Culiacán

Historias de histeria | ‘Que amiguitos’

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En ‘Historias de histeria’ hacemos un […]

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En ‘Historias de histeria’ hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los ‘culichis’.

Empezamos la fiesta de año nuevo con la familia de Fernando, mi mejor amigo, mi familia se había ido a otro estado y yo me había quedado en Culiacán porque trabajaba al día siguiente. La noche cayó y con ella el frío, pero nos la pasamos tranquilos la primera parte de la velada: convivio sano, carne asada y algunas cervezas en lo que nos dábamos el abrazo.

Ya tengo como 3 años que comencé a pasármela con la familia de Fer en estas fechas. Cayeron las 12 y supimos que era tiempo de abrazarnos por la lluvia de balas que se escuchaba notan lejos de Villas del Real.

Las hermanas de Fernando metieron a los niños a la casa, abandonamos el convivio en la cochera para encerrarnos al menos una hora en lo que ese momento pasaba, porque los que disparan se toman su tiempo intentando derrumbar estrellas con sus balas.

Pasado ese lapso regresamos a la cochera y bailamos un par de canciones, hasta que se dieron las 2 y las hermanas de Fer dijeron que ya era hora de irse, ese fue nuestro llamado para también despedirnos y jalarlos al after que había organizado Brandon, otro amigo de notrotros, cerca de Montebello.

Nos fuimos casi de inmediato, subimos la hielera y un paketaxo y en menos de 20 minutos ya estábamos en la otra fiesta, ahora con gente más joven y música más moderna.

En menos de una hora casi todos nuestros amigos habían llegado a la cochera de Isabel, hermana de Brandon y anfitriona del after; como que todos estaban esperando a que se dieran las 3 para salirse de sus convivios familiares y caerle a esta fiesta.

Si por algo es conocido mi grupo de amigos es porque todos bailamos mucho y las canciones que Brandon estaba poniendo eran nuestras favoritas, reguetón nuevo y viejito.

No lo había mencionado pero el evento era algo exclusivo, solo amigos y algunos amigos de amigos con los que ya habíamos convivido anteriormente.

Después de un rato como a eso de las 4 llegó una camioneta desconocida, muy lujosa, quizás demasiado para los alcances míos y de mis amigos, de ella se bajaron dos tipos que no conocíamos con una pequeña hielera de corcho.

Se asomaron a la carpa del dj y lo saludaron, a todos nos puso muy incómodos, en eso Brandon fue a hablar con el dj y saludo a estas personas como si las conociera, creo que sí las conocía de alguna peda anterior.

Luego de eso, bajamos un poco la guardia y el ambiente regreso, después de todo la fiesta no se iba a parar por eso, aunque estos vatos nos miraban muy raro a los hombres que estábamos ahí.

Después dedujimos que les había llamado la atención Clarissa, una de mis primas que también es parte del grupo de amigos porque la veían mucho y se secretaban cosas sobre ella.

Los tipos estaban ahí y cada vez se acercaban más al grupo de amigos que bailaba al centro de la cochera, pero todos estábamos alerta, siempre es así cuando hay alguien desconocido que nos inspira desconfianza.

En una de esas cuando Clarissa iba al baño la siguió uno de ellos y le pidió su número, pero ella le dijo que no, que no le daba su número a quien sea.

A partir de ese momento ellos comenzaron a tener una actitud más agresiva e invasiva con nuestro festejo.

Se cruzaban bruscamente por la pista de baile, le sugerían al dj poner canciones que no iban para nada con nosotros como corridos o banda y este los obedecía.

En una de esas le dijimos a Brandon que le dijera al dj que dejara nuestra música, porque después de todo era nuestra fiesta y nosotros le habíamos pagado con nuestra cooperación.

Cuando Brando fue a pedirle ese favor, uno de los tipos se fue a la camioneta muy sospechosamente, luego regresó como si nada.

Estábamos bailando la Tusa otra vez cuando de repente el dj la cortó y puso un narcocorrido y al principio de la canción, el vato se desfaja y saca una pequeña pistola y empieza a disparar al cielo.

Nosotros nos quedamos en shock, era algo de muy mal gusto, nos vimos fijamente entre nosotros, no con miedo, más bien muy enojados. Entonces decidimos irnos, esperamos que el vato se quedara sin balas y literalmente corrrimos a los autos.

Al irnos Brandon quiso detenernos y yo le dije que lo dejara así, me respondió que eran sus amigos que estaba todo bien y yo solo le dije ‘pues que amiguitos’.

Los que no llevaban auto se fueron con los que tenían espacio, Isabella metió rápido unas sillas que estaban afuera, le desconectó todo al dj y cerro su casa a prisa. Al día siguiente nos dijo que no le pagó la otra parte de que le falta al dj porque hizo lo que quiso con nuestra fiesta.

Las fiestas de Brandon quedan canceladas.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

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