Opinión

¿Quién será el sacrificado: Gandarilla o Juan Alfonso?

  El gobernador Quirino Ordaz es un hombre inteligente. Trabaja todos los días para hacer un buen gobierno, porque ese es su encargo constitucional, pero además, y al mismo tiempo, teje fino para la construcción de un sólido capital político propio, personal, con su sello, a través de la constitución de una densa red de […]

 

El gobernador Quirino Ordaz es un hombre inteligente. Trabaja todos los días para hacer un buen gobierno, porque ese es su encargo constitucional, pero además, y al mismo tiempo, teje fino para la construcción de un sólido capital político propio, personal, con su sello, a través de la constitución de una densa red de comités de “Puro Sinaloa”.

La estrategia de los comités de seguimiento de obras está plenamente justificada, pero no sólo busca asegurar transparencia, calidad y eficiencia de las obras, sino la lealtad de los beneficiarios a Quirino Ordaz –no al gobernador, sino al político—, donde quiera que vaya, la decisión que tome y para lo que los ocupe.

En una primera mirada, Quirino estaría trabajando para construir un sólido capital político que le permitiera a su candidato enfrentar con éxito a la poderosa oposición, “dueña” del congreso del estado y de los seis municipios más importantes de la entidad. Quirino estaría heredando así el gobierno estatal a uno de sus pupilos para que le cuide la espalda y le permita continuar su influencia en el Estado para seguir haciendo negocios.

Sin embargo, Quirino sabe que el poder real lo tiene el presidente López Obrador y no le conviene jugarle las contras o estaría en riesgo de salir seriamente lastimado si decidiera competirle. Pero ¿para qué arriesgarse a salir lastimado políticamente y convertirse en oposición después de haber tenido el poder en un gobierno exitoso?

Una segunda mirada permite suponer que la red de apoyo que teje Quirino no sería necesariamente para uno de sus pupilos, sino para sí mismo. Implica entonces que Quirino no presentaría una “oposición digna” al presidente sino que, al contrario, el candidato real de Quirino será el candidato del presidente, sin importar porqué partido se postule.

Es decir, que la red de “Puro Sinaloa” de Quirino Ordaz estaría al servicio del candidato respaldado por el presidente López Obrador. ¿Para qué? Poner el capital político de “puro Sinaloa” al servicio del presidente AMLO en la elección del 21 le permitiría a Quirino integrarse al equipo del presidente, llevando consigo a su esposa, y colocar en posiciones federales a algunos de sus colaboradores más cercanos, al menos, durante la segunda mitad del mandato presidencial y si le va bien enrolarse en la política nacional en las filas morenistas para el 2024.

Visto de esta manera, su poder no sólo se mantendría por buen tiempo en el estado, para permitirle seguir haciendo negocios a él y a su grupo económico, sino que aumentaría radicalmente en lo económico y en lo político desde gobierno federal.

Implica, por tanto, que Quirino intentaría, en un primer momento, conseguir el apoyo del presidente para su candidato, pero en caso de no logarlo –que es lo más probable, dada la tendencia de AMLO a favorecer a los candidatos morenistas—  Quirino se sumaría al candidato que decida el presidente.

No obstante, implica también que el candidato inicial de Quirino-gobernador, surgido de las filas de su equipo de administración, sería el gran sacrificado. Y esta honrosa distinción de ser el candidato –pero también la posibilidad de ser el sacrificado en beneficio de su jefe—se lo compiten con ahínco, en la recta final en un extremo, el joven heredero de la clase política sinaloense del siglo pasado, formado toda su vida (desde la cuna) para gobernar, Carlos Gandarilla García, ex dirigente del PRI; hijo del líder campesino Víctor Gandarilla Carrasco (ex dirigente de PRI) y hechura del último descendiente de líderes obreristas y uno de los más agudos políticos que ha dado Sinaloa (ex gobernador y también ex dirigente del PRI) Juan S. Millán Lizárraga. Gandarilla es actualmente secretario de desarrollo sustentable del gobierno del estado.

En el otro extremo, el politólogo, académico y excelente rapero mazatleco, Juan Alfonso Mejía, doctorado en La Sorbona y experimentado en la administración pública al servicio de gobiernos del PAN, representante del ala radical de la élite empresarial más “antiamloísta” del país (CCE-Claudio X.  Gonzalez-Coppel); ex presidente de Mexicanos Primero, a quien el magisterio nacional le atribuye la idea del video “de panzazo” y actual titular de la SEPYC, que busca ser conocido como el “tío ponchito”.

Priísta o panista ¿Quién será el sacrificado? Queda claro que Quirino está trabajando para él. Y que apoyaría a alguien de su equipo sólo si el presidente le pidiera un nombre (lo que se advierte muy remoto ya que con todo el poder que ostenta el presidente no está dando concesiones), de lo contrario, el candidato de Quirino –muy probablemente bajo las siglas del PRI—, sería el gran sacrificado. Al fin que tanto Carlos Gandarilla como Juan Alfonso Mejía son jóvenes aún y perfectamente sacrificables en pos de un “bien superior”.

En suma, el gobernador priísta Quirino Ordaz –quien desde la primera visita de AMLO a Sinaloa (como presidente) gritó en un evento público transmitido en por televisión nacional que “con este presidente nos va a ir a toda madre”—no va a ir en contra de los deseos del presidente a la hora de decidir a quién quiere de gobernador de Sinaloa. Pero tampoco va a abandonar al partido que lo llevó al poder, por lo que tendrá que jugar con dos candidatos. Uno para ganar –el del presidente y al que le pondrá toda la estructura de “Puro Sinaloa”, y uno para perder: El que apoye formalmente bajo las siglas del PRI y sus aliados. ¿Quién será el gran sacrificado?

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