Opinión

Plazas automáticas a normalistas, ¿es factible? | El análisis de Daniel Rodríguez

En las últimas semanas, miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) bloquearon el recinto legislativo para evitar que el dictamen de la nueva reforma educativa se discutiera. Varias eran las demandas que exigían, pero me centraré sólo en una: el acceso automático a las plazas docentes para los egresados de normales. […]

En las últimas semanas, miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) bloquearon el recinto legislativo para evitar que el dictamen de la nueva reforma educativa se discutiera. Varias eran las demandas que exigían, pero me centraré sólo en una: el acceso automático a las plazas docentes para los egresados de normales.

En otras palabras, el actor más radical del sistema educativo exige que todos los normalistas, una vez egresados de su licenciatura, sean insertos de manera automática dentro del servicio docente sin necesidad de una evaluación, concurso de oposición o algún otro proceso de selección.

¿Qué significaría esto para el sistema educativo? De entrada, sería una atractivo laboral que implicaría un posible aumento de la matrícula de normalistas, sin embargo, esto no necesariamente genera beneficios para la niñez, dado que no existiría la competencia ni la meritocracia entre los postulantes.

Me explico. En México, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, uno de cada dos desempleados es profesionista, en ese sentido, el incentivo de contar con un  empleo seguro y estable atraería también a personas sin vocación ni aptitudes docentes. Todos obtendrían una plaza que les permitiría perpetuarse en el sistema y educar, al menos, a las próximas treinta generaciones de alumnos.

Otra pregunta que debemos plantearnos es ¿tiene el Estado la capacidad de otorgar plazas ante una alta demanda de egresados? Pongamos de ejemplo a Sinaloa. La matrícula de estudiantes en educación básica se redujo al pasar de 625 mil 362 alumnos en el año 2012, a 600 mil 524 en el año 2017. Esto nos indica que, en los últimos años, este sector de la población ha disminuido y, de seguir esta tendencia, la oferta de plazas también será menor, lo que imposibilitaría cubrir la totalidad de demanda.

Por último, ¿qué sabemos sobre las normales en México? De acuerdo al INEE, estas instituciones enfrentan retos como: limitado presupuesto, deficiente infraestructura escolar, dificultades en la consolidación de los cuerpos académicos para cumplir con sus funciones de investigación y difusión cultural, insuficientes condiciones laborales y profesionales de sus docentes, así como problemas derivados de la falta de autonomía administrativa, curricular y pedagógica.

Bien, ahora reflexionemos, ¿realmente queremos plazas automáticas o preferimos procesos de selección más justos y equitativos?

Recordemos que hace más de veinte años, el derecho a la educación dejó de ser entendida como un tema de cobertura para trasladarse hacia un enfoque de calidad. Es decir, no basta con que los alumnos estén en la escuela, sino que también el Estado debe garantizar que aprendan lo quieren, necesiten y lo que es pertinente.

Los docentes son el principal agente de cambio para  promover y hacer valer este derecho, por lo tanto, es imprescindible brindarles también a ellos una formación inicial de calidad, que los dote de las herramientas y estrategias requeridas para afrontar las exigencias del siglo XXI, de tal manera que estén preparados y constantemente actualizados para atender los diversos contextos que pudiesen limitar un aprendizaje incluyente.

Es necesario un mayor fortalecimiento de las escuelas normales para que compitan y superen a cualquier otra institución de educación superior y, a través de evaluaciones objetivas, transparentes e imparciales que ponderen el mérito, se seleccione a los mejores maestros que impulsen a todas las niñas, niños y jóvenes a convertirse en la mejor versión de sí mismos.

 

 

SOBRE EL AUTOR:

Daniel Rodríguez López, es investigador de Mexicanos Primero, capítulo Sinaloa.

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