Opinión

Javier Valdez Cárdenas, una pedagogía para la vida y la paz

A dos semanas del artero asesinato de Javier Valdez Cárdenas su memoria se acrecienta cada vez más, por una sencilla razón ser un auténtico pedagogo de la vida y la paz. La esencia de su filosofía existencial era aportar un granito de arena en la construcción social de una sociedad más equitativa, democrática y humanista. […]

A dos semanas del artero asesinato de Javier Valdez Cárdenas su memoria se acrecienta cada vez más, por una sencilla razón ser un auténtico pedagogo de la vida y la paz. La esencia de su filosofía existencial era aportar un granito de arena en la construcción social de una sociedad más equitativa, democrática y humanista.

El periodista y escritor encontró en la palabra y la pluma la forma de narrar la realidad lacerante de Sinaloa y de México. Una realidad social, económica y política de la que casi nadie quiere ver ni escuchar, pero es una realidad que nos carcome a todos de manera silenciosa, que nos está matando lentamente en vida.

Los años que tenía escribiendo sobre el tema de la narcocultura de pronto se vieron truncados al traspasar esa línea invisible al ámbito de la narcopolítica. Su espíritu ya no encontró la paz ni la tranquilidad ante la toma de conciencia del peligro por intentar develar los intereses que subyacen en el mundo de los políticos y los cárteles del narcotráfico.

Poderes fácticos y poderes formales que se entrelazan en forma de un sistema económico y político sin fronteras, con gran influencia para imponer patrones culturales y pautas de comportamiento que les garantice mantener la concentración de la riqueza en unas cuantas manos a costa de la ignorancia, la pobreza y la marginación de la mayoría de la población.

Narrar las contradicciones culturales del capitalismo, y abordar el fenómeno de la violencia y la inseguridad -que nos afecta a todos por igual – describiendo que ello sólo puede ser posible con la complicidad de quienes se supone tienen la responsabilidad de salvaguardar la integridad de la ciudadanía; sin duda que tiene consecuencias que se pagan con la vida.

Su arma fue la palabra crítica que trataba de destruir los cimientos de la ideología del narcotráfico para reconstruir una sociedad de la paz y la armonía. Pero se topó con la corrupción entre autoridades de todos los niveles del Estado en complicidad con quienes dicen combatir. Una corrupción sin precedentes donde la guerra contra la delincuencia organizada, es una batalla perdida que lleva varias décadas y sólo ha dejado una secuela de muertes a lo largo y ancho del país.

La situación de un Estado fallido sordo -ante las voces de la sociedad que recomiendan atender la prevención y fortalecer la educación ciudadana por una cultura de la paz- e ineficaz le ha hecho merecedor por parte del sentir popular del calificativo de narcoestado.

En dicho contexto, también se suma la irritación social contra del Estado porque en lugar de haber apoyado el papel educador que Javier Valdez Cárdenas promovía, se hizo caso omiso de las amenazas que recibía del narcotráfico, dejándolo al desamparo con las consecuencias que han cimbrado a nuestra sociedad sinaloense, así como la consternación expresada en el ámbito nacional e internacional por la barbarie de su asesinato.

Vivir o morir,… morir o vivir, era el dilema con el que Javier Valdez se levantaba cada mañana. Su llamado de alerta ante el drama que viven los periodistas fue un grito al vacío.  No obstante, fiel a su concepción de lo que debe ser un periodismo valiente -en cada nota, en cada párrafo de sus libros, y en la cotidianeidad de su quehacer profesional y humano- persistió en su misión aún a riesgo de perder lo más preciado que es la vida.

Javier Valdez Cárdenas vivió intensamente sobre todo su etapa final presintiendo que la muerte estaba a la vuelta de la esquina. Las presentaciones de sus libros dan cuenta de su tarea educadora tratando de concientizar ante el escabroso tema del narcotráfico, sin distingo de si se tratara de un público diverso o bien una charla con estudiantes jóvenes de una escuela semiurbana. Ahí se hacía presente el personaje humilde, sincero y jovial, dispuesto a compartir su experiencia a lo que el denominaba “reportar el infierno”.

Agradezco a Javier Valdez Cárdenas, habernos escrito el prólogo del libro Narcotráfico e Identidad Juvenil que el tituló “Un faro de luz”, del cual se cita:

”En una sociedad que no se ve frente al espejo, con organizaciones enmudecidas, partidos y líderes silenciados, universidades extraviadas en el desierto de lo acrítico, el trabajo académico de estos investigadores asoma del otro lado de la bruma silente y macabra, como un faro de luz, una batalla ganada en la búsqueda del puerto seguro, un abono al conocimiento y contra la desesperanza”.

Es de mencionarse su coincidencia con las conclusiones del libro mencionado: la identificación de los símbolos de la narcocultura (el dinero, el arma de fuego, la vestimenta, la música, entre otros) y la interacción social con sus pares estudiantes, lleva a los jóvenes bachilleres a interpretar dicha simbología para dar una respuesta a la seducción del mundo del narco.

En este escenario de tensión entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte, la triada narcotráfico-identidad juvenil-educación juega un papel fundamental. Más aún, los patrones de conducta adoptados no son permanentes sino que los valores culturales son renegociados de manera sistemática. Proceso en el cual gradualmente se va desdibujando el umbral entre la vida y la muerte.

Por su obra publicada y su temple humanista Javier trasciende de “la voz de los sin voz” a “la voz de nuestra conciencia” de ahí que su muerte no lo silenció por el contrario sembró la semilla que se multiplicará en Sinaloa y en México, para continuar germinando su pedagogía para la vida y la paz. Javier Valdez… vive.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo