Opinión

Los maestros quieren examen

  El ritual para obtener una plaza docente era legendario. De todos los municipios y sindicaturas se realizaban procesiones hasta la casa de playa, en Celestino Gasca, frente al Mar de Cortés, a ofrendar públicamente diversos regalos para tener acceso a la privacidad en que se pediría el favor. Ya en corto se pactaban compromisos […]

 

El ritual para obtener una plaza docente era legendario. De todos los municipios y sindicaturas se realizaban procesiones hasta la casa de playa, en Celestino Gasca, frente al Mar de Cortés, a ofrendar públicamente diversos regalos para tener acceso a la privacidad en que se pediría el favor.

Ya en corto se pactaban compromisos políticos, sexo o fajos de billetes, según el potencial del o la solicitante. Con una llamada o una tarjeta firmada se cerraba el trato. Ya estabas dentro.  De nada servían entonces los perfiles académicos o la formación pedagógica.

Luego vendría la basificación, las promociones y los cambios de adscripción, con procedimientos similares, aunque con más beneficiarios, ya que buena parte los puestos de la SEPYC y los SEPDES eran –y siguen siendo— sólo extensión de la estructura sindical bajo del mismo mando.

El poder era inmenso y la escuela en que se formaban los dirigentes sindicales con estas prácticas provenían de los años 50s del siglo pasado en que los gobernantes pagaban al magisterio sus servicios electorales con puestos en la estructura de mando del sector educativo, cediendo, así, paulatinamente la rectoría del estado en materia educativa a la organización sindical y generando con ello una simbiosis SEP-SNTE que ha resultado muy difícil de erradicar.

La (mal llamada) reforma educativa se propuso recuperar la rectoría del estado en materia educativa a través de un sistema nacional de evaluación del ingreso y la promoción, lo que los maestros aplaudieron. Incluso, aplaudieron la aprehensión de la lideresa magisterial que ya exhibía sus excesos de opulencia al frente de un sindicato de maestros empobrecidos.

Sin embargo, al recuperar la rectoría del estado neoliberal en materia educativa, resultó más grave el remedio que la enfermedad. La educación pasó a concebirse como insumo para la formación de mano de obra para el mercado internacional, que demandaban los grupos económicos que dominan la OCDE. Con una visión proempresarial, estandarizante, se pretendió suprimir la identidad, la historia y la cultura de los mexicanos, mediante la creación de una Ley del Servicio Profesional Docente y un Instituto Nacional de Evaluación Educativa con que se ofendió, se humilló y persiguió a los maestros, culpándolos –como únicos responsables–, del fracaso escolar.

La casta burocrática que se consolidó en el poder en el gobierno de Enrique Peña Nieto resultó tanto o más corrupta y prepotente que la que provenía del SNTE, tanto en la SEP como en las secretarías de educación de los estados, con la diferencia de que en éstos ni siquiera obedecen a sus propias autoridades.

Seis años de humillación, acoso y persecución, no sólo del gobierno, sino también de los propios dirigentes sindicales, generaron mucho resabio de los maestros. La mayoría votó por AMLO. Aplaudieron la lucha contra el huachicol y  contra la corrupción. Celebraron el aumento al salario mínimo de 16% y la derogación de la reforma educativa, y se convirtieron en “fans” del presidente, pero se crearon demasiadas expectativas y el encanto empieza a desaparecer.

Los operadores de la reforma educativa de Peña Nieto siguen operando en la cuarta transformación, con sus mismos compromisos y sus mismas prácticas  –solo se cambiaron a los altos mandos–, y siguen influyendo en los mandos operativos en las secretarías de educación de los estados, por lo que los maestros temen ahora que los líderes sindicales se vuelvan a empoderar con la nueva reforma educativa que deja indefinido el procedimiento para la asignación de plazas. ¿Volverán a asignarse las plazas por propuestas 50% y 50% SNTE y SEP?

Aunque la reforma establece que las plazas se asignarán con procedimientos públicos y transparentes, temen el reempoderamiento de los líderes sindicales y sus excesos que se consideraban cosa del pasado, ya que no se recupera con claridad el procedimiento de evaluación para el ingreso.

Los temores

La nueva reforma educativa, hasta hoy, deja más preguntas que respuestas en el magisterio que vive hoy su desencanto. “Queremos que el ingreso y la promoción sea por examen y que se respeten los derechos laborales, con procedimientos transparentes”, es el sentir de los maestros que prefieren evaluación que volver a arrodillarse por una llamada o una tarjeta firmada, pues no sólo sus dirigentes locales siguen ahí, sino también los dirigentes nacionales que fueron heraldos y escuderos de la reforma educativa de Peña Nieto.

El voto universal no ha tenido, hasta el momento, ningún impacto en el comportamiento de sus dirigentes sindicales. ¿Habrá que esperar hasta el 2024 –cuando se vence el periodo de Cepeda–para ver una elección democrática del dirigente nacional del SNTE? El presidente López Obrador ha dicho que ya tiene boleto en la primera fila para ver la democratización del SNTE, pero la ley no es retroactiva y Cepeda y sus dirigentes no se tienen que ir hasta que les toque la fecha de cambio, a menos que en un destello de honestidad decidieran renunciar para dar paso a una elección democrática y universal. ¿O pretende AMLO utilizar su boleto en el 2024 –cuando ya no sea presidente—para ver la democracia en el SNTE?

En los círculos políticos se corre la versión de que se estaría negociando la renuncia de Cepeda y todo el comité nacional, incluso los comités seccionales, para realizar un proceso electoral único de renovación de dirigencias con el procedimiento de voto universal, organizado por el INE, sin embargo, sin ninguna confirmación, no se pueden considerar más que especulaciones y, legalmente, hay que esperar a que se cumplan los tiempos estatutarios.

Pero eso no es todo. Aunque –salvo la CNTE– nadie ha hecho pública una declaración en contra del incremento salarial, el magisterio está muy molesto –lo hacen sentir en redes sociales— por el incremento salarial. Sólo 6,25% en salario y prestaciones, a pesar de que fue el sector más golpeado por el gobierno anterior, mientas que el salario mínimo tuvo un incremento global del 16%. “Nosotros esperábamos al menos el 10%” señalan algunos Maestros por México que días antes habían hecho circular esa versión.

Incluso, reclaman que no haya sido el presidente el que anunciara el incremento salarial. Y que haya dejado el anuncio al dirigente sindical Alfonso Cepeda. “No tuvo cara el presidente para decirnos el incremento”, señalan con evidente molestia aunque otros abrigan aún la esperanza de que las cosas cambien. Que se democratice el SNTE, que haya evaluación para el ingreso y que el presidente anuncie un nuevo aumento salarial para los maestros  Quizá haya que esperar hasta diciembre para verlo…montado en un trineo y enfundando en un traje rojo.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas