Opinión

El análisis de Óscar Fidel González Mendívil | Cara de delincuente

Según San Andrés, el que tiene cara de delincuente, seguramente lo es. —Lo acabo de inventar. Delincuentes o transgresores del orden siempre ha habido. El estudio del por qué alguien es delincuente es reciente, desde la perspectiva del desarrollo biológico y cultural de los seres humanos. Lo que significa que llevamos más tiempo agrediendo al […]

Según San Andrés, el que tiene cara de delincuente,

seguramente lo es.

—Lo acabo de inventar.

Delincuentes o transgresores del orden siempre ha habido. El estudio del por qué alguien es delincuente es reciente, desde la perspectiva del desarrollo biológico y cultural de los seres humanos. Lo que significa que llevamos más tiempo agrediendo al prójimo que tratar de explicarnos por qué lo hacemos.

Apenas en el siglo XIX el doctor Cesare Lombroso proponía su teoría del criminal nato, o sea, sujetos destinados a delinquir por sus tendencias y condiciones. En 1876 publicó en Milán su libro conocido como El Hombre Delincuente y en él explicó su tesis y además dio origen a la ciencia de la Criminología.

El criminal nato era un ser atávico, no evolucionado, agresivo, que conservaba características físicas de los antepasados del homo sapiens. En palabras de Antonio Sánchez Galindo: “Lombroso, en su fervor y rigor científicos, en Pavía, mientras estudiaba los cráneos de los delincuentes, repentinamente localizó una foseta occipital, como la existente en los antropoides, en el cráneo de un célebre delincuente”.

Y si el cráneo del criminal tenía características especiales, entonces el rostro debía poseer rasgos distintivos. Debía ser posible identificar a un delincuente, consumado o en potencia, solo por las facciones en su cara. ¡Qué avance para la ciencia! Claro, si el argumento hubiera sido cierto.

G.K. Chesterton se burlaba de estas nociones: “No existe un hombre que sea realmente bueno mientras no sepa cuan malo puede llegar a ser… hasta que no se ha desprendido de su autoengaño, hablando acerca de las clases y tipos bajos y cráneos deficientes… y hasta el momento en que no tenga la convicción de que ha capturado un criminal y lo tiene bien guardado debajo de su propio sombrero”.

A pesar de estas objeciones, la idea de que los delincuentes tienen cierta facha sigue siendo muy atractiva para ciertos individuos. Sujetos que definen o aplican la política criminal. El delincuente tiene cara de pobre o de gitano o de judío, árabe, centroamericano o mexicano. El rostro del criminal se encuentra en el ojo de quien aplica la etiqueta.

Y entonces llegó el iPhone X. Este gadget viene con un sistema de reconocimiento facial integrado que va a permitir a sus dueños desbloquear el teléfono con solo mirarlo. El móvil reconoce a su propietario gracias a un mapa en 3-D que se genera a partir de la proyección de 30 mil puntos infrarrojos sobre el rostro de la persona.

La idea es facilitar la función de desbloquear. Algunos policías norteamericanos están encantados con esta tecnología que, piensan, les permitirá acceder a los dispositivos sin forzar a las personas detenidas a entregar sus claves.

La Quinta Enmienda a la Constitución de los EE. UU. protege a las personas al darles el derecho de negarse a entregar información que pudiera incriminarlos, como las contraseñas de aparatos electrónicos. Pero la cara no es información que das, es parte de tu ser y para algunos estudiosos, los atributos físicos de la persona no alcanzan la protección de la enmienda.

Por supuesto, hay quien disiente de esta manera de ver las cosas y sostiene que el acto de desbloquear un dispositivo, sea por huella digital o reconocimiento facial, es un proceso de comunicación en el que el usuario le dice al aparato una especie de “ábrete sésamo, soy yo”. Al ser una comunicación, debe estar protegida por la enmienda. A fin de cuentas, todos coinciden en que el asunto se resolverá en los tribunales cuando se presenten los casos reales.

¿Y en México? Desde octubre de 2012 la Suprema Corte de Justicia, a través de su Primera Sala, decidió que el derecho de las personas a que sus comunicaciones privadas sean inviolables se extiende a los datos almacenados en el teléfono celular de un detenido.

De acuerdo con esta decisión, la policía puede asegurar el móvil de un imputado pero no puede acceder a sus datos y debe ponerlo a disposición de un agente del Ministerio Público junto con el detenido. La Fiscalía tampoco puede desbloquear el aparato sin la autorización de un juez. En caso de que se extraigan los datos sin seguir estas reglas, las pruebas serán ilícitas y carecerán de valor.

Así que, paisano, guarda el dinero que ibas a usar para comprarte la dichosa máscara.

 

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