de expresión y de prensa.  Creo que en un mundo globalizado no hay nada más relativo que lo sagrado. Existen infinitos valores culturales según la sociedad que los […]

Mucho se ha escrito sobre la libertad de expresión últimamente debido a los atentados terroristas en París contra una irreverente revista. Algunos articulistas, limitando esa libertad por la capacidad de ofender y otros defendiendo la libertad total de expresión y de prensa. 

Creo que en un mundo globalizado no hay nada más relativo que lo sagrado. Existen infinitos valores culturales según la sociedad que los viva, además de las tres grandes religiones y un sinnúmero de pequeñas religiones y sectas que adoran diferentes figuras y dioses. Estos deben venerarse en privado, vivirse en casa o en sus respectivos templos o lugares de culto.

Si yo viajo a cualquier país musulmán, deberé vestir ropas recatadas y entrar a los templos tapando mi femineidad para no ofender a nadie; si quiero visitar una histórica sinagoga en donde los hombres van de un lado y las mujeres de otro, no voy a pretender sentarme donde yo quiera. Si visito una iglesia cristiana para disfrutar de su belleza arquitectónica, lo haré en silencio e iré vestida conforme el recato que ahí piden, no como si fuera a la playa. Lo mismo si voy a una casa llena de imágenes de santos, vírgenes y bendiciones papales, me limitaré comentarios que puedan ofender la religiosidad de esa familia.

Son sus espacios, sus lugares sagrados, sus dioses. Y como dice el refrán: “Donde fueres… haz lo que vieres”.

Pero por qué entonces los defensores del ofendido pretenden que en una república laica como lo es Francia, cuna de las libertades del mundo contemporáneo, se deban respetar las imágenes religiosas de algunos de sus habitantes solo porque al ofenderse responden con el asesinato. Si es justo lo que se les critica, la opresión y el daño que causan en el mundo al tergiversar las escrituras e interpretarlas para de su poder religioso.

Creo que las personas que se sientan ofendidas en los países laicos con libertad de expresión, deben irse, que vayan a vivir a donde lo que les ofende está restringido. Y los que quieran disfrutar de las libertades y el desarrollo de este tipo de países, que no compren la literatura y no vean el cine que les parece blasfemo, pero que no vayan por la vida ofendidos y matando inocentes. Si quieren vivir entre nosotros, pues, “en Roma, como en Roma”.

Quien piensa que la libertad de expresión debe limitarse, le está dando la razón tanto a los terroristas como a los Estados represores, así de fácil.

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