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Efecto ESPEJO | En Mazatlán se agotó la paciencia: todos contra “El Químico”

La lección que viene de Mazatlán deberían entenderla los gobernantes en los ámbitos estatal y municipal.

Al verse orillado a acudir a la fuerza municipal antimotines para contener a organizaciones sociales de Mazatlán que se movilizaron ayer para exigir respuestas a sus demandas, y pedirle que renuncie al cargo, el alcalde de Mazatlán, Luis Guillermo Benítez Torres, siente encima el peso de la bola de nieve que él mismo contribuyó a fortalecer y dejó crecer hasta que le ocasiona la crisis de gobernabilidad en ciernes.

El autoritarismo de los políticos siempre ha sido castigado por la población de Mazatlán. A veces ha quitado a los presidentes municipales del cargo, vía destitución, y otras ha ensayado la alternancia a través del voto a tal grado que ya ha calado a los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional, del Trabajo y Movimiento Regeneración Nacional en la búsqueda permanente de buenos gobiernos.

Hoy es “El Químico” Benítez quien tendrá que responder frente a los mazatlecos, la sociedad más participativa de Sinaloa, sobre hechos de intolerancia como contención de la crítica, nepotismo de sus colaboradores, despilfarro de recursos públicos en viajes y camionetas de lujos y un estilo de mando que divide en momentos en que al municipio sureño les resulta imprescindible la cohesión ciudadana para resolver problemas como la seguridad pública, infraestructura turística moderna, certidumbre a la inversión privada y sensibilidad en lo que corresponde a requerimientos de la gente pacífica y productiva.

Al avanzar el segundo año de los tres que gobernará Benítez Torres, a Mazatlán no ha llegado la Cuarta Transformación. Los principales postulados del presidente Andrés Manuel López Obrador de “no robar, no mentir, no traicionar al pueblo” han sido implementados al revés y por mayor oropel de simulación que tenga como envoltura la gestión de “El Químico” la sociedad procede a desenmascararlo y someterlo al juicio social.

La lección que viene de Mazatlán deberían entenderla los gobernantes en los ámbitos estatal y municipal, poniendo sus barbas a remojar cuando ven que se las van a cortar a un alcalde contra quien al menos diez organizaciones populares y cívicas se movilizaron ayer con el ya “¡ya basta!” que detona tras un año y cuatro meses de darle el voto de confianza, no para que lo despilfarrara en frivolidades sino para que cambiara para bien el presente y destino de la llamada Perla del Pacífico. La paciencia se agotó y Benítez Torres lo sabe y lo siente.

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