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Tema de la semana | ¿Escuela de cuadros o pasarela? El incorregible PRI

  El PRI no cambia de métodos y recicla en plena modernidad política las técnicas que lo han llevado al descrédito y pérdida de adeptos. Construye en Mazatlán un gran escaparate para sus precandidatos a la Presidencia de la República y esconde como si fuera algo vergonzante el verdadero objetivo del evento, generando que el […]

 

El PRI no cambia de métodos y recicla en plena modernidad política las técnicas que lo han llevado al descrédito y pérdida de adeptos. Construye en Mazatlán un gran escaparate para sus precandidatos a la Presidencia de la República y esconde como si fuera algo vergonzante el verdadero objetivo del evento, generando que el aparatoso alarde de fuerza sea también un pedante derroche de simulaciones.

Dentro lo que llamó “Escuela Nacional de Cuadros”, o Reunión Presencial del Instituto de Capacitación y Desarrollo Político, resalta la lid interna por la postulación priista a la titularidad del Ejecutivo Federal porque se trata de una medición de carisma, talento y rentabilidad electoral entre aquellos de donde saldrá el nombre de quien aparecerá en las boletas electorales el primero de julio de 2018.

En la vitrina de la sucesión presidencial puso a José Narro Robles, Aurelio Nuño, Enrique de la Madrid, Miguel Ángel Osorio Chong y José Antonio Meade quienes integran la “caballada” gorda de pretensos a suceder a Enrique Peña Nieto, lo cual es válido si la declaración de la intención asumiera la claridad indispensable.

Tal vez por cuestiones normativas el Partido Revolucionario Institucional deba encubrir un acto de precampaña como un ejercicio de formación de cuadros. También es válido. Lo que pasa es que en la situación en que se halla en cuanto a proyecciones del voto, es el primer obligado en instrumentar el juego limpio. En no mecer con cuentos la cuna de las masas votantes.

En décadas hizo lo mismo que retomó este fin de semana del caduco manual de operación política. A los ministros del Gabinete, que cobran por servir a los mexicanos, los distrae de sus funciones para que derrochen el tiempo en el lucimiento personal, como si país estuviera para descuidos. Además de desatender las secretarías de Salud, Educación, Turismo, Gobernación y Hacienda, intenta engañar a ciudadanos hartos de “atole con el dedo”.

Resulta increíble que a las estructuras partidistas no les nazca la vocación genuina por la transparencia. Siempre hay detrás de su actuar algo nebuloso que echa a perder inclusive las buenas intenciones. Lo más inverosímil es que al PRI, puesto hoy bajo todas las lupas posibles, caiga en los mismos errores que en estos momentos lo alejan de la confianza popular.

Si quiere adelantar el proceso interno para socializar entre la militancia a los principales prospectos a la Presidencia, que lo haga sin dobleces y capitalice tal franqueza en rescatar la credibilidad que posee con los niveles más bajos de todos los tiempos. Otros aspirantes llevan meses haciéndolo sin que las leyes electorales los sancionen, como son los casos de Andrés Manuel López Obrador, de Morena, y la ex panista Margarita Zavala.

Al traer a Mazatlán a la artillería presidenciable completa, es un hecho que realiza la contienda intramuros para muestrearlos. Indigerible cualquier otro argumento e inaceptable que quiera maquillar aquello que ante los ojos de todos es una pasarela con miras a designar al candidato. Tiene que aprender el PRI a ser franco ante la gente como única forma de restablecer las empatías que perdió por las hipocresías del partido y de las personas que ha llevado al poder.

 

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