Seguridad

FUGA ANUNCIADA | Lo que el Chapo nos dejó

Por el túnel se escapó no solo Joaquín Guzmán Loera sino también la confianza en la frágil seguridad nacional e instituciones de Gobierno vulnerables al ácido de la corrupción. El hoyo en el penal del Altiplano destapó a la vez los agujeros negros en el sistema mexicano de persecución al crimen organizado, pasadizos encubiertos por los que se mueve el tráfico de […]

Por el túnel se escapó no solo Joaquín Guzmán Loera sino también la confianza en la frágil seguridad nacional e instituciones de Gobierno vulnerables al ácido de la corrupción. El hoyo en el penal del Altiplano destapó a la vez los agujeros negros en el sistema mexicano de persecución al crimen organizado, pasadizos encubiertos por los que se mueve el tráfico de drogas hacia un mercado mundial que genera 320 mil millones de dólares al año. Quedó al descubierto que el sistema penitenciario de “máxima seguridad” es en realidad de quebradiza paja. La fuga del Chapo Guzmán no destapó ninguna cloaca en México, solo recordó que sigue ahí, expuesta, desbordada de corrupción, descrédito, impunidad y vergüenza… Y encima se revive el debate sobre la legalización de uno de los insumos del crimen: la marihuana.

Si la reaprehensión en un operativo sin balas removió las sospechas propias de una sociedad que desconfía de cuanto haga el Gobierno mexicano; si Estados Unidos y expertos le advirtieron a Enrique Peña Nieto la posibilidad de una segunda fuga y si el cártel de Sinaloa siguió intacto en el control del trasiego de drogas aun concediendo que su líder estaba preso, entonces, ¿por qué el sistema de seguridad nacional esperó a que Joaquín Guzmán Loera se evadiera de nuevo para decirse avergonzado y afrentado por una fuga que sólo es posible consumarla por el pasadizo putrefacto de la corrupción?

Los “puntos ciegos” de la fuga del Chapo Guzmán: corrupción, ineficiencia y simulación

“M’ija, si por alguna razón tuviéramos que separarnos, piensa que será por poco tiempo; más poco de lo que cualquiera pueda suponer”, le habría dicho Joaquín Guzmán Loera a Emma Coronel Aispuro. La ex reina de belleza de Canelas, Durango —quien el 23 de febrero de 2014 presenció el operativo para recapturar al jefe del cártel de Sinaloa—, no esperó mucho.

En algún lugar de la sierra limítrofe de Sinaloa y Durango se encontraron una semana después de la noche del sábado 11 de julio cuando el Chapo, al fugarse del penal del Altiplano, ridiculizó al sistema mexicano de seguridad.

El encuentro del “fugitivo fabuloso” con su esposa y dos pequeñas hijas fue meteórico. Un abrazo y la promesa de verlas pronto, según describen miembros de la familia Guzmán Loera, quienes hasta el viernes posterior a la evasión supieron de él, de su propia voz, cuando vía telefónica le dijo: “Mamá, estoy bien, no te preocupes”, a doña Consuelo Loera Pérez.

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Desde entonces el contacto se cortó para toda la familia Guzmán Loera y Guzmán Coronel. La única instrucción del Chapo fue la de suspender cualquier actividad para festejar la fuga, desde marchas organizadas por los fans del capo hasta las celebraciones religiosas planeadas por la familia.

“Se le oía tranquilo, con la voz cansada, algo nervioso, pero en calma. Ya les habían dicho a la familia, los que lo visitaron en prisión, que se hallaba sereno, que no convivía mucho con los demás presos y que extrañaba el aguachile, los callos de hacha y la cerveza helada”, concluye la fuente.

Al escapar de prisión, las viandas y hieleras lo estaban esperando. Lejos de La Tuna, Badiraguato, y del municipio de Canelas, Durango, mientras las fuerzas federales de seguridad manejaban la posibilidad de que aún estuviera en la zona centro del país.

fuga_chapo1El hombre subterráneo

Si asombraron las escapatorias que fraguó Guzmán Loera entre el 13 y 17 de febrero de 2014 en Culiacán, al evadir los operativos de la Marina a través de túneles que desde varias casas de seguridad conectaban con el sistema de drenaje pluvial de la ciudad, aquellas huídas parecen juego de niños ante la segunda fuga, la del penal de “máxima seguridad” Centro de Readaptación Social Número 1, conocido como del Altiplano.

Aunque en dicha persecución el jefe del  cártel de Sinaloa dio muestras de la capacidad para eludir a la justicia mediante pasadizos bajo tierra, el sistema federal de seguridad carcelaria desestimó la probabilidad de que volviera a construir túneles, pero ahora desafiando toda lógica y tecnología criminalísticas del gobierno de Enrique Peña Nieto que decía tenerlo seguro.

En febrero de 2014, a raíz de la recaptura del Chapo, Peña Nieto declaró en entrevista con León Krauze que era imposible una nueva fuga del Chapo: “Sería imperdonable que sucediera”, agregó.

En esos días el Departamento de Justicia de Estados Unidos, con base a un análisis de la Drugs Enforcement Administration (DEA), preveía el riesgo de una segunda evasión.

Y casi 17 meses después sucedió lo imperdonable. Guzmán Loera no solo mandó cavar un conducto peliculesco, de cuya viabilidad técnica y furtiva nadie cree; también diseñó el laberinto de dudas, sospechas e indignación en el cual se perdió la confianza hacia las instituciones nacionales.

Ni siquiera la maquinaria con que se barrenó el suelo del Altiplano, dotado de varios metros de concreto reforzado y sensores contra vibraciones, cimbró tanto como la indignación que sintió el país al reconocer Peña Nieto, desde París, Francia, a donde el presidente había llegado a otro de sus ostentosos viajes imperiales, que la fuga del Chapo es “una afrenta para el Estado mexicano”.

La conjetura de la mentira de Estado cobró fuerza ante la falta de explicaciones coherentes del Gobierno. Uno de los que confrontó la versión oficial de la fuga a través de un túnel fue el ex director del Centro de Investigación y seguridad Nacional, Jorge Carrillo Olea, al sostener que el penal del Altiplano es imposible de penetrar.

 

Si es que se hizo en un año, se necesitan al menos 30 trabajadores en tres turnos, maquinaria especial de perforación, camiones de volteo trasladando escombros, planos de seguridad y profesionistas de ingeniería. Es mucha gente trabajando que debió verla mucha gente

Marcelo Bárcenas, ingeniero civil experto en mecánica de suelos con experiencia en perforación de suelos en minas de Sinaloa y Durango.

 

“Yo sé cómo está, yo diseñé en mis tiempos esa chingadera, es inviolable. Pero es inviolable la instalación más no las personas que ahí trabajan. Desgraciadamente, hay mucha corrupción”, señaló el 13 de julio al portal Aristegui Noticias.

Para el sentido común, la teoría de la fuga a través de las cloacas de la corrupción, labradas con millones de dólares pagados por Guzmán Loera, se impuso por encima de la postura gubernamental, la del túnel, cámaras ciegas y el reo que un día aparece rapado y al otro con pelo abundante.

Analistas, intelectuales, líderes de sectores y la opinión pública pusieron en tela de duda la viabilidad del túnel. El ingeniero civil, Marcelo Bárcenas, experto en mecánica de suelos y con experiencia en perforación de suelos en minas de Sinaloa y Durango, dice a ESPEJO que es técnicamente imposible hacer, sin que nadie se dé cuenta, una obra de ingeniería como la que usó Guzmán Loera para escapar.

“Si es que se hizo en un año, se necesitan al menos 30 trabajadores en tres turnos, maquinaria especial de perforación, camiones de volteo trasladando escombros, planos de seguridad y profesionistas de ingeniería. Es mucha gente trabajando que debió verla mucha gente”, sintetiza.

fuga_chapo3El eslabón Sinaloa

La fuga de Guzmán Loera ocurrió mientras el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, se hallaba de vacaciones por Europa. La convocatoria del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para establecer la alerta nacional en todos los estados, la atendió la delegación de la Procuraduría General de la República.

Mientras que para el Gobierno del Estado pasó de noche la fuga que, en efecto, ocurrió la noche del segundo sábado de julio, la PGR coordinó los operativos del Ejército y policías federales enfocados a una zona de alta prioridad en el plan de recaptura: los municipios de Culiacán, Badiraguato y Cosalá, en Sinaloa, y de Tamazula, Canelas, Topia y San Dimas, en Durango.

La proyección que la fiscalía general elaboró después de que el Chapo huyó del Altiplano señala que en las regiones norte y sur de Sinaloa podría recrudecer la violencia al intentar el fugitivo el control total del narcotráfico en Sinaloa para pretender desde aquí una alianza nacional de cárteles que vaya a la conquista del mercado internacional de drogas.

Las investigaciones en Sinaloa derivan en tres aspectos: uno, la recaptura de Guzmán en los municipios colindantes de Sinaloa y Durango; dos, los contactos que tuvo en prisión con abogados y familiares, como es el caso de la diputada panista Lucero Guadalupe Sánchez, quien supuestamente lo visitó en el penal del Altiplano y, tres, determinar si recibió apoyo del otro jefe del cártel de Sinaloa, Ismael el Mayo Zambada García.

La PGR, a través de la Subsecretaría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), coordinará las labores de inteligencia y recaptura que realizarán alrededor de 500 elementos de la fiscalía, Marina y Ejército, fuerza adicional a la que se desplegó desde abril pasado para la localización de José Caro Quintero, quien el 9 de agosto de 2013 también salió de un penal de máxima seguridad, pero por la puerta grande que le abrió el sistema de justicia.

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