Opinión

Resurge el sueño comunista de los 70´s

  Desató los nudos que unían las cuatro puntas del pañuelo y los sellos cayeron y se esparcieron por toda la gigantesca mesa ovalada y tallada en madera fina. Era la casa de gobierno, las entrañas mismas del monstruo, donde se estaban denunciando las arbitrariedades del gobierno, y como prueba, los sellos que estaba instalando […]

 

Desató los nudos que unían las cuatro puntas del pañuelo y los sellos cayeron y se esparcieron por toda la gigantesca mesa ovalada y tallada en madera fina. Era la casa de gobierno, las entrañas mismas del monstruo, donde se estaban denunciando las arbitrariedades del gobierno, y como prueba, los sellos que estaba instalando la JAPAC para cortar el agua a la gente pobre de las colonias populares que no podían pagar.

Era septiembre de 1978 y los movimientos se entrecruzaban. Las madres con hijos desaparecidos, que encabezaban doña Chuyita Barrón Caldera y Oscar Loza Ochoa, la lucha por el subsidio a la UAS, que encabezaban Audómar Ahumada y Educardo Franco, la lucha de los jornaleros agrícolas que encabezaba Benito García, con asesoría de Jorge Delgado y Florencio Posadas, el movimiento de los choferes del transporte urbano y las demandas de servicios públicos en las colonias populares.

Calderón se acomodó las gafas para ver las tarjetas que le acababan de pasar y empezó a leer: Eutilberto Rojas Osuna, director de la escuela Salvador Allende, de la UAS. Del partido comunista y agitador de colonias populares ¡Tú no tienes derecho a decir nada de mi gobierno! Y comenzó así una arenga desde el otro extremo de la mesa rodeada por representantes de colonias. “Yo he hecho mucho más que todos ustedes por la gente de las colonias, del campo y de los altos…” expresaba el gobernador obrerista y uno de los “cinco lobitos”, pilares de la CTM, iniciando así la discusión de aquella mesa que terminaría con algunos acuerdos para que no fueran a la cárcel quienes habían quitado sellos.

El gobernador dio instrucciones al gerente de la JAPAC para revisar los casos y suspender la política de instalación de aquellos tapones en las tomas de agua, pero el problema seguía. “Una gota de agua nos está quitando el sueldo” decía un poster impreso de la campaña del Partido Comunista Mexicano en Sinaloa de 1979, como una especie de “meme” de la campaña de la JAPAC: “Una gota de agua nos está quitando el sueño”, utilizada para inducir el cuidado del agua, junto con spot que decía “Amanda ciérrale”. Era parte del sueño comunista de finales de los 70 por alcanzar el poder por la vía electoral. Ese año el PCM se colocó como la tercera fuerza política a nivel nacional. Alcanzó el 5% de la votación al obtener 703 mil votos, contra un millón 525 del PAN y 9 millones 418 mil del PRI.

Y aunque para 1982 la convergencia de fuerzas de izquierda evolucionó al Partido Socialista Unificado de México –PSUM-, su crecimiento electoral no fue significativo. 822 mil votos (poco más de 100 mil más que en 1979), contra 3 millones 700 mil del PAN (casi 150% más) y 16 millones 750 mil del PRI (más de 7 millones de votos más que en 1979). El entusiasmo y el sentido de identidad al PCM no se mantuvo en la fusión, reflejando que se había sustentado más emotividad que conciencia política. Solo los políticos evolucionaron a las alianzas, coaliciones y fusiones convertidas más tarde en el Partido de la Revolución Democrática –PRD-, mientras que gran parte de aquella generación, la parte más romántica del socialismo y del comunismo se diluyó en la vida cotidiana.

Hoy, 40 años después, aquella generación romántica parece haber alcanzado su sueño de juventud comunista en el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, pero igual que antes, no quiere hacer política política. Ya sea por su convicción de rechazo a la “suciedad” de la política, porque sus prioridades han cambiado, o simplemente porque ya no tienen las mismas energías, son muy pocos los que están dispuestos a participar activamente en la 4T más allá de su propia calidad de ciudadanos.

Pavel Rosario Quevedo Castro era un lector obsesivo del marxismo-leninismo. De corte estalinista y uno de los líderes estudiantiles más radicales de finales de los 70s, protagonizó de varios de los movimientos políticos más relevantes de la época. Incluso, el “comandante Quevedo” fue “levantado” en la esquina de Franciso Villa y Rubí (en el mercadito Izábal) mientras esperaba camión para ir a dar clases a la preparatoria Allende, como una medida intimidatoria para frenar su radicalismo antigobiernista. Horas más tarde fue liberado y aunque matizó su discurso en los días siguientes, en lo general mantuvo su participación activa en el movimiento estudiantil hasta que se diluyó a principios de los 80s. El comandante Quevedo, como muchos otros importantes cuadros de su generación, participaron activamente y con mucho entusiasmo en el proceso electoral del 2018 que le dio el triunfo a Morena, sin embargo, no se les ve activando en la vida pública más allá de su participación en las redes sociales.

Aarón Quintero, líder de las juventudes comunistas a finales de los 70s, recién llegado de la escuela internacional de cuadros, y quien dirigía a muchos otros jóvenes entusiastas como Olegario Durán, Rodrigo Lucas, Jorge “Coquis” y Alejandro “Cano” Rentería, Javier Ahumada y Marco Antonio Aragón (de las huestes de Ramón Danzós Palomino) es uno de los que siente el triunfo de AMLO como propio, y así lo proyectó al asistir a la Congreso del Estado a la develación de la inscripción del nombre de Arnoldo Martínez Verdugo –, oriundo de Pericos, Sinaloa y dirigente nacional del PCM de 1963 a 1981– pero se desempeña en el gobierno peñista de Quirino Ordaz bajo las órdenes de Alma Hortensia Almeda, otra joven comunista de aquella época.

Eutilberto Rojas, maestro normalista, excelente orador y amigo íntimo de Juan de la Cabada, uno de los más activos miembros del PCM, contemporáneo de José Luis del Río, dirigente de los trabajadores del ISSSTE, del doctor Heredia, de Eduardo Franco, Liberato Terán y Jorge Medina Viedas, participó activamente en la estrategia para la defensa del voto en el 2018, reactivando sus relaciones y amistades para favorecer el voto a Morena, sin embargo, se ha retirado a su vida privada y asuntos personales como muchos otros comunistas de finales de los 70s como Alfonso Valenzuela, Francisco Hernández, Arturo Madrid, Adolfo Ibarra, Arturo Lizárraga, Lorenzo Terán, Jorge Rojas, Juan Manuel Castañeda, Benito Félix Tamayo, José Luz y Melitón Jacobo, Sergio Sosa, Ernesto Trejo, entre muchos otros.

Se mantienen activos, aunque en proyectos diferentes, los comunistas de finales de los 70s, Guillermo Ibarra Escobar, Rodrigo López Zavala, Audómar Ahumada Quintero, Antonio Corrales Burgueño, Rafael Valdez Aguilar, César Velázquez, Jorge Walterio Medina, Rodolfo Arriaga, entre otros, quienes podrían coincidir en que el sueño comunista es inviable y quien lo defiende trasnochado, pero la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la república ha permitido el fortalecimiento de algunos de aquellos destacados cuadros comunistas, como el mismo Pablo Gómez –ex dirigente del PSUM—, y el resurgimiento del tema en espacios de poder.

El discurso de José Ángel Concheiro, subsecretario de educación superior de la SEP, en el gobierno de López Obrador, que proclamó la búsqueda del comunismo desde el gobierno federal en el centenario de la fundación del Partido Comunista Mexicano; el ataque al socialismo en la presentación del Partido Redes Sociales Progresistas en Sinaloa –lo advirtieron como un riesgo que RSP combatiría–, y la inscripción en letras doradas del nombre de Arnoldo Martínez Verdugo en el Congreso del Estado de Sinaloa, donde es diputado el ex comunista José Rosario Romero, sugiere que, si bien el gobierno de AMLO no es comunista, ni socialista, hay dentro de las estructuras de poder personas y grupos de formación comunista que están permitiendo volver a poner en la mesa de los proyectos de transformación del país algunas ideas o consideraciones de orientación comunista que durante casi 40 años de neoliberalismo habían sido radicalmente erradicadas.

El tema está de vuelta en la mesa a nivel nacional y los países nórdicos, con los mayores niveles de desarrollo humano y bienestar social han integrado algunas ideas y propuesta de este tipo en la construcción de sus proyectos de gobierno y de sociedad. Han recogido lo mejor de ambas visiones, comunismo y capitalismo, sin fobias ni prejuicios ideológicos, y esa podría ser una tendencia en México en el marco de la 4T, aunque la superación de fobias y prejuicios ideológicos aquí podría ser más difícil.

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