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La tragedia vuelta ícono | Frida Kahlo: ¡qué manera de no morir!

La figura de Frida Kahlo ha logrado trascender de una manera impactante sobre la mayoría de los artistas mexicanos de su generación, convirtiéndola en el ícono de la cultura pop mexicana más relevante a nivel mundial. Aunque su obra y su talento han sido cuestionados y criticados de manera contundente a través del tiempo, es […]

La figura de Frida Kahlo ha logrado trascender de una manera impactante sobre la mayoría de los artistas mexicanos de su generación, convirtiéndola en el ícono de la cultura pop mexicana más relevante a nivel mundial. Aunque su obra y su talento han sido cuestionados y criticados de manera contundente a través del tiempo, es su estilo y la imagen de la mujer mexicana que logró consagrar en la moda internacional la que la vuelve el referente más importante del folclor mexicano en el mundo.

Ya hemos escuchado en repetidas ocasiones que se trata de una pintora sobrevalorada, que tal vez Diego terminaba sus pinturas inconclusas y que la mayoría de las frases poéticas de desamor que se le atribuyen jamás fueron pronunciadas por sus labios. Pero si analizamos la tragedia que resguarda su legado en el sufrimiento que se emulsiona con la esperanza de su obra y el mito de su historia que se ha contado de más de mil formas para coronarla como la mártir del arte en México, nos daremos cuenta de que Frida es más que la mujer con flores en la cabeza que todos nos pintan.

Entre el feminismo que le adjudican y le reclaman, el insalubre amor por Diego y la afición de lanzar su tristeza en caída libre a sus lienzos, es Frida Kahlo la mujer que con una actitud imponente logró abrirse paso en un gremio dominado por los hombres y con un estilo poco convencional para la época. Es su obra tan transparente, fácil de impactar y conmover la que la separó de otras pintoras reconocidas como Leonora Carrington y Remedios Varo, que han sido más elogiadas por su trabajo, pero no han tenido los alcances y el apego a la cultura pop, misma que Frida permeó de su figura.

Han pasado ya 63 años de la muerte de la heroína del folclor mexicano, aunque sean los precursores de este movimiento los que renieguen de la artista, es ella quien ha colocado la cultura de las etnias de nuestro país en el mapa mundial, siendo inspiración para un sinfín de diseñadores, campañas de moda, movimientos civiles y artísticos. Le ha dado otra vista al mexicano en el exterior, más allá de la caricatura del indio durmiendo bajo un cactus o un nopal.

Ahora vemos a Beyoncé vestida como Frida en alguna celebración, a Coldplay llamando a su disco “Viva la vida” en honor a la última pintura de la artista; decenas de pasarelas, Valentino o quizás Givenchy apropiándose del estilo de la multifacética artista, sesiones de fotos tomando el look de la que sigue siendo la mexicana más famosa del mundo, la Casa Azul convertida en uno de los atractivos más importantes de la Ciudad de México e incluso frases de rabia, dolor, aceptación y hasta de amor que se le atribuyen y que día con día decoran selfies en Instagram o publicaciones en Facebook o Twitter.

Demasiado valiente para su época, demasiado talentosa para pasar desapercibida y ahora demasiado inmortal como para olvidar sus pasos y sus trazos. Frida le ha dado a los mexicanos una perspectiva diferente de la mexicanidad, un perfil más diverso a la belleza, una plataforma muy alta al arte nacional y un testimonio acertado al consejo de vivir la vida al límite. ¡Qué manera de no morir!

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