Opinión

Alfonso Cepeda, en la “cuerda floja”

La historia se repite. Al sostener que en el SNTE “no caben líderes morales y menos vitalicios”, Elba Esther Gordillo emplazó “al que anda por Europa”–en clara alusión al recién nombrado presidente, Enrique Peña Nieto– a que presente su propuesta educativa y “que sepa bien el gobierno, del color que sea, del sitio donde esté: los maestros no nos arrodillamos, a los maestros no nos vencerán, los maestros nos comprometemos con México”

Y engallada por el grito de “¡unidad! ¡unidad!” de los 3 mil asistentes al congreso nacional, aseguró que harán respetar su autonomía sindical “a pulso”. Era el 18 de octubre de 2012, en Ciudad del Carmen, Campeche. Tres meses después, el 25 de febrero del 2013, la maestra fue detenida y encarcelada.

Paradójicamente, a sólo 200 kilómetros de distancia, pero ocho años después, en la capital de Campeche, ante unos dos mil delegados, Alfonso Cepeda Salas, el actual dirigente nacional del SNTE, advierte que el sindicato es respetuoso de las instituciones y los poderes federales y locales; sin embargo, no aceptará intromisión en la vida de la organización, como intentan tres legisladores al promover un punto de acuerdo de la cámara de diputados sobre temas que competen sólo al SNTE y que “no vamos a permitir que ningún órgano externo al sindicato pretenda organizar nuestras elecciones, porque somos capaces –así lo hemos demostrado–, de hacer nuestros relevos, nuestros cambios de dirigentes, con transparencia, con respeto a la democracia, con respeto a la voluntad de los trabajadores” y recordó que el reglamento mediante el cual se elegirán las directivas seccionales fue analizado, discutido y aprobado en dos sesiones del Consejo Nacional del SNTE, con facultades estatutarias para ello.

Cepeda Salas parece haber caído en la misma trampa de la “fantasía del poder prestado” que llevó a la cárcel a Elba Esther Gordillo y hoy él está en el mismo riesgo, ya sea víctima de la provocación de la propia Elba Esther, o seducido por alguna expresión política interesada en la sucesión presidencial 2024. Lo cierto es que en ese juego lo que está en riesgo es la cabeza de Cepeda, pues el grupo sindical que él encabeza ahora, seguirá ahí para hacer las negociaciones políticas para la sucesión del 2024, con Cepeda o si él, sin embargo, enviarlo a confrontar a las instituciones del Estado es una estrategia rentable en el juego del poder –que parece no disgustarle– en momentos de mucho encono entre las cuatro corrientes que encabezan Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum, Yeidckol Polevnsky y Marcelo Ebrard.

Resulta curioso que se repitan los mismos discursos, en los mismos lugares, por los mismos actores –dirigente del SNTE–, con las mismas características –fuertemente desprestigiados y criticados por las bases–. Pretender enfrentar al Estado con el respaldo de un poder prestado –por el propio Estado— carece de sentido. Sin embargo, los gritos y los aplausos de los corifeos –contratados y bien pagados para ello–, parecen embotar los sentidos, aún de los dirigentes más hábiles y versados, como la propia Elba Esther, que olvidó las lecciones básicas de Max Weber sobre la teoría de la burocracia, error que la llevaría seis años a la cárcel. Y Cepeda está en el mismo camino.

Alfonso Cepeda argumenta que el reglamento de elección fue “analizado, discutido y aprobado en dos sesiones del Consejo Nacional del SNTE”. Sin embargo, ningún consejero nacional conoció la primera versión del reglamento que fue enviado al Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, por lo que es falso que se analizó y discutió por el consejo. Lo que la primera sesión del consejo aprobó fue darle un voto de confianza a una comisión nombrada por la dirigencia nacional para elaborar y enviar el reglamento. Hasta entonces el reglamento era un secreto. Sin embargo, no fue aprobado por el TFCA, porque no se adaptaba a las disposiciones de la nueva reforma laboral, y fue regresado para su modificación y con la indicación de darlo a conocer a las bases. Así fue que se generó la segunda versión, –que se si dio a conocer y que se presentó ante el TFCA–, pero sin atender las indicaciones de adecuarse a la reforma laboral, por lo que no se le dio la toma de nota necesaria para su validación legal.

Y más aún, el dirigente nacional del SNTE anunció –aún sin ser validado por el TFCA–, que este mismo mes aplicará el nuevo reglamento en la elección de dirigencias de las secciones 31 de Tlaxcala y 21 de Nuevo León, lo que implica un nuevo desafío a las instituciones del Estado, argumentando autonomía sindical y legalidad con base en los estatutos del SNTE, lo que implica un abierto desacato a la legislación vigente, pues la reforma laboral del primero de mayo del 2019 establece para todos los sindicatos, un plazo de 180 días—que venció el 31 de diciembre del 2019– para hacer su reforma estatutaria para adecuarse a la nueva ley laboral.

Y aunque el SNTE envió una propuesta de reglamento para elección de dirigentes seccionales dentro del plazo establecido, no cumplió con la disposición jurídica ya que no modificó sus estatutos, argumentando que no era necesario porque sus estatutos ya contemplaban el voto universal, por lo que, a estas alturas, estaría fuera de la ley y sujeto a sanción. Sin embargo, lejos de querer enmendar su ilegalidad, parado en una pila de ladrillos, lanza un abierto desafío a las instituciones del Estado y arremete contra la cámara de diputados, que aprobó la reforma laboral, por emitir un punto de acuerdo en el que se le conmina a modificar sus estatutos en los términos que establece la reforma laboral 2019, y se lanza contra el INE y contra contra la propia STYPS.

El incumplimiento de la reforma estatutaria y la emisión de un reglamento de elección que no recupera las indicaciones de la reforma laboral 2019, provocó una agria reacción de fuerzas nacionales que llevó a la instalación de una mesa de discusión con participación de las autoridades de la SEP, la STYPS y las fuerzas sindicales, la CNTE, Maestros por México y la dirigencia del SNTE, para revisar el proceso de elección, sin embargo, cuando ya parecía haber llegado a un acuerdo para la participación del INE en la organización del proceso –la STYPS firmó un convenio con el INE para la asesoría y organización de procesos de revocación de dirigencias sindicales–, Alfonso Cepeda se fue por la libre y lanzó el reto a las instituciones del Estado.

EL ANTECEDENTE

Días antes del engallamiento de Cepeda, Elba Esther enfocó sus baterías contra el secretario de educación, Esteban Moctezuma, hasta obligarlo a declarar que la maestra no tenía ningún impedimento legal para volver a ser dirigente del SNTE, a pesar de que Cepeda la había descartado con base en su nuevo reglamento de elección de dirigentes. Luego, se difundió el punto de acuerdo de la cámara de diputados en que se le exhorta al SNTE a modificar sus estatutos en los términos en que lo indica la reforma laboral del 2019, aprobada por esa misma cámara. Y finalmente, se dio a conocer el anunció del convenio de la STYPS con el INE para organizar los procesos de renovación de dirigencias seccionales, verificando el padrón de votantes, facilitando el material para recibir los votos, como las urnas electrónicas y enseñando al personal sindical cómo se realiza una elección vía voto libre y secreto.

Aunque Cepeda enfocó sus baterías contra Elba Esther Gordillo argumentando que “no aceptarán presiones de grupos, personas o familias que se enquistaron en la dirección del sindicato por más de dos décadas y que hoy simulan un discurso democrático para volver a controlar los órganos de dirección y que nunca más habrá un cacicazgo en el SNTE; menos aún bajo el gobierno democrático del presidente Andrés Manuel López Obrador”, Cepeda parece ignorar que tanto la reforma laboral como los acuerdos y avances logrados por las instituciones del Estado para la organización de los procesos de renovación de dirigencias sindicales, forman parte del proceso de democratización sindical que firmó México en el tratado de libre comercio con Estados Unidos y que respalda el propio presidente Andrés Manuel López Obrador. Y que el apoyo que dice tener de los maestros, para desafiar al Estado, no va más allá de unos miles de burócratas sindicales que están en su nómina desde hace décadas, despegados de las bases magisteriales, que le dicen sólo lo que quiere oír y que, con sus loas y aplausos, no le permiten escuchar los verdaderos reclamos del magisterio y el hartazgo de sus dirigencias sindicales.

LAS RAZONES DE CEPEDA

¿Cayó Cepeda, ingenuamente, en la provocación de Elba Esther, que lo llevó a confrontarse con las instituciones del Estado y a poner su cabeza bajo la guillotina –y que a ella le costó seis años de su libertad—, o cree en verdad que unos miles de burócratas sindicales en su nómina –en las estructuras de la dirección nacional y en los comités seccionales— lo van a salvar de la cárcel cuando la FGR le abra proceso por los diversos delitos inherentes a su gestión como dirigente y de los que ningún dirigente sindical está excento? Si nadie se animó a defender a Elba Esther –que tenía un liderazgo mucho más fuerte– ¿qué le hará pensar que a él sí lo defendería la burocracia sindical frente al gobierno?

Resulta una fantasía pensar en que la “autonomía de la burocracia sindical” puede estar por encima de la ley y de las propias instituciones del Estado. Incluso, por encima de la “autonomía de las bases magisteriales” respaldadas por la ley y la voluntad del Estado, o de que el poder de la burocracia sindical, emanado –en el pasado–, de las bases magisteriales, de las que hoy se ha desligado, puede ser suficiente para enfrentar al gobierno, pues muy pocos miembros de esa élite burocrática tendrían expedientes suficientemente “limpios” como para alzar la voz contra el Estado. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

¿Qué dirigente seccional, miembro del Comité Ejecutivo Nacional, Consejero Nacional o miembro de cualquier otro órgano de gobierno sindical, tiene un expediente totalmente limpio, no ha cometido ningún delito de ningún tipo o llegó a donde hoy está por procesos verdaderamente democráticos? ¿Quién se atreve a desafiar al Estado sin el temor de que una investigación de su desempeño, o de su vida personal, lo pueda llevar a la cárcel? ¿Quién metería las manos a la lumbre por Cepeda? ¿Quién de la élite sindical arriesgaría el cuero –conscientes de su propio historial—por defender a su dirigente?

¿MORENISTAS AL QUITE?

Si Cepeda no fue ingenuo al caer en la provocación de Elba Esther, pero tampoco le apuesta a un falso respaldo del magisterio nacional –sabe que no lo tiene–, entonces su apuesta podría ser a una expresión política morenista, cercana al presidente López Obrador, que le ofreció protección a cambio de su capital político para fortalecer su proyecto presidencial hacia el 2024. 

Sin embargo, si con la idea de sacudirse la imagen priísta y fusionarse al proyecto de la 4T, como le prometió al presidente López Obrador, Cepeda pactó con alguno de los grupos morenistas en pugna desde ahora por la presidencia del 2024 y les vendió la estructura del SNTE a cambio de que le dieran protección con el presidente –lo cual traslada el tema sindical a un plano meramente político– su situación personal no mejora sustancialmente, pues a quien lo haya comprado le interesa su capital político, no su dirigencia y no les costaría nada entregar su cabeza como ejemplo democratizador, aunque mantenga el acuerdo con las fuerzas que representa.

Además ¿a quién de los grupos morenistas en pugna anticipada por la presidencia de la república en el 2024, con un discurso democrático y en busca del mayor contacto con las bases sociales que proveen los votos, le interesa tener en sus filas a la representación del viejo sistema corporativista, antidemocrático y corrupto? Para los morenistas, Cepeda es totalmente sacrificable y razones para su sacrificio sobran. Ya las había desde antes pero se han magnificado ahora que decidió desafiar a las instituciones, empezando por su desacato a la reforma laboral.

Queda claro que el discurso de la representación de las bases magisteriales de la dirigencia nacional ya no es más que un discurso político para entrar al juego presidencial y que lo que en realidad se pretende vender es la imagen de eficacia de una parte de la burocracia sindical para influir en los maestros con miras a la elección presidencial.

ESTILOS DE PODER

No obstante, aunque políticamente la estrategia podría ser válida ¿desde cuándo cualquiera puede desafiar al Estado, ufanarse de ello y permanecer al margen de la ley, sin consecuencias? El que haya estilos de gobierno diferentes no implica que el Estado no vaya a ejercer su autoridad y su poder contra quienes los desafían desde la ilegalidad, solo que buscará un mejor método y el momento más adecuado. Y en ese momento ¿meterán las manos a la lumbre los morenistas por Alfonso Cepeda?

El presidente López Obrador sabe que Alfonso Cepeda es el representante legal de la mayoría de los maestros, pero sabe también que no representa el sentir y el pensar de éstos y que fue electo por un método cimentado en el corporativismo. Que las actuales dirigencias sindicales –seccionales y nacionales— ya no representan a las bases magisteriales. Si bien, fueron electas con base en los procedimientos estatutarios adecuados a la legislación laboral vigente en ese momento, la nueva reforma laboral (2019) obliga a todos los sindicatos a reformar sus estatutos para asegurar la democratización en los procesos de elección de sus dirigentes sindicales, por lo que pretender el cambio de dirigencias con base en un reglamento emanado de un estatuto que no se modificó en los términos del artículo 23 transitorio de la reforma laboral del primero de mayo del 2019, equivale a estar fuera de le ley y un abierto desafío a su voluntad y a su compromiso internacional de democratización sindical.

EL AUTOENGAÑO

Sabe también el presidente que Alfonso Cepeda no representa los intereses de la mayoría de los trabajadores de la educación como dice. Que sólo representa los intereses de una élite burocrática que ha estado en la nómina del SNTE por décadas, disfrutando de los privilegios del poder y los beneficios económicos y políticos derivados de componendas electorales con los partidos y gobiernos federal y estatales, equivalente a menos del 2% del total de los trabajadores, es decir, menos de 50 mil de los 2 millones 800 mil trabajadores de la educación del país.

Sabe también, el presidente, que la burocracia del SNTE se distanció de las bases magisteriales desde hace mucho tiempo y sacrificó conquistas y derechos laborales a cambio de privilegios particulares y beneficios políticos, como se demostró en la elección presidencial del 2018, cuando la burocracia sindical apoyó a José Antonio Meade en contra de la voluntad de las bases, que lo apoyaron a él, por lo que hablar en nombre de los maestros, cuando en realidad se habla en nombre de una casta burocrática enquistada en las dirigencias sindicales, es un engaño, es demagogia. Pero creérselo es perder la noción de realidad, es “perder el piso”, como le pasó a Elba Esther y podría estar a punto de pasarle a Alfonso Cepeda Salas.

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