Justicia

Sicarios ‘justicieros’ | Catarsis ciudadana, cultura de la venganza y válvula de escape para que todo siga igual

En un contexto de crimen, violencia e impunidad, videos en donde sicarios armados aparecen castigando y exhibiendo a criminales en las colonias de Culiacán se han hecho virales en redes sociales, recibiendo el elogio de un buen número de ciudadanos que ven así satisfecho su deseo de justicia. Pero, ¿a qué nos puede llevar la […]

En un contexto de crimen, violencia e impunidad, videos en donde sicarios armados aparecen castigando y exhibiendo a criminales en las colonias de Culiacán se han hecho virales en redes sociales, recibiendo el elogio de un buen número de ciudadanos que ven así satisfecho su deseo de justicia. Pero, ¿a qué nos puede llevar la aceptación social de estos hechos también criminales?

Robacarros, rateros e incluso golpeadores de mujeres de Culiacán deben estar sudando frío, mordiéndose las uñas y arrancándose los pelos ante la ansiedad de saber que la ciudad cuenta con sus propios justicieros anónimos encarnados en los sicarios del crimen organizado.

Ante la incapacidad de las instituciones de seguridad para garantizar una vida de paz y sin temor a los culiacanenses, sicarios han hecho suya la tarea y, de la manera más llamativa y efectiva, empezado a dar escarmiento a criminales que han cometido el pecado de hacer enojar a algún “pesado”. Sin embargo, asesinos, violadores, secuestradores y demás criminales siguen totalmente impunes.

Por lo menos tres videos (uno donde dos jóvenes son exhibidos amarrados y golpeados por robar autos; otro donde un hombre con la espalda y nalgas reventadas por los golpes es liberado desnudo en el bulevar agricultores por golpear a su esposa y otro donde dos jóvenes más son lanzados desnudos a las calles de una colonia popular por “ratas y abusones”), han hecho eco en las redes sociales recibiendo el festejo triunfalista por una buena parte de los culichis que han sido víctimas o viven con el temor de serlo, pues en esta ciudad nunca se sabe cuándo te pueda pasar algo.

Como si de una película de falsos superhéroes se tratara, Culiacán se asemeja cada vez más a aquella Sin City, o ciudad del pecado, en donde la ciudadanía sabe que no puede esperar nada de sus autoridades y aprovecha cada oportunidad para celebrar a quien hace justicia por ellos, a pesar de que esos mismos justicieros sean también agentes que se mueven en las sombras de la ilegalidad.

—¡Ora pinchi ratero! —grita sonriente un automovilista al detenerse a observar gustoso una de estas escenas.

—Ayúdeme compa —pide el aludido, a lo que el automovilista contesta: “No, vete a la verga, tevoa machucar por rata”, para emprender de nuevo su camino con el gusto de haber tomado ya su pedacito de justicia.

Ante la concurrencia de estos hechos, el caso tuvo que ser tocado por las autoridades de seguridad, quienes en la voz del subsecretario de seguridad pública, Cristóbal Castañeda Camarillo, habla en los términos más institucionales al señalar que:

“La misma ley te faculta a las diferentes entidades lo que se llama impartición de justicia, y el hecho de golpear a una persona, por mucho delito que haya cometido, no lo podemos considerar una impartición de justicia, sino que es un hecho delictivo o una agresión de una persona”.

Sin embargo, también señala que al no haber denuncia por parte de los afectados, estos crímenes no pueden ser perseguidos por la autoridad puesto que el golpear brutalmente a una persona no se persiguen de oficio. Pero lo que sí se está haciendo por parte de la SSP es buscar a los autores de estas golpizas por portar armas largas.

Al tratarse de un tema tan sensible como la impartición de justicia, el tema ha generado fuertes debates entre la ciudadanía, situación que al basarse en supuestos e ideas preconcebidas, pierde un nivel de reflexión necesario para darnos cuenta de los riesgos y peligros en que caemos al celebrar este tipo de hechos.

En esta tónica, el lingüista y catedrático de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la UAS, Luis Escobar, comenta que, en pocas palabras, el que la ciudadanía se apresure a celebrar este tipo de acciones sin mayor reflexión vuelve al mismo acto una válvula de escape para que todo siga igual.

“Todos hemos escuchado en algún punto como las revoluciones y ciertas manifestaciones colectivas terminan siendo como válvulas de escape que funcionan para la conservación del sistema”.

Así, para el catedrático, si al final no hay una reflexión sobre las causas y efectos de este tipo de hechos, lo que pasa es que se desarticula más profundamente el tejido social. O dicho en sus palabras, “en la medida en la que es el otro el que es mi igual en una sociedad del que me tengo que defender, eso asegura que no hay organización social y si no hay organización social entonces no hay una verdadera fuerza de oposición a las estructuras de poder”.

Y remata señalando que: “En términos de desarrollo social… sería mucho más importante que hubiera movimientos bien organizados y bien reflexionados en cuanto a los mensajes que se están proclamando dentro de la sociedad civil”.

Para finalizar, se reproducen a continuación dos preguntas con sus respectivas respuestas a manera de mensaje para aquellas personas que se han apresurado a celebrar estos actos de justicia sicaria:

 

—¿Qué le diría a los ciudadanos que ven el video de esta persona torturada que la sueltan bichi en la Agricultores por golpear a su esposa, a estos ciudadanos que ven el video de estas personas que los sueltan bichis en el malecón por robar carros y que dicen “que bueno, ellos sí están haciendo justicia”? ¿Qué reflexión los invitaría a hacer?

—Les diría que hay que distinguir claramente la noción de justicia de la noción de retribución, porque la retribución está al servicio de nuestra idea de moralidad y de nuestra idea de qué es bueno y qué es malo.

Entonces, en la medida en la que nuestro miedo y dolor lo interpretamos como una categoría del sistema moral, pensamos en que si a mí me dolió yo merezco ser retribuido de cualquier forma; entonces, siempre va estar nuestra idea de justicia al servicio de esa retribución y de esa compensación totalmente mal justificada por la idea de lo que es bueno y lo que es malo.

 

—¿A qué nos podemos atener si la ciudadanía empieza a sentirse atendida en su deseo de justicia por estos grupos criminales que están haciendo esta ‘retribución’ a la sociedad?

—Pues a fortalecer la cultura de la venganza. O sea, me reservo mucho de llamarle venganza porque creo que todos tenemos derecho a exigir justicia pero creo que sí hay que reflexionar que nuestra idea de pedir justicia en el sentido cotidiano tiene que ver con la idea de “retribúyanme algo a mí para hacerme sentir mejor, para hacerme sentir seguro”.

Si yo veo que aquel que me hizo sentir mal o me hizo sentir con miedo es golpeado o es asesinado, eso me hace sentir mejor. Y en efecto como cualquier droga siento el placer de lo ocurrido y de lo que me tomo, pero hay que pensar muy bien desde donde estoy recibiendo esa satisfacción.

 

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