Sociedad

Diálogos positivos | Vivir con VIH en Culiacán: el estigma casi indetectable

“La idea de no estigmatizar ni juzgar a las personas que viven con VIH es tener la certeza de que es algo más común de lo que parece y que podría afectar a cualquier persona, a él, a mí, a ti que no estas entrevistando o a la persona que lo va a leer”.

Aunque el esfuerzo por parte de las autoridades de salud a nivel nacional y las recomendaciones de instancias internacionales se encuentran concentradas en la lucha contra el VIH y las complicaciones del mismo que originan el Sida, las tazas de esta enfermedad han aumentan a cifras alarmantes en todo el mundo.

En México se viven momentos polares en la lucha contra el VIH. Por una parte, en algunos estados se prueba en  casos específicos el uso del PrEP para prevenir infecciones; en cambio, en otras regiones del país derechohabientes del sistema de salud condenan el desabasto de medicamentos para seguir con su tratamiento.

En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Lucha Contra el VIH/SIDA en el mundo y como una reflexión sobre los estigmas que aún persisten alrededor de esta condición en México, en Sinaloa y en Culiacán, conversamos con Carlos y Omar, los dos culichis, ambos de 27 años y los dos viviendo con VIH.

En su relato Carlos nos cuenta cómo ha cambiado su vida en estos últimos 5 años y la manera en la que salir de Culiacán le ayudó a eliminar los estigmas que él mismo tenía sobre su condición. Mientras que Omar con apenas 2 meses desde su detección nos habla del impacto en su vida diaria y la manera en la que lidia de forma anónima con el VIH.

Siempre crees que no te va a pasar a ti

Carlos:

“Yo tendría como 21 o 22 años, la verdad nunca supe quién y no quise saber en el momento, ya después pensé que sí debía buscar a la persona que creo que fue pero habían pasado casi 3 años y yo ya estaba viviendo en Ciudad de México, no tenía cabeza para eso. Cuando me dijeron recuerdo que se me bajó la presión, me asusté mucho, porque yo nada más había ido al hospital porque me desmayé en el lugar en el que hacía las prácticas de la universidad, pensaba que era un golpe de calor, pero luego de muchos estudios me hicieron varias pruebas, hasta que llegué a la confirmatoria: tenía VIH. Ahora que lo pienso es muy razonable, o sea estaba en una etapa en la que estuve con varias personas y no a todas les gustaba cuidarse, cuidarme, cuidarnos. Al principio fue bien difícil, o sea, si pensé que me iba a morir, pero bueno todos nos vamos a morir. Ahorita quiero estar vivo, tranquilo”.

Omar:

“Honestamente aún no lo digiero completamente. Estoy en un proceso en el que todo parece confuso, he decidido por el momento mantenerlo para mí y mi novio que afortunadamente no está infectado y me ha apoyado en este proceso. Cuando me dijeron no pude evitar no llorar, me la pase llorando como por 3 días, me tuve que ir a casa de mi novio para que mi mamá no me viera llorar, estaba completamente desmoralizado, bastante molesto y sin ganas de seguir. Ahorita ya estoy más sereno, pero a veces la tristeza regresa, supongo que así va a ser siempre”.

¿Decirlo o no?

Carlos:

“Yo no soy completamente abierto con mi estatus. Cuando estuve en México era fácil, las personas son más abiertas y tuve la fortuna de rodearme de personas muy metidas en el activismo LGBT+ e interesadas en el tema del VIH, personas que me orientaron, con las que puede abrirme, sincerarme y consultar cuando tenía dudas. También he tenido que cambiar la forma en la que me relaciono con personas de manera afectiva y de pareja; por ejemplo, trato de crear vínculos con personas con las que pueda tener la charla y decirles que vivo con esto y que ya ellos decidan si quieren estar conmigo, es complejo a veces porque no todos estamos igual de informados, pero es sanador, decirle a alguien la manera en la que vives te libera”.

Omar:

“No es algo que tenga planeado, no por ahora porque sé que la gente acá cambiaría de manera repentina su forma de ser conmigo, algunos por rechazo y otros de manera menos evidente pero con lástima y es un proceso que como te digo apenas estoy procesando. Creo que el hecho de que lo sepa él (su novio) ya me vuelve vulnerable de cierta manera. Me siento un poco confuso con esto, o sea creo que la persona que me contagió a mi debió decírmelo, pienso que si yo estuviera en esa posición lo haría o tal vez no, me gustaría creer que él tampoco sabía y por eso no lo hizo”.

El drama y el estigma

Carlos:

“No te voy a mentir, al principio yo pensaba que era un castigo, las telenovelas que me tocó ver con mi mamá cuando niño te lo pintaban bien horrible, a lo mejor así era antes, pero ahora no. Vivir con VIH es lo más parecido a vivir con diabetes, o sea  sí cambia tu estilo de vida, a mí me dio un impulso para cuidarme más, lo que como, lo que bebo, la actividad física. No te voy a decir que wow el VIH es lo mejor del mundo, pero a mí me ha abierto los ojos sobre muchos privilegios que tengo entre ellos la seguridad social, porque sabes, el tratamiento que tomamos es carísimo, una persona con un salario de 10 mil a la quincena no podría pagarlo y aparte sobrevivir. Pienso que el estigma existe, nos duele, nos revictimiza y nos limita, pero a medida en que se hable de esto, de nosotros, de cómo vivimos, de cómo incluso pasamos desapercibidos se va a ir terminando. Creo que la principal traba que tiene uno es en los trabajos y ese es el principal miedo de muchas personas de que piensas que aun con el secreto se te van a cerrar puertas y no tiene por qué ser así”.

Omar:

“Yo era de los que pensaba que las personas con VIH lo tenían porque se lo buscaron y pues no es algo que alguien busque, ahora lo sé. Más yendo a consulta y viendo que hay muchos niños que lo tienen y no me imagino la forma en la que van a crecer en una sociedad llena de ideas tontas que uno alimenta. Creo que el estigma es la parte más fea de esto, o sea no basta con que tu vida y tus hábitos cambien, lo que más me asusta es pensar que el trato de las personas hacia mi podría cambiar”.

Vergüenza indetectable

Carlos:

“Yo soy indetectable a partir de los 9 meses que empecé mi tratamiento y me tardé porque al principio no me lo tomaba como debía, era bastante irregular, tenía mucho miedo porque me hacía trizas el estómago y pensaba que siempre iba a ser así, pero no. Una vez que me comprometí a seguirlo al pie de la letra comencé a sentirme mejor, incluso algunos otros malestares que no sabía que el mismo virus me estaba provocando fueron desapareciendo. En el IMSS donde me atiendo me tratan súper bien, cuando estuve en CDMX también el trato era agradable en otros sistemas de salud. Creo que sentirse así de bien es algo a lo que cualquier persona que vive con VIH debería aspirar y saber que no es una sentencia de muerte, que no es algo por lo que uno deba sentir vergüenza, que hay mucha vida después de la noticia, o sea el mundo no se para por ti, ni por mí, ni por el virus”.

Omar:

“Ahorita sigo triste, pero sé que voy a estar bien, me he metido mucho a ver perfiles de personas que viven con VIH y que cuentan su historia para ayudar a otra gente, por eso me animé a platicarlo y ahora escuchándolo a él (Carlos) me doy cuenta de que si se puede o sea estoy consciente de que va a haber días buenos y malos y que todos los tienen, ahorita ya empecé mi tratamiento, va lento. Apenas estoy en esa etapa en la que me pone muy mal el tomarme las pastillas, pero ahí vamos, vamos a estar bien”.

“La idea de no estigmatizar ni juzgar a las personas que viven con VIH es tener la certeza de que es algo más común de lo que parece y que podría afectar a cualquier persona, a él, a mí, a ti que no estas entrevistando o a la persona que lo va a leer”.

Sin duda alguna la incredulidad es el gran detonante de la epidemia de VIH en México. Sinaloa ocupa el lugar 21 en casos de VIH en el país y aunque es un lugar muy bajo en la tabla las cifras no dejan de ser alarmantes, puesto que se sabe que los números podrían aumentar si realmente toda la ciudadanía se hiciera constantemente pruebas de detección.

El 1 de diciembre se conmemora a nivel mundial el Día de la Lucha contra el VIH SIDA iniciando a su vez una campaña nacional bajo el lema “Mi Salud, Mi Derecho”, la cual busca implementar acciones estratégicas para prevenir esta enfermedad de trasmisión sexual, a través de orientación sexual, repartición de condones siendo esta una de las armas más poderosa para prevenir esta y cualquier enfermedad de trasmisión sexual y sobre todo aplicar exámenes de detección oportuna y tratamientos de manera gratuita a quienes lo requieran.

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