Opinión

Un diagnóstico representativo para combatir la exclusión educativa | El análisis de Sara Madrid

La Estrategia Nacional de Educación Inclusiva (ENEI) pretende atender uno de los principales problemas que coartan el derecho a aprender de muchas muchas niñas, niños y jóvenes: la exclusión. Su objetivo es convertir al Sistema Educativo Nacional en uno “inclusivo, flexible y pertinente que favorezca el acceso, avance, permanencia, aprendizaje, participación y conclusión de los […]

La Estrategia Nacional de Educación Inclusiva (ENEI) pretende atender uno de los principales problemas que coartan el derecho a aprender de muchas muchas niñas, niños y jóvenes: la exclusión. Su objetivo es convertir al Sistema Educativo Nacional en uno “inclusivo, flexible y pertinente que favorezca el acceso, avance, permanencia, aprendizaje, participación y conclusión de los estudios de niñas, niños, adolescentes y jóvenes de todo el país, en su amplia diversidad, en igualdad de condiciones y oportunidades.”

Para lograrlo, presenta seis ejes rectores de trabajo con los siguientes aspectos: armonización legislativa y normativa, desarrollo de modelos de atención con enfoque inclusivo, formación de agentes educativos, sistema integral de información, centros educativos para el aprendizaje y la participación y estrategias de comunicación y vinculación.

En ella, también se presenta un diagnóstico que servirá de ruta para su implementación, donde se establece que la exclusión tiene un carácter estructural que se ha repetido en el Sistema Educativo Nacional afectando especialmente a los grupos históricamente discriminados, es decir, niñas, niños y jóvenes indígenas, con discapacidad, en contexto de marginación, etc.

Sin embargo, dicho diagnóstico no representa por completo la situación actual de los aspectos que se plantean atender, ya que presenta ciertas deficiencias y datos desactualizados. Se presentan datos de PLANEA 2015, 2018 y 2019 para representar el aprendizaje en escuelas comunitarias e indígenas. Sin embargo, se incluyen también los datos de Michoacán, Guerrero, Chiapas, Oaxaca y Tlaxcala, que no son representativos.

Además, se incluye un apartado sobre grupos históricamente excluidos en el cual los datos están desactualizados al tratarse de información extraída del censo 2010, cuando se tienen datos más actuales en fuentes como la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición y la Encuesta Nacional sobre Discriminación. Por lo tanto, el panorama mostrado podría haber cambiado de manera considerable.

En el mismo apartado, se omiten datos sobre la participación de dichos grupos, mostrando únicamente datos de cobertura escolar y aprendizaje. Se encuentran también ausentes estadísticas sobre afromexicanxs y sobre jornalerxs agrícolas migrantes, solamente se incluyen datos de escolaridad media. Ambos grupos representan un porcentaje considerable de población de varias entidades del país y al mismo tiempo son de los que padecen mayor grado de discriminación.

Es crucial que se realice un diagnóstico que sea realmente representativo, con datos actualizados sobre cobertura, aprendizaje y participación de todos los grupos que viven la exclusión en el Sistema Educativo Nacional. De no ser así, la implementación de la ENEI y el cumplimiento de sus objetivos que representan y ven por el derecho a aprender de las niñas, niños y jóvenes será difícil de alcanzar.

 

 

SOBRE EL AUTOR

Sara Madrid es investigadora en Mexicanos Primero Sinaloa.

 

 

 

 

 

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