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¿Star Trek o The Matrix? | El desafío del sistema económico

El capitalismo no debe excluir las necesidades humanas y los veredictos democráticos por encima del beneficio económico. La primera reunión del ex primer ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, con la troika de acreedores de Grecia reveló lo que para él es un desdén hacía la democrácia de parte de los tomadores de decisiones económicas. El entonces ministro de Finanzas llegó armado con […]

El capitalismo no debe excluir las necesidades humanas y los veredictos democráticos por encima del beneficio económico.

La primera reunión del ex primer ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, con la troika de acreedores de Grecia reveló lo que para él es un desdén hacía la democrácia de parte de los tomadores de decisiones económicas. El entonces ministro de Finanzas llegó armado con tablas y gráficos para argumentar que el programa de austeridad impuesto a Atenas era insostenible, y por lo tanto no produciría resultados deseables para Grecia o para sus acreedores. Como representante del gobierno de izquierda elegido con la promesa de reestructurar el programa de austeridad, Varoufakis era consciente de la necesidad de un tono moderado para aliviar los temores de un radicalismo salvaje y reconoció la necesidad de continuidad con los términos acordados por el anterior gobierno griego. Pero esperaba convencer a la troika para equilibrar las obligaciones del país con el deseo del electorado de tener un plan sostenible que les ofreciera más que solo penurias.

De acuerdo con Varoufakis, Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, interrumpió abruptamente su presentación, declarando: “Las elecciones no pueden permitir que se cambien las políticas económicas aplicadas a Grecia.”

Para Varoufakis, el encuentro con Schäuble dejó claro que los gestores económicos neoliberales ya ni siquiera pretenden respaldar el principio de democracia dejando, en este caso, a una Grecia enfrentada con un programa de austeridad cuyos efectos le impedirían alcanzar el crecimiento necesario para pagar sus deudas por su cuenta. Y, más ampliamente, que el futuro del capitalismo europeo estaba en un peligro cada vez mayor al ubicarse en medio de un creciente descontento electoral.

En declaraciones hechas este lunes en la New York City’s New School sobre el futuro del capitalismo y la democracia, Varoufakis distingue entre la antigua democracia ateniense -que daba la misma importancia a las opiniones expresadas por los ciudadanos independientemente de la riqueza que poseían – y su forma moderna.

Esta último, dijo, históricamente fue formada por los sistemas de desigualdad económica. La Carta Magna, señaló, negoció los derechos de los barones para prevenir al rey la caza furtiva de sus siervos: un “contrato social entre los señores y el monarca.” Eventualmente, esos señores fueron reemplazados por comerciantes e industriales, y después, por trabajadores organizados exigiendo su propia voz.

“El Estado moderno surgió como un mecanismo de regulación de los conflictos de clase,” dijo. “Esa es la democracia liberal”.

El supuesto de que el capitalismo está ligado de manera innata a la democracia liberal es reciente, sostuvo Varoufakis. La cobertura ideológica para este concepto, hoy en día, era “la ilusión de la economía, apolítica, ahistórica y matematizada”. Los economistas se ven a sí mismos como científicos sin necesidad de hacer uso de la historia – después de todo, ¿no están modelos científicos del pasado llenos de errores?

Pero la economía no es una ciencia, explica Varoufakis.

A diferencia de la física, donde los nuevos libros de texto ofrecen conocimientos más avanzados que los de sus predecesores, los economistas parecen tener una habilidad para ignorar las verdades pasadas.

Los modelos económicos de hoy no solo ignoran a la democracia, sino que se han incrustado en el comportamiento económico, influenciando a actores económicos, gestores de políticas económicas y gobernantes. En este sentido, advirtió citando a economistas clásicos (Smith, Ricardo, Marx y Schumpeter), que las políticas derivadas de la economía liberal reducen a los seres humanos a mercancías mecanizadas que en si mismas amenazan el futuro del capitalismo: Destruye la creatividad humana y la libertad, las cuales (entre otras cosas) generan nuevas ideas y tecnologías de productividad que crean beneficios para el capital.

Abundando en la paradoja: entre más éxito tiene el capitalismo en la mercantilización de los seres humanos, las cosas se vuelven peores para el sistema.

Impotentes y pobres, se degrada su poder de compra, y con el cae también la demanda agregada. Y la falta de respuesta a las necesidades humanas expresadas a través de la democracia – la que experimentó en su trato con la Troika – estimula rebeliones ciudadanas contra el sistema.

Varoufakis citó al economista Kenneth Arrow – cuyo teorema de la imposibilidad (también conocido como teoría de la elección social) muestra la dificultad de mostrar la voluntad común mediante procedimientos democráticos – para argumentar que la democracia sigue siendo la mejor opción que existe.

Así,  por más inteligentes y bien intencionados, los edictos de la tecnocracia no lograrán reflejar los intereses del pueblo. “La democracia es dialéctica,” explica Varoufakis, “es el sistema para las personas que no están seguros acerca de lo que piensan. No están seguros de lo que es bueno para la sociedad”. Sostienen, debaten y toman algo de cada uno para modificar su propia opinión.

Pero el capitalismo no siempre ha funcionado bien con la democracia. Del mismo modo que la noción de infierno era esencial para lograr la obediencia durante el cristianismo en la Edad Media, bromeó Varoufakis, la fuerza bruta del Leviatán (el Estado) garantiza el cumplimiento de las reglas del capitalismo.

La Constitución de los Estados Unidos, según él, fue diseñada para mantener a los pobres fuera de las palancas del poder, mientras que legitiman al sistema a través de su participación.

Las crisis llegan de cualquier manera.

La gran depresión conmocionó lo suficiente a las élites como para crear el sistema de Bretton Woods, un sistema financiero internacional que formalizó el papel imperial de Estados Unidos en el nuevo sistema económico global y que, junto con el Plan Marshall, sentó las bases de la expansión capitalista de la posguerra.

Pero la edad de oro del capitalismo no duró. La hegemonía de Estados Unidos declinó, y las grietas en el sistema aparecieron y se ampliaron. La Gran Recesión, como Varoufakis la vió, hizo ver a los ciudadanos que ni sus economías ni sus sistemas políticos estaban funcionando.

Con el tiempo, la desregularización y financiarización convirtieron a empresas como GM en algo así como “empresas financieras que además produce algunos autos”.

Varoufakis rechazó nuevos préstamos a Grecia ante la imposibilidad de modificar o invertir su programa de austeridad. Una austeridad continuada haría imposible crecer a Gracia, lo que significaría que pagar sus deudas solo sería posible a través de mayor austeridad y recortes en los presupuestos públicos, lo que llevaría a la economía a una recesión aún más profunda.

Para Varoufakis, esta política contraproducente ignora las lecciones de la recuperación de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo el perdón a la deuda alemana en 1953.

Al día de hoy, la zona euro sigue dominada por políticas que dan prioridad al pago de las deudas públicas sobre el crecimiento económico. Para Varoufakis, esto subraya la naturaleza de bancarrota de gran parte del pensamiento económico actual, ignorando los análisis de la crisis y las ideas alternativas para a afrontar el problema, incluyendo tanto el alivio de la deuda y el estímulo fiscal en lugar de la austeridad.

Varoufakis argumenta que el bloqueo de una política económica sensata alimenta el éxito electoral de nuevos partidos de izquierda, en Grecia y en España, pero también el aumento de los movimientos de derecha autoritarias, en un eco preocupante de la década de 1930.

Esta polarización también se puede ver en los Estados Unidos, con el éxito electoral de Bernie Sanders, pero también Donald Trump.

Y si el poder de toma de decisiones sigue moviéndose hacía “zonas libres de la democracia”, tales como la Unión Europea o empresas privadas, aparecerá el más polarizado de los futuros políticos, con oportunidades y riesgos asociados.

En un arranque de cultura pop, Varoufakis predice que, cuando las máquinas hayan pasado la prueba de Turing, cuando no se note si la persona al otro lado del teléfono es un ser humano o un ordenador y las impresoras 3-D puedan escupir cualquier tipo de objeto, la lógica del capitalismo se quebrará.

“En esta etapa”, advirtió, “la humanidad se enfrentará a la coyuntura.” O acabamos con una utopía tipo Star Trek, donde la capacidad tecnológica produzca riqueza para el bien común, o llegamos a la Matrix, una distopía en la que fuerzas invisibles se alimentan de la energía de las masas y las alimentan con ilusiones para mantenerlos callados. Con el tiempo, incluso las élites se convertirán en siervos de la máquina.

Según él, el antídoto para ese resultado es un régimen en la vena de la democracia ateniense: que refleje las voces de todos y sirva a las personas, tengan o no tengan dinero.

*El nuevo libro de Varoufakis’s ”And the Weak Suffer What They Must? Europe’s Crisis and America’s Future” fue lanzado el 12 de abril.
Vía: Institute for new Economic Thinking.
Nota del traductor: Para abundar en el contexto de una nueva fuerza de trabajo global y las nuevas formas de poder político supranacionales consultar los libros Imperio de Antonio Negri y Michael Hardt y La estetización del mundo de Gilles Lipovetsky.

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