Seguridad

Ernesto Valdez: en manos del sobrino de Amado Carrillo, su destino era la muerte

Jaime Eduardo Quevedo Gastélum, mente maestra que planeó el secuestro del empresario Ernesto Alonso Valdez Solano, echó a andar su plan el pasado 9 de abril, desconociendo el fatídico resultado que el plagio tendría 11 días después. Todavía se desconoce porqué eligió precisamente a Ernesto Valdez, pero la información oficial establece que ese día Jaime […]

Jaime Eduardo Quevedo Gastélum, mente maestra que planeó el secuestro del empresario Ernesto Alonso Valdez Solano, echó a andar su plan el pasado 9 de abril, desconociendo el fatídico resultado que el plagio tendría 11 días después.

Todavía se desconoce porqué eligió precisamente a Ernesto Valdez, pero la información oficial establece que ese día Jaime Eduardo, hijo del extinto Rodolfo Carrillo Fuentes, el Niño de oro, ideó el operativo y ordenó a dos de sus hombres que siguieran a su objetivo a bordo de un vehículo Toyota Corolla.

La banda siempre mataba a sus víctimas, excepto en una ocasión: hubo una vez que secuestraron al propio abuelo de Jaime Gastélum Quevedo.

Según el informe de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), los mismos hombres rentaron un departamento ubicado en las cercanías del domicilio de Valdez Solano, desde el cual registraban todos sus movimientos, acechando al momento de la salida y esperando para capturarlo.

Pero no fue hasta la madrugada del 11 de abril que decidieron poner en marcha su crimen. El modus operandi de la banda era letal: primero secuestrar a la víctima; luego pedir el rescate y al final acabar con su vida, pero aún era pronto para que el empresario lo supiera.

Una vez que lo capturaron, lo trasladaron a una casa en la calle Sierra Tarahumara, con el domicilio número 1159 en la colonia San Carlos del sector Cañadas.

Incertidumbre

Durante 10 días, la familia de Ernesto Alonso supo únicamente lo que los secuestradores decían: para volver a verlo tendrían que pagarles un rescate de 70 millones de pesos.

Durante ese tiempo, la información oficial refiere que la Unidad Especializada Antisecuestros (UEA) trabajó asesorando a los familiares del comerciante y dueño de Casa Martina, pues no entran en acción hasta que se paga el rescate y se libera a la víctima.

No se sabe todavía si la familia estaba dispuesta a pagar. No se sabe tampoco cuál fue el tipo de asesoría que la UEA les brindó durante los días del plagio. Pero una cosa es segura: lo que sea que hayan hecho, al final no sirvió de nada.

El operativo

Derivado de trabajos de inteligencia, la policía especializada logró ubicar a Luis Alberto Pérez Jacobo en un domicilio ubicado en el sector de Tres Ríos el lunes 20 entre las 13:30 y las 14:00 horas.

Una vez aprehendido, el sospechoso reveló dónde se encontraban sus cómplices, dónde estaba la víctima y lo más aterrador de todo: Ernesto Alonso Valdez Solano ya había sido asesinado.

La información ya fluía por las redes como la primicia del momento. Videos, fotografías de los agentes en el lugar circularon por todos los sistemas de comunicación.

Tras conocer esta información, los agentes del Ministerio Público se dirigieron a un domicilio ubicado en la privada Las Nubes, ubicada en las cercanías de la plaza comercial Forum, y lograron atrapar a Jaime Eduardo Quevedo Gastélum y dos de sus escoltas: Miguel Ángel Castillo Carrillo y Nelson Quintero González. Todos ellos iban saliendo del lugar donde se encontraban probablemente con rumbo a San Carlos.

Para entrar en acción era necesario que primero se estableciera la veracidad de la información proporcionada por Pérez Jacobo, por lo que se trasladaron hasta el sector de Cañadas al domicilio otorgado por el presunto secuestrador. Una vez ahí, confirmaron los datos y dieron aviso a la Policía Ministerial del Estado y la Policía Estatal Preventiva.

Debido a que los criminales fueron detenidos, no fue posible cobrar la recompensa de 70 millones que exigían por la liberación de Valdez Solano.

Versiones que chocan

Si bien la información proporcionada por la autoridad indica que la refriega que se dio ese día en el sector Cañadas inició a las 15:00 horas y concluyó hasta las 5:00 de la tarde, hay videos en redes sociales tomados por los habitantes del sector que indican que desde las 14:00 horas agentes policiales y criminales intercambiaron fuego.

Solo hay una cosa segura en este caso: por primera vez en su historia, la Unidad Especializada Antisecuestros no pudo salvar a la víctima.

El primer reporte indica que durante media hora los secuestradores arremetieron contra las autoridades, quienes colocaron un vehículo Tiger en la entrada de la casa para impedir que los disparos hirieran a los vecinos. Aun así los disparos llegaron hasta la casa de enfrente, aunque no hubo víctimas fatales ni heridos.

La información ya fluía por las redes como la primicia del momento. Videos, fotografías de los agentes en el lugar, archivos de audio donde personas explican lo que sucede no muy lejos de donde se encuentran mientras se escuchan las detonaciones de armas de fuego, circularon por todos los sistemas de comunicación.

En la casa se encontraban Jorge Joel Echeverría Portillo, quien había sido militar y estaba encargado de alimentar y cuidar a Ernesto Alonso, en compañía de Cristian Paúl Benítez, José de Jesús Sosa Paredes y Juan Luis Castro Godoy.

Eran cuatro hombres contra las fuerzas estatales y federales, pero estaban bien abastecidos: con ellos tenían un arsenal que iba desde pistolas de calibre 9 milímetros hasta fusiles Barret calibre 50, rifles de asalto y AK-47, por lo que atacaron con todo su poder de fuego.

Las personas se arremolinaron desde el terreno alto para ver la acción policial a pesar del peligro. Fueron largos los instantes que duró el enfrentamiento, pero al final la Policía logró su objetivo: en el lugar de los hechos detuvieron a José de Jesús Sosa y a Juan Luis Castro, abatiendo a Cristian Benítez y Jorge Echeverría. La familia de este último se encontraba en el lugar de los hechos y denunció que los criminales pensaban entregarse, por lo que dos muertes podían aún evitarse. Pero fue el mismo Echeverría Portillo quien le quitó la vida a Ernesto Alonso.

Los cuerpos sin vida de los dos plagiarios y Ernesto Alonso Valdez fueron encontrados en el lugar y finalmente trasladados a la Dirección de Servicios Periciales.

Cabos sueltos

Si bien la investigación aún no concluye, aún hay detalles que quedan sin resolver en la investigación, como la implicación de los secuestradores en el caso y cómo fue que conocieron a Ernesto Valdez.

Asimismo la Procuraduría ocultó la forma en la que fue posible dar con la ubicación de Luis Alberto Pérez Jacobo, quien les informó dónde estaba el líder de la banda.

Sin embargo, se revelaron detalles escalofriantes: la banda siempre mataba a sus víctimas, excepto en una ocasión: hubo una vez que secuestraron al propio abuelo de Jaime Gastélum Quevedo, quien fue liberado una vez pagado el rescate pero eliminaron a la persona que pagó por su libertad.

También hubo otro caso en Guasave, en el que secuestraron a una persona y se la llevaron a la comunidad de La Palma, en Navolato, y una vez que cobraron el rescate la asesinaron.

Seguramente habrá datos tan reveladores como los que fueron confirmados, pero estos permanecerán desconocidos por tiempo indeterminado, pero solo hay una cosa segura en este caso: por primera vez en su historia, la Unidad Especializada Antisecuestros no pudo salvar a la víctima.

Dos plagiarios siguen prófugos: uno cuya identidad no se reveló y el otro es Sergio Elio Urías Moreno.

FOTO: Rashide Frías/Cuartoscuro.

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