Opinión

OBSERVATORIO | Javier Valdez: balas de más. A 3 meses, 100 ineptitudes

A las trece balas que dispararon contra Javier Valdez Cárdenas los cobardes que le arrebataron la vida, el Gobierno y las fiscalías le han añadido la impunidad lanzada a mansalva, aquella que remata a la víctima, reanima a los victimarios y asesina en los deudos la fe en la justicia. En los 92 días de […]

A las trece balas que dispararon contra Javier Valdez Cárdenas los cobardes que le arrebataron la vida, el Gobierno y las fiscalías le han añadido la impunidad lanzada a mansalva, aquella que remata a la víctima, reanima a los victimarios y asesina en los deudos la fe en la justicia.

En los 92 días de los tres meses que se cumplen hoy, la capacidad para evadir la ley que muestran los asesinos del periodista Valdez Cárdenas ha estado por encima de la incompetencia criminalística y la desidia política por encontrarlos, que muestran la Fiscalía General del Estado y el gobierno de Quirino Ordaz Coppel.

No se diga de la Fiscalía Especial de Atención a Delitos contra la Libertad de Expresión, que de pronto desapareció de Sinaloa y que en el breve tiempo que estuvo aquí remarcó una huella más de impunidad. Mucho más lejana de la congruencia quedó la palabra que empeñó el presidente Enrique Peña Nieto al comprometerse a resolver este hecho.

El gobernador Ordaz Coppel apremió hace una semana al fiscal Juan José Ríos Estavillo a que avance en las investigaciones al ser, reiteró, “una prioridad total y absoluta de mi gobierno que se esclarezca el caso”. Al mandatario lo exaspera la rasgadura que ocasionó en su investidura el mismo plomó que mató a Valdez.

Mucho tiempo, gobernador, y nada de resultados. A partir de este 15 de agosto la carpeta de investigación se encaminará a los 100 días sin resultados concretos, a no ser que en el hermetismo del Ministerio Público se asome una respuesta satisfactoria para las próximas horas.

De no haber respuestas fincadas en el marco legal antes del 23 de agosto, los 100 días acabarán de matar a Javier Valdez pues será tiempo que corrió en contra de cualquier trabajo pericial que se haya hecho. Los indicios del homicidio no estarán ahí hasta que las fiscalías quieran verlos, mientras los criminales también hacen lo propio para desvanecer las pistas que dejaron regadas.

¿Cómo se cuentan los días para las autoridades indolentes, las familias agraviadas y el periodismo directamente victimado? ¿Por qué llega con cada jornada perdida el presentimiento de la mano criminal incitada por autoridades ineptas? ¿Quién asesinó a Javier Valdez como para no pagar ya las consecuencias jurídicas de tal delito?

Para la justicia y para los agraviados por la violencia las horas se marcan en distintos relojes. En la primera, la ineficiencia es la que mueve las manecillas; el dolor y la impotencia activan el minutero en el tiempo de los deudos. El tic tac de las instituciones hace de cada segundo el eterno lapso de la desidia; para las familias de los inmolados es el conteo punzante que le marca el ritmo a la desesperación.

Las tardanzas de la ley son balas agregadas contra la memoria del periodista que advirtió los altos riesgos de un gremio y un oficio, e inclusive profetizó la impunidad que sobreviene con la mortaja. Por cada uno de los cien días sin justicia, corroboramos que la muerte auténtica no ocurre cuando te matan los sicarios sino una vez que el Estado determina asesinarte con balas de olvido y desidia.

 

Re-verso

Cien fechas arrancadas,

Del almanaque sin ver,

A fiscalías empeñadas,

En darle justicia a Javier.

 

Atisbos de justicia

La investigación de la Fiscalía General del Estado que esclareció el asesinato de dos enfermeras y un joven acompañante, en Mazatlán, sí es la luz al final de la cueva donde nos tiene cautivos la delincuencia. Vayamos, fiscal Ríos Estavillo, a resolver otros casos que nos arrinconan en el terror.

 

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