Opinión

Branding Emocional

Muchos empresarios piensan que tienen una marca porque han registrado un original nombre ante el IMPI y mandaron diseñar un lindo logotipo con su manual de aplicaciones muy completo y profesional. Están muy equivocados. El nombre, el logotipo y los gráficos solo son los elementos visuales que nos remiten a una promesa… y esa promesa es la marca. Como toda buena promesa, lo que […]

Muchos empresarios piensan que tienen una marca porque han registrado un original nombre ante el IMPI y mandaron diseñar un lindo logotipo con su manual de aplicaciones muy completo y profesional. Están muy equivocados. El nombre, el logotipo y los gráficos solo son los elementos visuales que nos remiten a una promesa… y esa promesa es la marca. Como toda buena promesa, lo que le da vida son las emociones y sentimientos.

La o las emociones detrás de la promesa (de la marca), pueden ser tan variadas como se quiera: su marca puede trasmitir confianza, tranquilidad, alegría, tristeza, euforia, amor, esperanza y hasta miedo. Sí, miedo. Solo recuerde que estas emociones deben ser trasmitidas a través de todos los puntos de contacto de su marca con el cliente, desde el empaque y la publicidad, hasta el saludo del empleado al entrar a su tienda.

El nombre de la marca, su logotipo y los gráficos se convierten en los elementos que remiten a un vínculo emocional.

Recuerde siempre que las marcas no se crean con datos, números y razonamientos complejos. Los clientes no compran con el cerebro sino con el corazón. No trate de que su publicidad o sus materiales puntos de venta hagan entrar en razón a sus clientes, porque no lo va a lograr.

También tome en cuenta que un producto o servicio puede hacer un gran trabajo al trasmitir las emociones correctas y lograr que mucha gente lo compre. Pero si el producto es malo o su desempeño no corresponde con la promesa, de inmediato entrará el componente racional del cliente que tomará la decisión de no volverse a dejar engatusar por esa marca.

En ese sentido la marca juega en todo el espectro, construyendo en lo emocional y cosechando en la parte racional, provocando emociones que invitan a desear el producto o servicio y confirmando su desempeño en la práctica, lo que a su vez refuerza el vínculo emocional de la marca con sus clientes en el largo plazo.

Al final, el nombre de la marca, su logotipo y los gráficos se convierten en los elementos que remiten a este vínculo emocional, por lo que es clave que sean buenos, fáciles de recordar y que usen colores y formas que estén alineados a esas emociones.

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