Tema de la semana

Los hijos de la calle | ¿Son invisibles los indigentes para el Gobierno?

Bajo la gaza vial que conecta al puente Jorge Almada con el malecón Niños Héroes se congregan unos siete indigentes, enfermos siquiátricos la mayoría, que comparten con regularidad el techo que forman las lozas de concreto. Hombres desaliñados, barbones y gordos o flacos y lampiños, conviven con mujeres demacradas, de piel ulcerada, descalzas y semivestidas, […]

Bajo la gaza vial que conecta al puente Jorge Almada con el malecón Niños Héroes se congregan unos siete indigentes, enfermos siquiátricos la mayoría, que comparten con regularidad el techo que forman las lozas de concreto.

Hombres desaliñados, barbones y gordos o flacos y lampiños, conviven con mujeres demacradas, de piel ulcerada, descalzas y semivestidas, todos con la divagación como conversación.

Max, él dice que así se llama, habla de piratas, capitanes y barcos pero teniendo el río cerca no se mete en este ni para bañarse. Prefiere naufragios simulados en las aguas de la cercana, hoy desaparecida, fuente de los leones. María—que igual por horas es Guadalupe, Artemisa o Sara—talla todo el día sobre una piedra lo que quedó de una prenda que algún día fue blusa.

Cada cual con su tema, ninguno cuenta la historia triste que le tocó vivir. En sus fantasías no hay lugar para el sufrimiento. Por eso a “yo no me llamo”, como lo rebautizaron aquellos que lo tratan, poco le importa el dolor de su pie casi en situación de gangrena, con el cual cojea para ir a pedir limosna al crucero de Pedro Infante y Jorge Julián Chávez Castro.

—¿Cómo te llamas?

—Yo no me llamo.

 

—Vamos a que te curen tu pie.

­— Yo no me curen tu pie.

Temporalmente expulsados de ese lugar por la construcción del llamado puente blanco, a diario regresan a revisar sus pertenencias: latas, hilachos, restos de comida, cartón y partes desvencijadas de muñecos. Ahí los guardan como nostalgias de sus recuerdos también desarticulados.

indigente 2

Son los hijos de la calle porque nadie responde por ellos. O igual son los olvidados de las políticas públicas. De sus familias, amigos o de la solidaridad ciudadana, nada. Ninguna institución oficial tiene un programa para atenderlos en sus necesidades de techo, ropa y alimentación, mucho menos para darles el tratamiento que requieren como enfermos mentales.

Excepto la labor que con limitaciones realizan organismos de beneficencia como Cáritas La Lomita o el Centro de Reinserción Social Madre Teresa de Calcuta, que todos los días intentan localizar y ayudar a decenas de indigentes que deambulan en las calles, para las instituciones gubernamentales estos personajes no existen aun cuando son estampas habituales en un paisaje urbano deshumanizado.

“Al contrario, lo que sabemos es que las autoridades los consideran una afrenta, algo que hace que las calles se vean feas, y procede a sacarlos del centro urbano y llevarlos a la periferia o fuera de las ciudades”, considera una religiosa del Hospital del Carmen de Culiacán, que opera una pequeña área para enfermos siquiátricos.

En Culiacán se carece de un censo de personas en situación de calle con padecimientos siquiátricos. En los planes de desarrollo estatal o municipal tampoco se trazan acciones para canalizarlos a que sean atendidos por instituciones especializadas. Son invisibles para el Gobierno, aunque la ciudad los muestra a toda hora, en cualquier lugar y al exhibirlos a ellos denuncia también la demencial indiferencia gubernamental.

 

¿QUÉ HACER PARA AYUDARLOS?

-Concédales el paso y alerten a demás automovilistas si se cruzan en vialidades.

-Avise al 066 si son testigos de algún tipo de abuso contra ellos.

-Deles ropa, calzado, cobijas, alimento y agua, según la necesidad que detecte.

-Evite proporcionarles alimentos en estado de descomposición.

-No les dé dinero, pues la mayoría no sabe cómo usarlo.

-Haga aportaciones en especie a Cáritas IAP.

-Reporte a indigentes, para que reciban ayuda, a instituciones como:

 

Caritas Culiacán IAP

Francisco Villa 74, Centro, Culiacán, Sinaloa.

Teléfono:01 667 715 7242

Foto: Jesús Herrera/Revista Espejo.

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