Tema de la semana

Tema de la semana | Evitemos que El Museo Mazatlán sea otro “cascarón” sin obras de arte

El mal sabor de boca dejado a los mazatlecos y turistas por la efímera vida del Tiburonario del Acuario de Mazatlán, cuyos acrílicos tronaron el primero de febrero de 2017 al no resistir la presión del agua que contenían, constituye hoy el aviso a tiempo para evitar obras mal planeadas o destinadas al fracaso. Al […]

El mal sabor de boca dejado a los mazatlecos y turistas por la efímera vida del Tiburonario del Acuario de Mazatlán, cuyos acrílicos tronaron el primero de febrero de 2017 al no resistir la presión del agua que contenían, constituye hoy el aviso a tiempo para evitar obras mal planeadas o destinadas al fracaso.

Al darle seguimiento 15 meses después al escándalo de desidias y corruptelas en que acabó el Tiburonario, una investigación del periódico Noroeste involucra a 30 ex servidores públicos de distintos niveles que integran la cadena de omisiones e irresponsabilidades para que dicha instalación que significaría un atractivo a los visitantes derivara a escándalo de corrupción.

Sin embargo, errores tan costosos para el erario han de propiciar la utilidad de mayor vigilancia, supervisión y eficiencia en los nuevos proyectos de beneficio público que no merecen convertirse en parte de la infraestructura chatarra. Por ejemplo, ¿vamos a tener el mejor mueso en el Parque Central de Mazatlán?

Concebido como un edificio espectáculo y de vanguardismo arquitectónico, el Museo Mazatlán (Musma) fue definido por un equipo de especialistas del INAH, investigadores y antropólogos, cronistas de Mazatlán y museógrafos e historiadores, bajo la coordinación de la empresa “Siete Colores” y dirigidos por Marinela Servitje.

“No solo el contenido hará importante este museo. Lo será también por su arquitectura icónica, que proyectará permanentemente un poderoso mensaje del binomio cultura y modernidad en Mazatlán a los mercados nacionales e internacionales”.

Todo bien hasta aquí y más si se toma en cuenta la sugerencia de convertirlo en un sitio que realmente interese al público nacional y extranjero, sin incurrir en desaciertos caros como el Parque Temático en Culiacán, el Museo Trapiche en Los Mochis o el ya mencionado Tiburonario en Mazatlán.

En esta preocupación caben 5 anotaciones:

  1. En vez de un museo de todo, el Musma debe contener colecciones únicas y valiosas de arte que le interesen a la gente. Los museos que funcionan bien tienen colección de algo importante como Antropología, Franz Mayer, o el Museo Nacional.
  2. El proyecto del edificio debe ser modernista y fundamentalmente funcional. Si se destinará a un museo debe revisarse la arquitectura curva, volada, complicada y carísima que se propone. De ser posible, realizar un concurso mundial de arquitectura con un jurado de gente experta mundialmente en estos asuntos.
  3. Un museo atractivo en el plano internacional se conseguirá a través de gestiones para que el Museo de Antropología aporte mega piezas prehispánicas de todas las culturas (aztecas, mayas, toltecas, etc.)
  4. En el contexto del Musma es necesario replantear el Acuario para que sea el mejor de México y tenga el efecto tractor, jalando más visitantes.
  5. Al Museo Mazatlán le es imprescindible formar parte del centro de un espacio ambiental de gran envergadura, con un parque ecológico increíble, lagunas con un paisaje de primera, áreas comerciales, restaurantes, y servicios de alto nivel para que familias lo disfruten.

La debida planeación estratégica, análisis de riesgos y encauzamiento de fortalezas tiene que predominar en el proyecto del Parque Central Mazatlán, con visiones ambiciosas, de largo alcance, que evadan la tendencia a construir solo por hacer obra pública y luego definir si estas son útiles y para qué sirven.

No son tiempos para tirar el dinero a la basura. La existencia de necesidades apremiantes en educación, seguridad pública, generación de empleos y servicios públicos obliga a los gobiernos a garantizar que cada peso gastado sea dirigido a ganar oportunidades, no a más obras “cascarón” tan suntuosas como huecas por dentro. Esta prueba es la que tiene que superar el Museo del Parque Central Mazatlán.

 

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