Opinión

Llegaron las floreeees…

Apenas supe del anuncio y que me descuelgo. Imaginé un desfile repleto de color; flores exóticas de todo el mundo, injertos de amapola con flor de loto, guirnaldas colgantes y olorosas, arcos atiborrados donde los incautos paseantes caminaríamos imaginando la flor roja del Principito… faltó todo. No hubo nada. Sobraron chucherías, helados, comedera… faltaron pétalos. […]




Apenas supe del anuncio y que me descuelgo. Imaginé un desfile repleto de color; flores exóticas de todo el mundo, injertos de amapola con flor de loto, guirnaldas colgantes y olorosas, arcos atiborrados donde los incautos paseantes caminaríamos imaginando la flor roja del Principito… faltó todo. No hubo nada.

Sobraron chucherías, helados, comedera… faltaron pétalos. Lacia como quedé, compré mi ramito y me desplomé en una banca. No quise desojarlo, no fuera a ser que terminara en “no me quiere”. El aclamado festival de las flores no superó ni pringa la magia del Rey del Barrio.

Reconozco que desde que descubrí las flores de Tin Tan, no hay ramo ni festival que le haga el quite. Así que no dejaré que el ímpetu primaveral me invada y revisaré muy bien a la hora de subirme al metro para terminar sólo en lugares que valgan la pena, esos que estén llenos de hermosas jacarandas. Y si de flores se trata cuidemos la propia; vayamos, compartamos, estemos, comamos, tomemos, bailemos, juguemos, salgamos, nademos, viajemos, cantemos estemos con todo aquello que valga la pena; no echemos margaritas a los cerdos, “no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen”.

Con ramito en mano y viendo avanzar al tumulto, me enchufé los chicharitos y escuché una vez más la perorata que el Pachuco de Oro, el gran Tin Tan, hace de las flores a su carnal Marcelo. Una arenga que empieza así:

 ̶  Las flores, por su tamaño se dividen en grandes y en chicas, por su color en blancas y en otros colores, por su olor en perfumadas y waterclosadas. Ahora, atendiendo a los pétalos, que es lo que cuesta, las flores se dividen en caras y en baratas. Las baratas ya no se consiguen ni en la Lagunilla, oiga, con lo caro que está todo, ¿verdad?, ¿por qué será oiga? ¡Válgame Dios! Las caras se dividen en tristes y en risueñas, en amables y desdeñosas, en feas y en bonitas, en prietas, güeras, rubias, trigueñas y albinas.

̶  ¡Pero, oiga usted!

 ̶  Calmantes que todavía no acabo. Ahora hablaremos de los claveles, lirios, gladiolas, azucenas y amapolas. El clavel que más me gusta es el clavel sevillano. Oiga usted qué bonito rojo, ese rojo parece sangre de pichón, ¿verdad? Eso es en flores machos. En flores hembras la margarita

—¿Qué me dice usted de la margarita?

 ̶  No me la nombre, ¡a esa no me la nombre!

—¡A caray! Se me olvidaba

—Las margaritas sirven para darles de comer a los viles marranos, aunque dice un dicho que no hay que echarles margaritas a los cerdos

—¿Y la rosa?, ¿qué opina usted de la rosa?

 ̶Comenzaremos por la Rosa del Valle, tan chula la Rosita, qué talle, digo, qué tallo, qué pétalos, ¡ay Dios mío! Hablando de rosas me pongo rosado. La rosa de las nieves, la rosa de los vientos, luto de Juárez y la rosa Raisa ¿se acuerda usted?

 ̶  ¡Cálmese! ¡Cálmese!

 ̶Y todavía me queda un resto. Cada flor tiene su día, por ejemplo el huele de noche, los sábados víspera del baño; el domingo, alelíes; día de los difuntos, gardenias; los lunes, yerbamaistra; los martes, orquídeas y las azucenas a diario, y como su nombre lo indica se sirven a la hora de la cena: a-su-cena.

¡Pásele pásele, pásele niña, aquí está su cempasúchil, su gordolobo, su raíz de abrojo rojo para el mal de ojo, ahí está su ruda niña, su huitlacoche, su siempreviva, su flor de calabaza, ándele niña que si se acaban nomás no se me hagan bolas! ¡Y hagan su respectiva cola! ¡Ay tierra de hooojaaaaa, para las macetaaaas… laaas floooriiiiiissss… y mercaráaaaaan chicuilotitoooooos…!” ¡Hay naranjaaaas!

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