Culiacán

Lupita, la mujer que el pueblo convirtió en Leyenda

Caray, caray pues sí señores, sí, ya empieza la ventolera, como decía mi abuela ya huele, ya huele. Y tal parece que este año será toda una legión de Lupitas. Así es, desde 1996 la artista visual, María Romero, se echó a cuestas, (como una manera de rescate de ella misma), el personaje de Lupita, […]

Caray, caray pues sí señores, sí, ya empieza la ventolera, como decía mi abuela ya huele, ya huele. Y tal parece que este año será toda una legión de Lupitas.

Así es, desde 1996 la artista visual, María Romero, se echó a cuestas, (como una manera de rescate de ella misma), el personaje de Lupita, la novia de Culiacán, haciendo un performance cada 22 de diciembre, día de san Demetrio, y de la batalla de San Pedro, y día en que falleció la madre de la artista, por todas las calles céntricas de Culiacán. A ella se han ido sumando año con año más y más intérpretes de tal modo que quizás en esta ocasión veamos un par de cientos de ellas por todo Culichilandia, y pos eso hizo que el dolor de la artista se calmara y de paso que la imagen de Lupita no desaparezca.

Ahora bien, todo culichi que nació de 1980 para atrás presume de conocer la historia de Lupita y de haberla visto físicamente al menos una vez, y con eso se siente más que autorizado para contar que era de este modo y de este otro, que se volvió loca por tal asunto o amorío, en fin, cada quien tiene su propia versión, a la que le agrega desde lo más simple hasta lo más insólito, simón que sí. y saben que lo gracioso del caso es cada uno cree en esa, su versión, porque pues a él le consta, él la vio, aunque sabe que la mayor parte de lo que platica lo escuchó por ahí o él mismo lo inventó.

La singularidad de este personaje al pasar de los años le ha granjeado libros, obras de teatro, pinturas, canciones, charlas y por supuesto un día especial para representarla por las calles del centro histórico de la capital del estado.

Pero ¿Quién era realmente Lupita?, algunos estudiosos como es el caso de Ulises Cisneros se dieron a la tarea de investigar en forma seria la historia de ella, la cual por cierto resulta mucho más interesante y rica que la leyenda que le endilgaron del supuesto asesinato de su novio a la puerta de catedral.

Otro estudioso que conocía la verdad sobre Lupita fue el inolvidable Dr. Jorge Rochín, quien fue su médico por muchos años en el Hospital del Carmen y sabía a ciencia cierta los males que le aquejaban.

Ahora bien, a quien le interese conocer, tanto la leyenda como la historia real de Lupita, no tiene más que ir a ver la excelente pieza teatral de Alejandro Román: “Érase una vez la novia”, que extraordinariamente dirige nuestro buen amigo: Lázaro Fernando y no es que le esté tirando cebollazos a mi compa Lázaro, sino que realmente es una obra que nos habla de las dos Lupitas, la de la leyenda y la de la vida real y lo hace de una manera maravillosa.

Para aquellos desafortunados que no han visto esta bella pieza teatrónica culichi, y que no saben de lo que se han perdido, les diré que yo la vi en el MIA y ese espacio del auditorio  fue durante una hora y media, el Macondo de Márquez, y el Comala de Rulfo o ambos juntos en donde sucedió de manera maravillosa la vida y la leyenda de Lupita, la “Novia de Culiacán”, personaje al que un altísimo porcentaje de culichis vimos deambulando en nuestras calles por más de 30 años vestida de blanco, con un rosario en el pecho, lentes de sol y que como les digo, nos jactamos de conocer de ella hasta que calzones usaba.

Pero volviendo a la obra les diré que por principio de cuentas a mí y a los mil quinientos asistentes que ese día me acompañaban nos atrapó machín de principio a fin, y fue con algo sencillo y familiar, simón, con puras vivencias y expresiones del folclor sinaloense, luego la llenó y aderezó de magia y colorido entre las constantes notas de:

Trigueñita hermosa

linda vas creciendo

como los capomos

que se encuentran en la flor…

y remató con:

Como a las once se marcha Lupita,

Se va a marchar en un buque de vapor…

Y ahí entre esas conocidas notas musicales y a través de un doctor, un novio dos Lupitas y una enfermera se cuenta su historia en un ir venir constante del presente al pasado de lo cómico a lo trágico y de lo real a lo fantástico, al grado que casi va del realismo mágico rulfeano al realismo delirante de Alberto Laiseca.

Y así de ese modo y no de otro, uno se va enterando de los momentos más emotivos de la vida de Guadalupe Leyva Flores, quien nació  en la comunidad de San Lorenzo Viejo, Higuera de Zaragoza, Ahome, Sinaloa, en el año de 1902 justo en el tiempo que se vivía el auge del ingenio azucarero y fue ahí en donde vivió los  momentos importantes de su enamoramiento juvenil con un tal Jesús Armenta y  que como sucediera en La niña de Guatemala, de José Martí, el compa Chuy, después de jurarle amor eterno y que vivirían en una casita así de este modo y este otro y unas gallinitas y flores y otras tantas cosas, se largó, simón, se largó a los yunaires estates dizque en busca del sueño americano y cuando volvió, volvió casado, y ella esperándolo, porque dizque según era el amor de su vida, chale. Lo bueno es que años después, ya ella casi cuarentona, apareció Manuel Valenzuela, un compa viudo cargado de billetes y de hijos que se casó con ella. Se puede decir que fue una etapa relajada para ella, simón, era entonces una persona normal, ama de casa y chambeadora y ahorradora  a más no poder, tanto que eso le permitió  atesorar una buena lana en monedas de oro y plata, para hacerle si no una iglesia, sí al menos, una capilla a la virgen de Guadalupe; pero qué creen, como dice la canción o el poema o la sentencia, “La de malas se le vino”, primero con la fatídica muerte de quien iba a ser su primera y única hija, suya de ella, después de tres varones, una niña recién nacida, cuyo deceso se debió a una infección de tétanos en el cordón umbilical; luego  según el chisme, una inundación por el desbordamiento del Río Fuerte que arrasó con su patrimonio familiar, obligándolos a migrar a Las Higueras de Zaragoza, dejando tras de sí sus bienes, siembras, recuerdos y muertos en un pueblo completamente arrasado.  Luego como cereza del pastel cierta tarde arribaron a su rancho unas personas vestidas muy extraño, simón, eran unos húngaros quienes con su labia y sus malas artes le lavaron el coco y le volaron su preciado tesoro, y para acabarla de amolar esa misma la noche, se vio en el firmamento una inusual lluvia de estrellas, y esa onda para ella fue un aviso que la asustó machín, y sumado con el robro sufrido pos se le botó la cadena del tiempo.

Esa bronca la afectó bastante, simón, pronto empezaron los primero broncas hormonales que de volada le asociaron  a desórdenes mentales y bueno, la familia preocupada la llevó con yerberas y curanderos, pero no mejoró gran cosa.

Tras los frecuentes episodios nerviosos de Guadalupe, la familia ya desesperada la llevó con unos   espiritistas, ahí fue donde dizque recibió la encomienda de la Virgen de Guadalupe de recuperar “El tesoro de la divina gracia, y al no ser comprendida por nadie en su pueblo escapa de casa y vino a parar a Culichi.

En el libro de  Ulises Cisneros, se relata que en los años 50, Guadalupe recibió la encomienda de la Virgen de Guadalupe para recuperar el tesoro de la divina gracia, convirtiéndose en una misionera para cumplir con su cometido, pero yo más bien creo que asoció a la lluvia de estrellas con la feria que le volaron y que según ella era lana para una acción divina, pero bueno en realidad, no lo sé,  lo que sí sé  es que a esa feria le llamó el “tesoro de la divina gracia”.

Total, que en los días que siguieron, Lupita, ya fuera de razón salió sin rumbo fijo, y en el rancho no se supo de ella por mucho tiempo.

Días después alguien llegó al rancho con el mitote de que la habían visto en Culiacán, ciudad a la que había ido en busca de los húngaros que le robaron su lana. Según dijeron que fue camionero quien le ayuda a salir de Las Higueras y llegar a Culiacán.

Cuando llegó a Culichi sabrá Dios en donde se quedaba, vagaba por las calles del primer cuadro luego entraba en catedral en donde, según ella, encontraría a su esposo para que la ayudara en su misión de buscar su tesoro y así cumplir con lo que había prometido hacer con él.

Las personas que a diario acudían a la iglesia se apiadaban de ella y la alimentaban y un día viéndola enferma la  llevaron al Hospital del Carmen en donde además de aliviarla de sus males le dieron cobijo y sustento, simón, ese sería su hogar a partir de entonces; y hablando de entonces para entonces  ya eran  harapos los que vestía, y en el hospital no habiendo más que un vestido de novia que alguien dejó  ahí después de un desmayo sufrido en la ceremonia y que aliviada y dada de alta nadie lo procuró, pues la vistieron con él, pensando que solo andaría dentro del hospital, pero nada patito, en cuanto salió a la calle rumbo a catedral y ahí nació el asombro de verla deambular día con día con aquel hermoso vestido de novia, y a los pocos días la raza ya la había bautizado como  “La Novia de Culiacán”. Y un poco después, ya le habían inventado la historia en la que le matan al amado a las puertas de la catedral; y la misma gente la proveía de maquillaje y vestidos de novia, pensando que esa era parte de su encomienda pero que en realidad se los ponía porque era lo que tenía, y a lo mejor, finalmente, lo asumió como parte de su personalidad.

Así transcurrieron muchos años. Los últimos diez o doce años se vio atacada por un cáncer que atendió, como ya dije arriba, el Dr. Rochín; y finalmente, ya con graves problemas de salud, regresó a San Lorenzo, su pueblo natal; donde fue atendida hasta su muerte por uno de sus hijos que sigue viviendo ahí. Y según cuentan, durante algún tiempo más se le vio recorrer en las noches las calles de La Higuera y San Lorenzo, con su atuendo de novia.

Finalmente, a la edad de ochenta años, el 12 de mayo de 1982 falleció Guadalupe Leyva Flores “la novia de Culiacán”. Fue sepultada, por supuesto con su vestido de novia, y sus restos descansan en el panteón municipal de Higuera de Zaragoza.

Y bueno, prevalece la leyenda que hemos creado en torno a ella.

Crédito: Javier Lepró.

Mario Alvarado

Es escritor y cronista sinaloense. Es encargado del programa de narraciones de historias y leyendas del viejo y nuevo Culiacán el cuál tiene desarrollandose ya dos años en el Casino de la Cultura cada dos miércoles de 6:30 a 7:30 PM. Ha escrito varios libros, el último “Narraciones y Leyendas de Culiacán”, el cual reúne más de 30 de estas historias y vivencias de los culichis.

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