Derechos Humanos

Las Colectivas | La normalización de las conductas machistas en escuelas de Sinaloa

Conscientes de que las sociedades contemporáneas de Sinaloa, México y el mundo viven una revolución política sin precedentes en la cual las mujeres y su exigencia de respeto a sus derechos humanos son las protagonistas, en ESPEJO decidimos abrir un espacio a colectivos feministas de Culiacán para que, con sus propias palabras, pusieran a nuestra audiencia de frente a sus luchas por alcanzar una sociedad equitativa y, sobre todo, segura para el género femenino. Así, durante esta semana estaremos publicando colaboraciones de distintos colectivos de Culiacán como una manera de acompañarles y darles voz previo al Día Internacional de la Mujer y el Paro Nacional de Mujeres convocado para el 9 de marzo.

Dalia Morales*

En las escuelas de todos los niveles, desde primaria hasta la universidad, se han denunciado casos de abuso, violación, acoso y hostigamiento sexual, lo cual denota una grave carencia de sensibilidad y sobre todo del compromiso por parte de los docentes y directivos de las entidades educativas. Todo esto a pesar de la intervención del Sistema Nacional de Protección Integral a niños, niñas y adolescentes en las capacitaciones proporcionadas a estas instituciones se han presentado resistencias que vulneran la estancia segura de los y las estudiantes.

Ante el caso omiso de las instancias de seguridad pública, en la colectiva ‘No se metan con nuestras hijas’ hemos visibilizado la violencia sexual ejercida contra las niñas, adolescentes y mujeres, hemos proporcionado asesoría,  acompañamiento a las víctimas y acceso a la justicia.

Existen muchos casos donde las alumnas abusadas, con dificultad, se atrevieron a romper el silencio, se acercaron a alguien en quien creyeron podían confiar para ser ayudadas y les dieron la espalda, las señalaron y juzgaron. Esta revictimización ya no puede seguir ocurriendo, las mujeres deben ser escuchadas, es necesario creerles porque para contar su historia tuvieron que enfrentar muchos conflictos, y tal parece que para la sociedad patriarcal esto no es suficiente y les cuestionan, las critican, las ofenden y las hacen parecer culpables de haber sido violadas con comentarios lascivos, poniendo en riesgo su integridad física y psicológica.

Las niñas tienen derecho a una vida libre de violencias, en el hogar, en los espacios públicos y en la propia escuela, ya que ahí es donde pasan gran parte del tiempo. Las personas adultas tienen la obligación de hacerles valer sus derechos, las instituciones y todos los aparatos de gobierno. México ocupa el primer lugar, a nivel mundial en abuso sexual, violencia física y homicidios de menores de 14 años, según los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), estas cifras son alarmantes y nos preocupa que a los diferentes aparatos de Gobierno y a las autoridades educativas no les esté importando. En 2011 se hizo una reforma constitucional a los Derechos Humanos para ampliar e imponer al Estado el reconocimiento de la obligación que tienen de promover, respetar, prevenir y sancionar las violaciones a los derechos humanos, por lo tanto, exigimos como colectiva que se actúe en consecuencia.

Existe una confusión en la sociedad al hablar del término abuso, se cree que está relacionada con prácticas que no necesitan de una sanción porque no son graves.

El abuso corresponde a cualquier tipo de acción que perturbe la tranquilidad de las mujeres, que las incomode, haga sentir miedo, vulnerabilidad y/o ponga en peligro. Según el Código Penal Federal se tipifica como hostigamiento a las conductas realizadas con fines lascivos que asedien en repetidas ocasiones a una mujer derivada de sus relaciones con la misma, en donde exista una subordinación, es decir, una desventaja de poder. Por consiguiente, se le considera abuso sexual a quien obligue a sostener actos sexuales, como tocamientos obscenos o explícitos, para sí mismo o en otra persona, así como también el obligarla a mostrar su cuerpo u obligarle a observar a otro. Así pues, se le considera violación al acto cometido en el que violentamente haya una penetración, pudiendo ser con el miembro o algún objeto, e introducido por algún orificio, vagina, ano o boca.

Se define como toda conducta intencional y frecuente y en desigualdad de poder que puede ser física, social o económica ejercida hacia una persona que es considerada como inferior, esto puede ser ejercido entre alumnas y alumnos y por maestras o maestros. En este concepto cabe mencionar también que el abuso sexual y/o violación tiene su propio significado y corresponde a la interacción del adulto que ejerce poder sobre una alumna o alumno para su propia estimulación sexual, hacia el menor de edad o hacia un testigo pudiendo existir o no el contacto físico. Resulta inaudito e inadmisible que estas perpetraciones, aun después de las legislaciones realizadas a lo largo de las últimas dos décadas, sigan ocurriendo en las aulas del estado de Sinaloa y de todo México, y que los niveles de impunidad sigan elevándose cual espuma.

Los casos de abuso a menores de edad en escuelas primarias, secundarias y preparatorias, así como en las mujeres universitarias han puesto a la sociedad culiacanense a cuestionarse sobre lo que ocurre en estas escuelas, específicamente a las madres y padres, y han buscado acercarse a estas y las instituciones públicas a interponer denuncias las cuales desafortunadamente no han sido atendidas con eficiencia.

Hemos sido testigos de los actos de valentía de las alumnas de las universidades en lo que va de las semanas pasadas, donde como ejercicio de emancipación y de justicia, valientemente pusieron tendederos del acoso para exponer sus propios casos. Esto pone en evidencia la normalización que existe a las conductas machistas de los profesores que van desde “sutiles” comentarios, y muy innecesarios, sobre la vestimenta y arreglo personal de las jóvenes, hasta propuestas directas para sostener relaciones sexuales.

A pesar de que la manifestación de su enojo es legítima, han sido víctimas del juicio social, demostrándonos nuevamente que en materia de género todavía nos queda mucho camino por recorrer, y es en las entidades educativas donde hace falta generar espacios de diálogo, de información, de reflexión. Es en las universidades donde ya se deberían estar reformando los planes de estudio para integrar la materia de género en las facultades, pues es un mandato que desciende desde la Organización de las Naciones Unidas para eliminar todos los tipos de discriminación y violencias hacia las mujeres. Es aquí también donde los perfiles de quienes están al frente, impartiendo clase, en las áreas administrativas y en todos los demás sectores deben tener suma importancia.

Como colectiva reprobamos el acoso sexual, el hostigamiento, y la violación, ya basta de tanta violencia.

Las mujeres tenemos derecho a vivir libremente, deberíamos estar pensando y ocupándonos de nuestras metas, nuestras ganas de seguir creciendo, no de consumirnos preocupándonos por esquivar a los maestros que están esperando el momento de incomodarlas. Por todo esto les decimos a las niñas, adolescentes y jóvenes que no están solas, nosotras estamos con ustedes, estamos para apoyarlas y para acompañarlas, sabemos que dicen la verdad, y juntas seguiremos luchando hasta que estas conductas se terminen, pedimos que se realicen las diligencias correspondientes al interior de las escuelas para solucionar todos los casos de abuso, conminamos a exigir sus derechos y por ende a interponer una denuncia.

*Dalia Morales, licenciada en educación e integrante del colectivo feminista ‘No se metan con nuestras hijas’.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

Reporte Espejo