Opinión

Metrobús en Culiacán | Analizarlo e implementarlo entre todos

Una propuesta integrada y ciudadanizada de transporte masivo puede proyectar a Culiacán hacia la rentabilidad y armonía social y ambiental. Proponer oportunidades de movilidad en las urbes merece responsabilidad. El principio es sencillo: la movilidad se autopromueve, la dispersión genera movilidad y en sentido contrario la movilidad genera dispersión. Es decir, la cobertura del transporte […]

Una propuesta integrada y ciudadanizada de transporte masivo puede proyectar a Culiacán hacia la rentabilidad y armonía social y ambiental.

Proponer oportunidades de movilidad en las urbes merece responsabilidad. El principio es sencillo: la movilidad se autopromueve, la dispersión genera movilidad y en sentido contrario la movilidad genera dispersión. Es decir, la cobertura del transporte debe ser planeada sutilmente por el dónde y cómo.

O para resumir las cuentas, el transporte urbano no se puede tratar aisladamente, más bien se establece y se integra al territorio urbano y se decide qué sectores tienen mayor factibilidad de promoverse y cuáles no.

El caso del transporte concesionado de Culiacán tiene una dura carga en la rentabilidad de su flota y del negocio mismo. Su estrategia ha sido poco inteligente, toda la operatividad recae en los choferes, por ejemplo, tiempo, competencia con los demás vehículos por la vía, el cobro y la atención a usuarios, además de la difícil maniobrabilidad.

Por generaciones de gobernantes se ha presumido de la independencia económica de este “no sistema” pero ya no es buen negocio para nadie, por lo cual lo único que se tiene como resultado es la importancia de recoger gente y nada más.

En contraparte, algunos sectores no garantizan el suficiente flujo de población para la movilidad y finalmente son ignorados. Esas áreas se convierten en hoyos negros incomunicados, peligrosos y que finalmente permean a toda la ciudad.

En el caso de nuestro estado y municipios se les dejan solo los impuestos más difíciles de captación y no tenemos la posibilidad de la Ciudad de México para tener un transporte administrado solo por el Gobierno, muy posiblemente obeso operacionalmente, donde sí puede colaborar en el subsidio de las tarifas de dicho transporte, como las contribuciones directas de los impuestos de las gasolinas, tenencias y seguros automotrices.

El transporte público tiene dos objetivos contrapuestos: debe aumentar el bienestar del consumidor creciendo al mismo tiempo la rentabilidad del servicio. Y qué decir de promoverlo donde se debe, inhibiendo a través de los llamados impuestos al pecado pues hay que recordar que las clases sociales más desprotegidas tienen accesibilidad solo al suelo distante y poco oportuno, mientras las clases económicamente pudientes son las que acceden al mejor espacio. Esto se tiene que revertir desde la oportunidad que brinda el fincado de la movilidad.

Qué decir también de la oportunidad de integrarlo a la movilidad no motorizada, con estaciones de guardado de bicicletas, ciclovías y bicicleta pública (de renta), además de la accesibilidad universal.

El BRT (transporte de autobuses rápidos) sistematizados y de prepago es una buena alternativa para lograr estos y muchos otros puntos en una ciudad contemporánea, pero definitivamente es la oportunidad que no debemos dejar a las decisiones fast track del pasado.

No olvidemos la dictadura del Morrín que echó a perder cualquier posibilidad de éxito con sus proyectos verticales, pero tampoco dejemos solos a quienes ya tienen la intención de implementarlo.

 

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo