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Tránsitos al acecho… aliste la “mordida” de 50 y hasta 100 pesos

Le llaman “mordida” y se ha vuelto tan común que en las familias se habla de ella sin pudor alguno. Generalmente son los padres de familia quienes más la practican, pero sobornar a los oficiales de tránsito se ha vuelto una práctica común entre los jóvenes.   Si bien los montos pueden ir desde los […]

Le llaman “mordida” y se ha vuelto tan común que en las familias se habla de ella sin pudor alguno. Generalmente son los padres de familia quienes más la practican, pero sobornar a los oficiales de tránsito se ha vuelto una práctica común entre los jóvenes.

 

Si bien los montos pueden ir desde los 50 hasta los 100 pesos, es codiciada por los oficiales de tránsito al grado de colocarse en sitios estratégicos donde los conductores suelen cometer faltas viales, como no respetar un alto, ir a exceso de velocidad o pasarse una luz roja.

Es tan usual que en la actualidad hasta en las redes sociales han sido expuestos en más de una ocasión, ya sea en fotos o en video, como es el caso del municipio de El Fuerte, donde el alcalde inició un operativo para investigar a los oficiales que prácticamente “cazan” a los conductores.

La percepción es general: según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública realizada por el Inegi en 2013, el 77.8 por ciento de la población señala a la Policía de Tránsito como la más corrupta.

Si bien la percepción es 5.4 por ciento menor que la encuesta realizada en 2012, el estudio muestra que a nivel nacional los oficiales encargados de la vigilancia de las vialidades son los más corruptos, por encima de la Policía Municipal, el Ministerio Público y la Policía Ministerial.

Según la misma encuesta, en 2012 las familias mexicanas destinaban el 14 por ciento de sus ingresos para pagar las “mordidas” que pagan a los agentes viales ya sea por miedo o para evitar ser exhibidos.

 

Estiran la mano

Desde 2011 el comandante de la Policía de Tránsito de Culiacán, Marco Antonio Arámburo Campos, admitió que la práctica de aceptar mordidas es recurrente. Es parte del escenario urbano ver a los automovilistas detenidos por los oficiales, y mientras estos les entregan la documentación requerida en realidad el conductor le está dando dinero al oficial.

“Pues sí, yo me los quito de encima con cincuenta pesos a veces, no voy a decir que no. Pero también ellos me quieren multar a veces porque me pasé una luz roja y el semáforo todavía está en amarillo, o me ha tocado que doy vuelta en lugares prohibidos. Si dejo que me ponga la multa tengo que pagar casi mil pesos y no me parece justo, prefiero darle dinero al tránsito”, dijo un conductor de Culiacán, frustrado por el paso lento del tránsito vehicular derivado del retraso en las obras del paseo Niños Héroes.

Otro dijo que cuando lo detienen para infraccionarlo ya nada más estira la mano con el dinero, el tránsito lo toma y se va, como si nada más lo estuvieran cazando para quitarle el dinero, pues “ni la faramalla hacen de que me van a infraccionar”.

Pero el asunto tiene dos aristas. Si bien los tránsitos son los que a veces ponen el escenario para que el acto de corrupción se lleve a cabo, también los ciudadanos se prestan al juego. Son ellos quienes finalmente acceden a “pagar la cuota”.

 

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