Culiacán

Historias de histeria | ¡Abran paso, llegó la más perra!

En la ciudad de Culiacán,  los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de […]

En la ciudad de Culiacán,  los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Era un lunes a las 3 de la tarde y el centro de Culiacán no podía estar más lleno, la gente iba de lado a lado, cruzando por los  peatones, caminando por las banquetas y encondiéndose del sol.

Alma es costurera, venía de prisa a las tiendas de tela por 10 metros de tul, botones y agujas para su máquina de coser. Con prisa llegó derritiéndose a las puertas de Parisina,  que se convirtieron en la entrada al cielo, luego de pasar por el infierno que simboliza el clima de la ciudad. Ya adentro y después de descansar un poco se apresuró a elegir rápidamente el tul perfecto para el vestido que se encontraba manufacturando para una de sus sobrinas.  Después de un rato encontró el rosa adecuado para su creación y se propuso a pasar al área de mercería para hacer su pedido.

La tienda estaba llena a más no poder.  Aunque la atendieron rápido, la fila para pagar era inmensa y solo estaban cobrando en una de las 3 cajas disponibles. Luego de un buen rato de espera la fila avanzó hasta que solo faltaban dos personas para que llegara su turno, fue entonces que la pesadilla comenzó… desde atrás de la fila, empujando a los demás consumidores se acercó una voluptuosa mujer, no precisamente delgada, pero “arreglada”, quizás demasiado para ir a comprar tela, de apariencia recia y sonrisa provocadora, disfrutando dejar atrás a quienes hacían fila y dispuesta a llegar a la caja de manera directa, mientras una amiga le sostenía más de 8 tickets en las manos.

Fue entonces que Alma escuchó justo atrás de ella –quítate- mientras la estudiante de enfermería a que le seguía en turno se hacía a un lado y los demás murmuraban -¿Por qué se mete?- fue entonces que ella volteo y les dijo –Por que soy una perra- y se mantuvo dispuesta a quitar a Alma que estaba a punto de pagar. Cuando llegó con Alma de apariencia callada y baja estatura, la autoproclamada ‘perra’ le sugirió quitarse, pero Alma se hizo la occisa y le entregó las notas de venta a la cajera, que le cobró de manera veloz para seguir con la antagonista y salir de ese mal paso.

Alma salió casi huyendo de las instalaciones cuando de repente lo sintió, alguien estaba tirando de su cabello mientras le acercaba la  boca al oído asustado y le susurraba –Eres muy atrevida,  ¿sí sabes que yo te puedo matar, estúpida? Mientras tiraba más y más fuerte de su melena. Alma no supo qué decir, se quedó como ida ese momento hasta que sintió que la mano de la mujer la soltaba lentamente y le decía –Así me gusta, que me tengan miedo- mientras se reía de manera macabra y le daba espacio a su víctima para que huyera.

Alma duró buen rato sin regresar a la Parisina y prefería mandar a sus sobrinas por sus encargos.

El recuerdo de ese momento la ponía helada, aunque ahora cuente la anécdota como un chascarillo en las reuniones familiares.

Esta es solo una de las muchas anécdotas de culichis que como Alma se han enfrentado a situaciones incómodas producidas por la actitud de algunos alterados que viven su vida como una narcoserie y se sienten reyes de una ciudad como Culiacán que no dista mucho de esa fantasía y en ocasiones aplaude este tipo de escenarios.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

 

 

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