Sociedad

Los hijos de la calle | Tres generaciones que han crecido en la miseria

Quizás sea por la incapacidad de un sistema educativo formal, el empobrecimiento socioeconómico de las familias y los altos niveles de violencia en los contextos familiares y comunitarios, que han orillado a los niños a abandonar sus casas y hacer de las calles su nuevo hogar, un mercado que proporciona a quienes la habitan dinero, […]

Protesta en Av. San Martin y Andresito,Alimentos en mal estado.-
Red.
Foto Marcos Otaño

Protesta en Av. San Martin y Andresito,Alimentos en mal estado.- Red. Foto Marcos Otaño

Quizás sea por la incapacidad de un sistema educativo formal, el empobrecimiento socioeconómico de las familias y los altos niveles de violencia en los contextos familiares y comunitarios, que han orillado a los niños a abandonar sus casas y hacer de las calles su nuevo hogar, un mercado que proporciona a quienes la habitan dinero, comercio y ejercicio precoz de la sexualidad.

Según datos de la Encuesta Intercensal 2015 del Inegi, uno de cada dos niños se encuentra en situación de pobreza, condición que los coloca en riesgo y alta vulnerabilidad; un importante número de ellos vive situaciones permanentes de violencia psicológica, física y sexual, propiciadas por el abuso de alcohol y drogas en casa, así como la carencia de relaciones positivas y de un proyecto de vida entre los integrantes de la familia.

La década de los 90 supuso un boom para la población callejera. Los infantes comenzaron a ocupar más la calle y el fenómeno social de los desamparados se hizo más notorio. Sin embargo, hoy ya los consideramos parte del paisaje urbano, es decir, se han vuelto a invisibilizar. Se trata de menores en situación extraordinaria, de una minusvalía; un grupo al que había de proteger con medidas asistencialistas y proteccionistas, niños trabajadores, indígenas, migrantes.

Después de que se diera esta visibilidad surgieron alrededor de la república organismos civiles, algunos con medidas asistencialistas, otros desde la mirada proteccionista y un sinfín de campañas mediáticas para rescatarlos del espacio público.

Los derechos de la población callejera han sido vulnerados: desde el mismo núcleo familiar, la comunidad educativa, los servicios de salud, hasta la sociedad en general. El asistencialismo es un remedio inmediato, pero no considera soluciones a largo plazo.

Considerar al niño como sujeto de derecho, permite establecer perfiles de la población, identificar a la que habita en la calle, analizar la relación con su espacio, detectar ciertos matices de este fenómeno social.

“No son iguales los grupos que habitan esos espacios, por lo que deben proponerse estrategias focalizadas de acción y diferenciar sus problemáticas”, señaló Pedro Hernández, académico de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Se trata de un ambiente conocido por todos, una escena que retrata la decadencia de las ciudades, los fallos del gobierno y la indiferencia de la sociedad ante la marginación de uno de los sectores más vulnerables de la ciudadanía. Ya son tres generaciones que crecen en la miseria y en el olvido, que alimentan círculos señalados y criticados, pero jamás tratados de la manera adecuada como la drogadicción y la prostitución y que llevan a estos pequeños protagonistas a tener trágicos y oscuros desenlaces.

 

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