Opinión

El cruel rescate de Mazatlán | Guerra entre y contra narcos

Recuperar el sur de Sinaloa es prioridad estratégica tanto para el Gobierno como para los cárteles de las drogas, al ser para el primero el punto bajo observación de la comunidad turística internacional y representar para el negocio del narco la puerta abierta o cerrada para que entren o no al estado otras células criminales. […]

Recuperar el sur de Sinaloa es prioridad estratégica tanto para el Gobierno como para los cárteles de las drogas, al ser para el primero el punto bajo observación de la comunidad turística internacional y representar para el negocio del narco la puerta abierta o cerrada para que entren o no al estado otras células criminales.

Ahí, en los municipios de Mazatlán, Concordia, Rosario, Escuinapa y parte de San Ignacio es donde se librarán en las semanas próximas las guerras entre los cárteles de Sinaloa y de Jalisco, así como del Gobierno contra las bandas criminales, y viceversa.

A raíz de que la Secretaría de Turismo federal detectó a mediados de junio el riesgo de que algunos países retiraran su asistencia al Tianguis Turístico Mazatlán 2018, debido a la violencia desbordada en Sinaloa, situación que sí sucedió y el Gobierno ocultó, el Gabinete de Seguridad Nacional decidió acciones policiacas y militares para mantener a raya a las narcogavillas que se refugian en la zona limítrofe de Sinaloa y Durango.

Se trata de gatilleros de Jalisco y Nayarit miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación que con frecuencia se acercan a Villa Unión y Mazatlán en el asedio sobre el apetecible tesoro de la producción y trasiego de drogas que es Sinaloa. Inclusive el Ejército ha detectado que comandos del CJNG han roto el cerco que sus rivales mantienen desde Elota hasta El Carrizo.

Inclusive en las reuniones de Inteligencia Militar existe la hipótesis de que con los hechos del 26 de junio en el restorán Mar and Sea, donde un grupo de comensales fue secuestrado y horas después liberado, el CJNG penetró por vez primera el santuario del narco que Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García mantuvieron libre de intrusiones.

Con sus cuarteles en la sierra de Durango, el segundo cártel más poderoso del país ha capitalizado pacientemente la reyerta interna en la organización criminal local que se confronta intramuros por el ala cuyo mando quedó acéfalo desde la extradición a Estados Unidos del Chapo Guzmán.

El choque entre la célula armada del CJNG y fuerzas de reacción del Gobierno, que el sábado ocasionó 19 muertos en la sindicatura de Villa Unión, constituye la primera baja importante en los bandos del narcotráfico que libran una guerra en el sur de Sinaloa, pero es sobre todo el resultado inicial de los operativos para rescatar a Mazatlán del acecho de la delincuencia.

El Ejército, la Marina y las policías federal, estatal y municipales tienen la orden de limpiar el sur de cualquier amenaza criminal que ponga en riesgo la realización en febrero de 2018 del mayor evento y escaparate de la industria turística nacional.

Eso es lo que ha empezado con el cruel saldo inicial que ya conocemos y cuyo desenlace se avizora más sanguinario. Balance trágico que significa la primera medalla de guerra que se cuelga en Sinaloa el general Genaro Robles Casillas, secretario de seguridad pública del gobierno de Quirino Ordaz. Guerra que quiere ganar el Gobierno de Sinaloa sin tener que pactar la pax narca para Mazatlán y el resto del sur sinaloense.

 

Re-verso

Sea criminal o inocente,

Sea en valles o la sierra,

La sangre de esta gente,

Igual anuncia la guerra.

 

Reencuentro inminente

De acuerdo con los cálculos castrenses, el avance en Sinaloa del Cártel Jalisco Nueva Generación va a ocasionar pronto que se compacte de nuevo el Cártel del Pacífico para contener esta acometida, llamado a la reunificación en el que ha insistido el jefe emblemático de la organización. ¿O ya se dio el reencuentro?

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