Opinión

OBSERVATORIO | Ni Quirino, ni Cuen ni Heredia son el estadista que le urge a Sinaloa

Provoca una especie de escalofrío el desenlace ya escrito de la elección de gobernador de Sinaloa. El estremecimiento no es por el personaje que accederá al cargo sino por el vacío de autoridad que se agudizará en un momento en que la ausencia de gobierno arrodilla al estado (y al Estado) ante los diferentes tipos […]

Provoca una especie de escalofrío el desenlace ya escrito de la elección de gobernador de Sinaloa. El estremecimiento no es por el personaje que accederá al cargo sino por el vacío de autoridad que se agudizará en un momento en que la ausencia de gobierno arrodilla al estado (y al Estado) ante los diferentes tipos de delincuencia que ríen, a carcajadas, sabiéndose gobierno y sintiéndose ellos la única ley.

Es algo similar a conocer en vida el epitafio que estará sobre la tumba una vez muertos: el que venga a suceder en el cargo a Mario López Valdez, quien sea, habrá de postrarse ante aquellos que de facto gobiernan, sin haber más poder que el de los criminales de todas las raleas. El corrupto, indemne; el hampón, impune y los ciudadanos, desamparados.

Ninguno de los tres que puntean en la intención del voto —Quirino Ordaz Coppel, Héctor Melesio Cuen Ojeda y Martín Heredia Lizárraga— están pensando en actuar frontalmente contra quienes tienen a Sinaloa así. Al contrario, están acudiendo a ellos, a los eternos transgresores de la ley, para construir triunfos en las urnas y prolongarles la inmunidad transexenal. Ni el priista, ni el pasista ni el panista son ya, a estas alturas, un esbozo del estadista que le urge a Sinaloa.

Imposible también esperar que el fallo de las urnas legitime a quien obtenga mayoría. En caso de cumplirse el pronóstico del 50% de los electores participando, significaría que ni la tercera parte de casi dos millones de votantes, es decir, ni la sexta parte del total de habitantes, instalaría al nuevo régimen estatal aun concediendo que el ganador reciba 500 mil votos.

Este mes, mayo, ha contribuido a palidecer ese liderazgo emergente que la sociedad quiere construir con el voto, pero también en mostrar la vulnerabilidad que como ciudadanos tenemos debido a gobiernos malogrados y aspirantes a gobernador igualmente fallidos. Las tardes de Culiacán, o de cualquier otro lugar de Sinaloa, son cotidianamente un recuento de infortunios pudiendo ser oportunidades para la esperanza.

La brutal embestida contra policías que nos recuerda el dominio de la ráfaga, las estadísticas del Inegi que nos dan el deshonroso segundo lugar dentro de los estados más corruptos del país, la condena al uso de la tortura en Sinaloa como “método de investigación policiaca” que Amnistía Internacional denunció desde España, la resistencia a una ley de transparencia en verdad límpida y los soeces bailes del gobernador en medio de la desesperación de sus gobernados, no permiten olvidar que salvajismo, lujuria y rapiña no deletrean  presente y  futuro.

Vivimos en una feroz guerra contra nuestros miedos agravada por la incesante cantaleta de los pretensos a cargos públicos que remarcan las pesadillas de esta tierra que es rehén de mafias de sicarios y de malos políticos. Y los rumores: que es una elección de estado donde Malova vuelca todo el aparato público a favor de uno; que el capo más poderoso, el Mayo Zambada, apadrina a otro; que un tercero le apuesta a desacreditar el resultado electoral mediante la judicialización de los comicios…

Ensimismados en sus ambiciones inamovibles, los candidatos a gobernador oyen el seductor canto de las sirenas, pero no son capaces de escuchar el quejido social de desesperación. ¿Alguien se ha puesto a pensar, por ejemplo, qué sintió la familia de Héctor Raúl Benítez Verdugo porque Mario López Valdez y Sergio Torres Félix lo abandonaron a expensas del crimen, a cinco días de haberle quitado el cargo de secretario de Seguridad Pública de Culiacán? ¿Es suficiente el “murió en cumplimiento del deber” para los dos agentes de tránsito asesinados el 8 de mayo en el bulevar Pedro Infante o el policía municipal caído el 15 de mayo en la colonia La Campiña?

Un minuto de silencio —no de luto sino de reflexión— sería suficiente para que entendieran que la promesa demagógica de sus campañas amplía el presagio de tiempos negros, continuidad de las angustias, extensión de las frustraciones, agregándole bruma a la de por sí triste expectativa que los ciudadanos fincan en los políticos.

 

Re-verso

Sobre la herida abierta,

Caería bien un final,

Punzante, como la sal,

Una elección desierta,

Sin ningún fulano de tal,

Vencedor en la reyerta.

 

Ombudsman y siervo

La asignación a manera de botín de los cargos que deberían estar en manos de ciudadanos independientes de cualquier tipo de poder tiene su turno ahora en la Comisión Estatal de Derechos Humanos donde el gobernador Malova, con el auxilio de Jesús Enrique Hernández Chávez, presidente de la Junta de Coordinación Política de la 61 Legislatura, preparan la contratación del nuevo ombudsman al servicio de “Sinaloa S.A. de C.V.”

 

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas