Opinión

OBSERVATORIO | La fiesta de los orates; saldos de una traición

Es erróneo pensar que las derrotas asestadas por el Congreso del Estado a la sociedad sinaloense se reducen a fiesta para unos y frustración para otros. Es mejor verlo como el alto costo que tienen para Sinaloa y las facturas que habrán de pagar los que traicionaron. A los partidos Revolucionario Institucional y Sinaloense se […]

Es erróneo pensar que las derrotas asestadas por el Congreso del Estado a la sociedad sinaloense se reducen a fiesta para unos y frustración para otros. Es mejor verlo como el alto costo que tienen para Sinaloa y las facturas que habrán de pagar los que traicionaron.

A los partidos Revolucionario Institucional y Sinaloense se les nota un tonto triunfalismo porque a pesar de la protesta ciudadana aprobaron las reformas a los artículos 37 y 43 Constitucional y las cuentas públicas del último año del sexenio de Mario López Valdez. De ese nivel es la indigencia política que tenemos.

De vuelta a los tiempos priistas de la llamada dictadura perfecta, pero ahora con un raitero en el carromato de los gorilas, el show del PRI da para vergüenzas no para exhibiciones. Inclusive muchos priistas que son parte de la cúpula dirigente experimentaron cierto sonrojo al ver que el gobernador Quirino Ordaz Coppel metía al partido en el mismo lodazal del desfalco malovista. Se puede ser puerco pero no tan trompudo.

Algunos diputados del PRI y el PAS traen un ánimo festivo que no pueden con él y les han ordenado a sus corifeos, igual de deshonestos, que alardeen la conmemoración. Es tanto como un obispo riendo a carcajadas en el velorio del Papa.

Uno quisiera pensar que Ordaz Coppel está ajeno a esa sonrisa de oreja a oreja que traen los corruptos malovistas y los diputados que le solaparon sus peculados, sin embargo, a estas alturas ya nadie sabe qué quiere, quién es y de qué material está hecho el gobernador.

Si tan siquiera se pudiera saber por qué Quirino viró hacia el encubrimiento en aquellas políticas públicas contra la corrupción que los sinaloenses se las tomaron en serio. ¿Qué le pasó para exponerse a ser burla de los que antes eran presuntos culpables?

A no ser que en las próximas horas enseñe mano firme llevando ante los tribunales a los que cometieron delitos de cohecho, no habrá un lugar de Sinaloa en que pueda meterse el gobernador sin sentir esa mirada recriminadora de ciudadanos que se sienten estafados.

La etapa que vive Sinaloa es lamentable e involutiva. Que festejen los orates el triunfo de los corruptos y la legitimación de la opacidad; que se gasten los priistas y pasistas cientos de millones de pesos en dinero que no es suyo para convencer a la gente de que hicieron lo correcto. Hagan lo que hagan el error que cometieron ni se esconde ni se perdona.

La caterva de tarados que celebra lo que a todas luces es infestejable no alcanza a ver la punta del cuchillo que se blande incluso contra ellos. Ahí tienen la primera consecuencia de la falacia “menchaquista” de “despolitizar las cuentas públicas”: la impunidad a los desfalcadores.

A veces tiene razón la ciudadanía al plantear desde su sentido común que quizás en Sinaloa viviéramos mejor sin la retrasada estirpe política que tenemos. Al menos el jueves de la semana pasada se afianzó tal conjetura social.

Y en tanto llega el momento de ajustar cuentas, en las urnas, con quienes se mofaron del reclamo de justicia para los corruptos, dejémoslos que se rían de sus propias miserias.

 

Re-verso 

En la fiesta, sin embargo,

Donde la inmundicia rola,

Ni bajo el mantel tan largo,

Pueden esconder la cola.

 

Corre tiempo

Los atropellos a las garantías ciudadanas que cometió la 62 Legislatura contra sinaloenses que ejercían el derecho a manifestarse, requieren de una disculpa pública del Congreso, a no ser que los diputados quieran ser tratados a como ellos tratan. Las libertades se respetan y fomentan. ¿Se acuerdan?

 

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