Opinión

ORDEN DE ATAQUE

Los atentados terroristas en Francia han sido el disparo de salida para discutir sobre el asunto de las creencias, la fe, la ofensa, el respeto, etcétera. A días de haber ocurrido los hechos, al menos a mí me ha servido para descubrir que sí existe una ley natural que describe el comportamiento de todo creyente: frente a la ofensa a su […]

SUCHIATE, CHIAPAS, 21OCTUBRE2018.- Comenzó la Caravana Migrante su recorrido a la ciudad de Tapachula. Partieron desde las cinco de la mañana para recorrer la carretera Panamericana en su viaje hacia la frontera con Estados Unidos. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM

SUCHIATE, CHIAPAS, 21OCTUBRE2018.- Comenzó la Caravana Migrante su recorrido a la ciudad de Tapachula. Partieron desde las cinco de la mañana para recorrer la carretera Panamericana en su viaje hacia la frontera con Estados Unidos. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM

Los atentados terroristas en Francia han sido el disparo de salida para discutir sobre el asunto de las creencias, la fe, la ofensa, el respeto, etcétera. A días de haber ocurrido los hechos, al menos a mí me ha servido para descubrir que sí existe una ley natural que describe el comportamiento de todo creyente: frente a la ofensa a su fe, la agresividad y violencia de sus respuestas serán proporcionales a la ignorancia que padezca sobre su propia creencia. 

Me ha resultado una sorpresa, la gran cantidad de amigos míos que comparten la idea de que los caricaturistas franceses merecían lo ocurrido, pues sus cartones habían rebasado los límites a la libertad de expresión, es decir, habían ofendido a los musulmanes hasta un punto imposible de tolerar.

Para empezar, debemos señalar que no es lo mismo ofender que blasfemar. Lo primero resulta más doloroso en función de la cantidad de verdad que contenga, mientras que lo segundo va dirigido estrictamente al orden de las ideas, por lo que no es importante qué tan cierto o falso sea; por eso, la declaración del papa Francisco sí es una justificación a la violencia, de hecho es una orden de ataque que autoriza el uso de la fuerza física contra quienes piensen de manera diferente; ¿diferente de qué?, se preguntarán ustedes. No importa, ya nada más llenen el espacio en blanco con la idea que ustedes gusten.

Lo expresado por el jerarca católico, es una trampa retórica que mezcla el agua y el aceite y bien poco contribuye al imprescindible fomento a la tolerancia que exige la vida civilizada, o al menos a la vida civilizada occidental.

No es comparable la fe a la madre, en primer lugar porque la segunda es una persona, un ser humano, y su importancia es directamente proporcional a la distancia que nos pongamos de nuestra fe religiosa, pues para la fe el máximo valor no es la persona, la vida humana, sino su alma.

Es conveniente no olvidar que la categorización de la vida humana como bien supremo, es una creación secular para enfrentar, precisamente, el poco valor que le dan las religiones.

Por cierto, la ofensa es también un invento secular al que se recurre para no llegar a las manos, por lo que la afirmación papal también invierte por completo su sentido original: no es la ofensa lo que justifica una agresión física, es al revés, se mienta la madre para no agarrarse a golpes.

En El Palabrista, Borges narra la anécdota (real por cierto) de dos hombres, católicos discutiendo sobre teología, cuando uno de ellos, irritado por los comentarios de su interlocutor, le vacía su copa de vino en la cara, a lo que el otro responde: “Considero esto nada más como una digresión, sigo a la espera de sus argumentos”.

Así que ahora, cuando alguien me sale con que, “ofenden sus creencias”, les pregunto: “¿Y estas cuáles son?”. Qué divertidas me he pegado.

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