Ciudadanía

Las cosas por su nombre | ¿Hace falta un ABC para comprender la diversidad sexual?

Ante las recientes publicaciones de medios locales sobre la trágica muerte de un miembro de la comunidad LGBT en Culiacán, en la que calificaban como “un hombre vestido de mujer” a quien perdiera la vida en el trágico incidente, activistas y otros miembros del movimiento que buscan reivindicar la diversidad sexual, se han manifestado en […]

Ante las recientes publicaciones de medios locales sobre la trágica muerte de un miembro de la comunidad LGBT en Culiacán, en la que calificaban como “un hombre vestido de mujer” a quien perdiera la vida en el trágico incidente, activistas y otros miembros del movimiento que buscan reivindicar la diversidad sexual, se han manifestado en contra de la falta de inclusión y respeto por parte de estas líneas editoriales.

A pesar de los esfuerzos por parte de activistas y organizaciones civiles para concientizar a la población culichi con respecto a la diversidad sexual, son muchos los que se oponen a la apertura de la ciudadanía, que en mayor o menor medida se ha venido sumando a este movimiento que ha tomado fuerza a raíz de la cultura pop, que a nivel mundial ha enaltecido la igualdad y la aceptación de todas las muestras de diversidad sexual.

Independientemente de que se comulgue o no con los ideales de la comunidad LGTB o incluso cualquier otro tipo de minorías señaladas, es de suma importancia que los medios de comunicación tengan la convicción de redactar objetivamente sus publicaciones tomando en cuenta la sensibilidad de la sociedad y la importancia de llamar a las cosas por su nombre.

Son los estigmas arraigados a los viejos estilos de redacción y la diferencia generacional que existe entre los grupos de trabajo de los medios los han creado estas brechas y estos errores que como casos aislados van sumándose a los vicios de los periodistas en cuanto a su narrativa que busca abordar temas demasiado dóciles para un sector marginado, con un lenguaje que no dista mucho de la ignorancia y que ha demostrado no haber adaptado su lenguaje al siglo XXI.

Pero no se trata solo de los medios, en realidad son muchos sectores los que desconocen los términos adecuados para expresarse, como en el caso de la diversidad sexual y sus siglas que cada vez parecen aumentar más y más letras formando casi un trabalenguas, que para quienes ignoran lo vasto e integral que es este movimiento resulta bastante difícil de comprender.

Desde el desliz de Javier Lizárraga Mercado, hasta llegar a las recientes y para nada incluyentes publicaciones de medios locales, se ha puesto de manifiesto lo mucho que nos falta por aprender en Sinaloa sobre la diversidad sexual, sobre todo entre aquellos que han asumido la responsabilidad de  informar y formar ciudadanos. No nos vendría nada mal un ABC sobre términos que forman parte de la cultura popular, aunque estos vayan en contra de las doctrinas empresariales o las posturas personales y se concentren en la objetividad que debe caracterizar a los medios, que tienen el riguroso deber de decir las cosas como son.

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