Justicia

El grito de justicia convoca una vez más a la sociedad para exigir que pare la violencia en Sinaloa

Pocas cosas logran unir tanto a los culichis como lo hace la indignación y la incompetencia de las autoridades al no poder brindar a sus ciudadanos seguridad de salir a la calle con libertad. Al cumplirse un mes del asesinato del periodista y escritor Javier Valdez Cárdenas, y debido a la incompetente respuesta que ha […]

Pocas cosas logran unir tanto a los culichis como lo hace la indignación y la incompetencia de las autoridades al no poder brindar a sus ciudadanos seguridad de salir a la calle con libertad.

Al cumplirse un mes del asesinato del periodista y escritor Javier Valdez Cárdenas, y debido a la incompetente respuesta que ha arrojado la investigación que realizan las fiscalías, la sociedad decidió tomar las calles una vez más para gritar lo que está tardando en llegar: ¡Justicia!

Eran ya pasadas poco más de las cinco de la tarde y la gente empezaba a reunirse frente a Catedral para emprender una marcha que culminaría en el Palacio de Gobierno. En un principio se veía que serían pocos participantes, quizá por el día entre semana, quizá por la hora o quizá por el intenso calor que cubría a la ciudad. Sin embargo, los ánimos nunca decayeron y en cuestión de minutos ya se habían sumado muchos contingentes más.

A diferencia de otras marchas, esta no tuvo un cierre de calles con anterioridad, al parecer las autoridades tampoco se había percatado de la movilización hasta que la gente comenzó a aglomerarse pues fue cuando decidieron entrar en acción y redirigir las rutas para el tráfico, o quizá estaban en el festejo del Día del Policía.

Eran las seis de la tarde ya y la caminata comenzaba. Ya se podían ver con mayor claridad a periodistas, reporteros, empresarios, líderes sindicales, empleados, madres con niños en los brazos, pequeños jóvenes revolucionarios, artistas, incluso hasta mascotas… todos exigiendo un alto a la violencia; todo en un grito que también se transformaba en esperanza para aquellas madres que han perdido a sus hijos, para aquellas personas que un día dejaron de saber de sus amigos o compañeros, para esos niños que han quedado huérfanos. Todos podrían fácilmente traducirse como un “no estás solo; esta también es mi lucha”.

La marcha prosiguió tranquilamente hasta Palacio de Gobierno. Ni los rayos del Sol, ni la lejanía de un punto a otro, ni el abrumador calor pudieron hacer que los ánimos decayeran, al contrario, todo ello parecía convertirse en combustible para aumentar la llama interna que buscaba alivio, un alivio para la libertad que el crimen organizado arrebató.

Al llegar a la explanada de Palacio de Gobierno todo se paralizó, la gente se polarizó y emergió luego en un gran grito de justicia que se replicaba constantemente. Ya no había forma de distinguir quién pertenecía a un grupo y quién a otro; ahora los periodistas estaban con los jóvenes, las madres y sus hijos con los políticos, los empresarios con los artistas, en fin, todos terminaron conformando una gran voz que lanzaba gritos de desesperación.

Previo al pronunciamiento por parte de Ismael Bojórquez, director de Ríodoce y compañero de Javier Valdez, un grupo de jóvenes revolucionarios tomó pintura blanca y a modo de protesta escribió en el suelo de la explanada del Palacio de Gobierno la frase: JUSTICIA JAVIER VALDEZ.

El último acto en esta ocasión fue un pronunciamiento por parte del director de Riodoce, un manifiesto donde rechazaban completamente la forma de actuar de las autoridades ante la situación tan crítica que vive Sinaloa y que ya a estas alturas tratar de ocultarlas es como querer tapar el sol con un dedo.

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