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TEMA DE LA SEMANA | Horario de verano, ¿beneficios para quién?

A partir de este domingo 30 de octubre finaliza el horario de verano, programa que según el Gobierno Federal le ahorra al país 113 mil millones de pesos al año en costos de producción de energía eléctrica. A ciencia cierta, y más aún con el fiasco de la reforma energética en México, pocos conocen las […]

A partir de este domingo 30 de octubre finaliza el horario de verano, programa que según el Gobierno Federal le ahorra al país 113 mil millones de pesos al año en costos de producción de energía eléctrica. A ciencia cierta, y más aún con el fiasco de la reforma energética en México, pocos conocen las bondades de esta medida, pero los consumidores de electricidad sí saben que los beneficios para ellos no existen o se han retrasado.

Con aumentos de tarifas en dos meses seguidos, en julio y agosto de 2016, la Comisión Federal de Electricidad se percibió agresiva hacia sus usuarios y simultáneamente aniquiló algunos beneficios que se habían implementado a inicios del gobierno de Enrique Peña Nieto; arruinó también la propaganda oficial que nos decía que la electricidad es ahora más barata. La opinión pública corroboró que discurso y realidad transitan por vías opuestas.

Los dos aumentos consecutivos en electricidad—el primero de entre 2% y 5% para el sector industrial, de 5% a 7% para el comercio y de 6.8% para el sector doméstico de alto consumo, y el segundo de 5.2% a 7.5% para la industria, de 7.8% y 9% para el comercio y de 8.9% para el uso doméstico de alto consumo—significaron durante el año en curso un importante revés para la reforma energética, una de las estrategias estructurales icónicas de EPN.

Derribando la poca credibilidad que quedaba en pie de la promesa presidencial de generar con la reforma energética beneficios directos a la población, se registraron también aumentos a las gasolinas y, por si fuera poco, esta semana se dio a conocer que la paraestatal Petróleos Mexicanos reporta pérdidas de 118 mil 357 millones de pesos, en el tercer trimestre de 2016, por la caída del peso frente al dólar y menores ventas y producción de hidrocarburos.

¿Entonces qué ganamos los mexicanos con el cambio de horario y más concretamente que ha aportado a la economía familiar la reforma energética? ¿Qué diferencias hay entre quienes nos disciplinamos al horario de invierno y aquellos que se mantienen rebeles al mismo, como es el caso de Sonora? No hay respuestas y solo existe la evidencia de que el Gobierno deja caer todo el peso de sus decisiones sobre la población y en cambio él continúa operando un aparato público pesado y caro, corrupto y parasitario.

Al no tener un beneficio directo en los bolsillos de los mexicanos y sí alterar el reloj biológico de los ciudadanos, las razones económicas y comerciales del cambio de horario dejan de ser argumento convincente porque el ahorro que genera en las finanzas del país no comulga con prácticas dispendiosas de los gobiernos federal, estatales y municipales. A sectores productivos cada día más castigados y mexicanos en general con la pérdida constante del poder adquisitivo, lo que menos les importará en un futuro cercano es seguirles el juego a los políticos en el poder.

Es un hecho que esta vez la población implementará el cambio de horario en forma ordenada aunque esconda detrás de tal disciplina la decepción por políticas públicas que imponen decisiones y no exponen soluciones. Parafraseando a EPN, ningún mexicano se despierta pensando cómo joder a México, pero sí se levanta creyendo que ya estuvo bueno de que la ineptitud y demagogia de los gobernantes friegue más a los que menos tienen.

 

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