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Día de Muertos | ‘A very mexican tradition’ (Parte I)

  Están de moda las catrinas, Frida y las mentiras. El Día de Muertos es una tradición milenaria, misma que trasciende a las costumbres y ritos que conocemos actualmente; es quizás la conjunción nada improvisada que unió la percepción del México prehispánico con las costumbres traídas del extranjero, para dar origen a un culto que […]

 

Están de moda las catrinas, Frida y las mentiras. El Día de Muertos es una tradición milenaria, misma que trasciende a las costumbres y ritos que conocemos actualmente; es quizás la conjunción nada improvisada que unió la percepción del México prehispánico con las costumbres traídas del extranjero, para dar origen a un culto que conserva su esencia, pero se mantiene en constante transformación.

En el 2003 la UNESCO proclamó las fiestas indígenas del Día de Muertos de México como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Un logro que probablemente llenó de orgullo a las regiones del país que lucharon por arraigar esta celebración (y con justa razón) como un elemento emblemático del ser mexicano. Con el paso del tiempo y la relevancia que ha ido cobrando el público latino en el mercado mundial, el Día de Muertos ha recibido la relevancia que merece como un elemento de folclor e identidad mexicana ante el mundo.

Pero en medio de la popularización del festejo a los muertos a nivel internacional y la fama que ha alcanzado debido a las referencias que la cultura anglosajona ha venido realizando a través de industrias como el cine, la celebración ha sufrido una pequeña metamorfosis que la ha encaminado por un sendero aún más festivo y carnestolendo, que la tradición de los altares, los cempasúchiles y las calaveras que le daban a esta fecha un toque más conmemorativo y sobrio, de composturas y tributos.

Se trata de un cambio que se acerca más a la idea de que el mexicano “celebra hasta la muerte”, una pequeña transformación que ha cautivado al segmento juvenil y que es concebida por algunos conservadores como una malformación que desvirtúa la tradición mestiza del Día de Muertos, que se suma a esta otra postura religiosa que se niega rotundamente a mezclar la tradición nacional con la celebración del Halloween, por tratarse de “una fiesta oscura”, aun cuando ambas tradiciones suponen, en su esencia más pura, la apertura de un portal entre dos mundos que permite la entrada y salida de espíritus. Es casi como hablar de una misma fiesta, pero con distintas decoraciones: una con papel picado y con calaveritas de azúcar y la otra con murciélagos y calabazas.

Dentro de toda esta ambigüedad que rodea al “nuevo Día de Muertos” y a este desfile oscuro que trajo James Bond hace un par de años, para asentarse como una nueva tradición con aires de atracción turística y que sirvió como amalgama perfecta para la reivindicación de la cultura mexicoamericana en tiempos donde el tema migratorio y el patriotismo defensivo han creado necesidad de personificar la identidad hispana, de una forma casi nostálgica, que ya atrapó al mercado milenial y está a punto de echarse a la bolsa a la generación z de la mano de Disney y de su ya afamado Coco, que quizás no es más que una bofetada con guante blanco por parte del mercado internacional para recordarle a los aztecas que sus tradiciones y sus personajes emblemáticos también pueden ser cool.

Es importante analizar el victorioso regreso de una celebración que nunca se fue, pero que en los últimos años ha sido transformada e incluso imitada y reversionada en diferentes lugares del mundo. Que ha influenciado la obra de artistas nacionales y extranjeros. Que se ha abierto un sendero considerable en las industrias del cine, la moda y el turismo. Un ganar/ganar que para muchos es la nueva expresión del folclor y de la identidad nacional y para otros es la desviación hacia una cultura que se está devorando nuestra tradición más emblemática, con todo y pan de muerto.

Se nos quedó el maleficio
De brindar al extranjero
Nuestra fe, nuestra cultura,
Nuestro pan, nuestro dinero.

Amparo Ochoa (La maldición de la Malinche).

 

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