Opinión

OBSERVATORIO | Vive el buen periodismo. El tenaz Marcos Vizcarra

Forjado en la talacha de un periodismo abnegado, Marcos Vizcarra alcanza dos de los más grandes pódiums internacionales reservados para el honor de reporteros profesionales y sagaces. Lo logra a sus 29 años, de los cuales apenas ha entregado seis a este oficio, circunstancia que lo proyecta y lo reta a ser uno de los […]

Forjado en la talacha de un periodismo abnegado, Marcos Vizcarra alcanza dos de los más grandes pódiums internacionales reservados para el honor de reporteros profesionales y sagaces. Lo logra a sus 29 años, de los cuales apenas ha entregado seis a este oficio, circunstancia que lo proyecta y lo reta a ser uno de los mejores en su género no solo de Sinaloa sino de México.

Siempre va por el mundo con la curiosidad del periodista que lo cuestiona todo sin los aspavientos de Torquemada. Lleva la sonrisa en ristre para el desvalido y la adustez del periodismo de investigación para el sospechoso de cualquier cosa.

Y de pronto caza, donde uno menos se lo imagina, a la presa de las mil pieles.

Él recibirá el premio Peter Mackler el próximo 26 de octubre en ceremonia que se realizará en el Club Nacional de Prensa de Washington. En refuerzo a ello, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano lo reconoció con el galardón Gabriel García Márquez, junto al videógrafo sinaloense Iván Medina y un equipo de reporteros que bajo la coordinación de la Red de Periodistas de a Pie realizaron la serie Buscadores en un país de desaparecidos.

Marcos Vizcarra honra su propio esfuerzo y al diario Noroeste, pero enorgullece sobre todo al gremio periodístico que aun en el campo minado de la información en que se ha convertido Sinaloa prosigue en la brega del buen periodismo.

Derriba el mito de las redacciones silentes, de las plumas sin tinta.

La trascendencia del reconocimiento internacional a Vizcarra es que ocurre en un momento donde el miedo penetró a las redacciones a consecuencia de enemigos múltiples y que, todos, se animan a matar. El narcotráfico y la alianza de sus grandes capos con los políticos conforman la amalgama criminal perfecta para asesinar y permanecer impunes.

En Sinaloa se enfrenta la doble acometida de criminales estruendosos que callan con plomo, de tajo, y otros silenciosos que tratan de matar, poco a poquito, al periodista discordante mediante la denostación, cooptación y amenazas. Con igual fanatismo, concurren al pacto que los convierte en legalmente invisibles pero tangiblemente cínicos, con el mismo rostro pero de infinitas mudas camaleónicas y, sobre todo, siempre dispuestos a jalar el gatillo al mismo tiempo.

Otro peligro inminente se agazapa detrás del autoritarismo ramplón de politiquillos de poca monta cuya cobardía la invierten en azuzar a la sociedad contra los periodistas. Por ejemplo Fernando Pucheta, alcalde de Mazatlán, quien con la instigación contra la prensa logró el jueves que un escuadrón de intolerantes agrediera a reporteras que cubrían la sesión de Cabildo.

Marcos Vizcarra merece los honores, se los ha ganado a pulso, y Sinaloa obtiene el derecho y la obligación de cuidarlo. En el gen periodístico no viene incluida la sencillez, sino que esta se vuelve otra conquista de los condecorados para seguir firme en la misión de informar sin resbalar con los egos propios.

Hay un camino inmenso a recorrer todavía por Marcos Vizcarra, tan infinita la senda como eternos son los desafíos que impone el periodismo. Al obtener los premios Peter Mackler, en Washington, y Gabriel García Márquez, en Medellín, los periodistas estamos orgullosos de la dimensión en que coloca al periodismo sinaloense.

 

Re-verso

Si ha de morir la noticia,

Por la bala que desgarra,

Que sea la última caricia,

El periodismo de Vizcarra.

 

Los días contados

Son 140 días, hoy, gobernador Quirino Ordaz Coppel, presidente Enrique Peña Nieto, desde que asesinaron al periodista Javier Valdez Cárdenas. Es la cuenta regresiva para que el gobierno de EPN limpie esta sangre de sus manos, y QOC expulse de su conciencia a tan brutal crimen. Detengan el reloj de la impunidad antes de que marque la campanada final de la ineptitud.

 

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