Culiacán

Cae el Stasac en sus propias trampas y vive jornada de violencia y elección fallida

Lo de este viernes en el Stasac fue un espectáculo que palidece ante el nulo debate de ideas y el aluvión de irregularidades.

El Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento de Culiacán (Stasac) cayó en sus propias trampas, en el juego de elección para renovar al secretario general.

No hubo elección. Hubo violencia, trifulca. La elección reventó y el proceso quedó en suspenso…

No hubo elección sino trampa tras trampa.

Lo de este viernes en el Stasac fue un espectáculo que palidece ante el nulo debate de ideas y el aluvión de irregularidades.

Acostumbrado a elecciones sucias, salpicadas por brotes de violencia, el sindicato presentó su cíclica jornada de ignominia.

FOTO: Rolando Carvajal/Revista ESPEJO.

“Parecen animales. Eso parecen y no gente pensante”, dijo Martha desde la orilla de Ciudades Hermanas, desde donde observaba un nuevo conato de bronca a la entrada de salón de eventos donde estaban colocadas las casillas.

La frase daba paso a una explanada donde brincaban los insultos, los empujones y hasta los puñetazos. Así es el Stasac. Tan generoso a veces; tan sórdido y rapaz casi siempre.

PRIMERAS TRAMPAS

En la elección de secretario general se registraron 18 planillas, 18 aspirantes. Sin embargo, dos son las que se disputan el poder, un poder que mueve millones de pesos al año, que ofrece beneficios jugosos.

FOTO: Rolando Carvajal/Revista ESPEJO.

Las dos planillas contendientes son: la Roja, encabezada por David Alarid, el actual secretario general del Stasac que busca reelegirse por tercera vez para alargar a 12 años su liderazgo; la otra es la Amarilla, de Julio Duarte, un disidente del grupo que llevó a Alarid al poder y ahora promueve un cambio.

Planilla Verde, Naranja, Azul, Blanca, Tinta, Rosa, Mostaza, Lila, Negra, Beige, Púrpura, Violeta, Amarilla, Dorada, Morada y Café…

“Planillas satélites”, les llamaban los propios sindicalizados, en busca de tener más integrantes en la “Comisión electoral” y con ello sacar ventajas.  

Desde las 8:30 horas, las huestes de la planilla Amarilla se plantaron afuera del salón. Al ver que las boletas impresas traían juntas las planillas Amarilla y la Dorada denunciaron la irregularidad: que eso confunde a los votantes; además el candidato de la Dorada también se llama Julio…

Rompieron boletas.

Julio Duarte FOTO: Rolando Carvajal/Revista ESPEJO.

Después se fueron a bloquear la entrada. Nadie votaría. Y allí se quedaron tres, cuatro, cinco horas.

Llegaron policías municipales a dialogar y pedirles que dejaran votar. Les dijeron que mostraran orden de desalojo. Los agentes se retiraron y quedaron a las afueras del sindicato. Y de ahí solamente permanecieron observando. Ni cuando hubo golpes intervinieron.

“¡Piso parejo, piso parejo, piso parejo!”

DOS CONTENDIENTES

Julio Duarte acusó triquiñuelas por parte de David Alarid. David Alarid le devolvió la acusación. Lo cierto es que ambos promovieron el registro de otras planillas para sacar ventaja…

Cerca de las 11 de la mañana Duarte dijo que no había condiciones para elección. Su exigencia: nueva fecha para la elección, que en la boleta aparezcan solamente él y Alarid (con foto).

Decenas de ancianos jubilados llegaban y se resguardaban bajo una carpa a la espera de votar. Pero no habrían de hacerlo.

David Alarid indicó que no se valía el que hubieran impedido la elección. Pedía la intervención del gobernador Quirino Ordaz Coppel.

FOTO: Rolando Carvajal/Revista ESPEJO.

Después de las 12 del mediodía la violencia se desató. Integrantes de la planilla Roja hicieron frente a los de la Amarilla. Empujones, puñetazos, insultos, retos, jaloneo. Los rojos les quitaron cuatro vallas.

“¡Queremos votar, queremos votar…!”

Y de nuevo otro brote violento. Y otro. Así, entre dimes y diretes, en el predominio del desparpajo y el atropello a la civilidad.

“Las mismas chingaderas de siempre. Como si uno no los conociera: tienen gasolineras, casas, carros de lujo, ranchos con albercas… Y uno con un sueldo de hambre”, dijo doña Estela, con 20 años de trabajadora sindicalizada.

FOTO: Rolando Carvajal/Revista ESPEJO.

Por allá a las 2 de la tarde, Jorge Julián Chávez Murillo, el notario público contratado para dar legalidad al proceso, salió del salón. Frente a él, una turba amarilla y roja, volvía a los golpes, al jaloneo, al insulto…

Las casillas quedaron desmanteladas.

“Parecen animales…”, había dicho doña Martha.

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